Gabriela Montenegro Bethancourt
Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología
Cada año, desde esta gestión en la Senacyt celebramos el Mes de la Niña y la Mujer en la Ciencia, en el marco del 11 de febrero. Más que una conmemoración, esta fecha es una invitación para reflexionar sobre cómo contribuimos a que más niñas y mujeres se reconozcan como parte del mundo científico. Cuando se habla de mujeres en la ciencia, con frecuencia se piensa en la academia o en el laboratorio. Sin embargo, también se hace ciencia desde la gestión pública, a través de las políticas públicas, los programas, la cooperación y las decisiones que permiten que el conocimiento y sus beneficios lleguen a más personas, contribuyendo al desarrollo del país.Estos dos años de trabajo han estado marcados por aprendizajes, retos y satisfacciones, y han confirmado que los avances se construyen en equipo, sobre la base de la confianza y articulación entre instituciones y aliados estratégicos. En este camino, he sido testigo del liderazgo de mujeres que impulsan procesos, negocian cooperación, diseñan proyectos y sostienen complejos espacios de toma de decisiones. Sin embargo, ese liderazgo no siempre es visible, y la visibilidad importa porque genera referentes: permite que una niña se imagine a sí misma en esos roles y que otras mujeres recuperen confianza al verse reflejadas en experiencias similares.
Es un privilegio caminar junto a mujeres convencidas del poder de la ciencia.
Desde la Senacyt hemos procurado traducir esta visión en acciones concretas para reducir brechas y abrir oportunidades, especialmente para niñas y jóvenes en los territorios. Iniciativas como la campaña Voces de Mujeres, desarrollada junto a la OEI, han permitido reflexionar sobre el significado de ser mujer y hacer ciencia en Guatemala; además de talleres de alfabetización digital, Clubes de Ciencias y la promoción del Fondo de Ciencia y Tecnología. Uno de los mayores aprendizajes ha sido comprender que la ciencia necesita institucionalidad: estructura, presupuesto, coordinación y continuidad. Es un privilegio caminar junto a mujeres comprometidas, convencidas del poder de la ciencia para transformar realidades. Desde la Senacyt reafirmamos nuestro compromiso de impulsar mayor participación de niñas y mujeres en la ciencia para transformar sus vidas y el futuro de Guatemala.











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