Real Madrid dio un paso adelante para terminar otra temporada en blanco con una dolorosa derrota ayer frente al Bayern (1-2), que desnudó al equipo de Arbeloa, sin mucho futbol y con un exceso de épica que no bastó para contrarrestar una actuación estelar de Neuer que coronaron con sus tantos Luis Díaz y Kane.
Bayern, con vocación de ogro, moldeado por Vincent Kompany en una máquina de hacer goles: 300 en 99 partidos. Una barbaridad que exigía rigor, oficio y temple. Justo lo que ayer le faltó al equipo local.
El Madrid fue ayer un equipo sin director de orquesta. No hay pausa ni brújula, solo vértigo. Y así es difícil gobernar partidos grandes.
Pero el futbol no perdona eternamente. Cuando el descanso ya se intuía como refugio, un pase de Gnabry dejó solo a Díaz ante Lunin. Esta vez no hubo redención. Gol del Bayern y comienzo de lo anunciado: la pesadilla tomaba forma.
Tras el paso por vestuarios, Arbeloa no tocó nada. Y el partido tampoco cambió. Al primer suspiro, Kane, con ese instinto de delantero total, encontró un hueco fuera del área y lo convirtió en sentencia provisional. Un disparo seco, ajustado, de los que no admiten réplica. El balón besó la red y el Bernabéu entendió que esta vez la tormenta no estaba fuera. Estaba dentro.
El portero alemán era un gigante que paraba todo. O casi todo, porque a falta de 20 minutos, por fin, Mbappé consiguió atravesar su muralla. Eso sí, con incertidumbre, porque Neuer, en un remate a bocajarro, aún se atrevió a despejar la pelota contra el larguero. Luego la pelota se fue dentro y acabó con sus resistencias.
Un buen dibujo en la primera parte, la efectividad de Kane y de Díaz y, sobre todo, una noche espectacular de Neuer, desataron la tormenta en el Bernabéu. Pero dentro, bajo techo, no fuera, como la que antes presagió la caída de los hombres de Arbeloa, al borde del abismo en la Liga de Campeones.











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