Marco Antonio Sagastume Gemmell
Presidente del Comité de Derechos Humanos de la Federación Interamericana de Abogados (FIA).
Como hijo de militar, sé que existen códigos de solidaridad en su institución. Al haberse prestado Carlos Castillo Armas a derrocar a un presidente constitucional -especialmente a su compañero de estudios militares Jacobo Árbenz Guzmán- se le califica de traidor.
En el libro referido del abogado Nájera Farfán, dice: “El 26 de julio de 1957, recibí la llamada donde me necesitaban en la Casa Presidencial, la voz era nerviosa y apremiante. Esa noche terminaba el gobierno del presidente Castillo Armas. Minutos antes había sido asesinado. Vi su cadáver envuelto en una sábana blanca”. El magnicidio ocurrió aproximadamente a las 21 horas y los documentos oficiales hablan de dos disparos seguidos, lo que contradijo lo dicho por doña Odilia Palomo de Castillo y el dato lo saqué de El Imparcial del día siguiente: “¿Es cierto que se oyeron dos disparos y después otros? Yo solo escuché uno. Luego noté que el presidente caía. Llamé. Luego al poco rato, oí otra detonación”. Esto significa que le dieron el tiro de gracia, si es cierto.
Continúa Nájera Farfán: “Transcurridos tres meses, el 23 de octubre. Le habla el coronel Oliva, Enrique: ¿Quiere venir al Ministerio de la Defensa? Hágame el favor de llamar al licenciado Skinner Klée. Los jefes y oficiales habían dispuesto poner término al gobierno provisorio presidido por el licenciado Luis ArturoGonzález López. No se consumó lo resuelto en ese primer intento. Pero volvieronse a reunir por la noche y decidieron posesionarse del poder mediante la integración de una Junta Militar. ¡Ah, nuestro Ejército!”. Y allí encontré un hilo, al buscar a quién benefició el magnicidio.
Existen libros que indican la participación de Somoza y Trujillo en el derrocamiento de Árbenz, pero no que hayan intervenido en el asesinato de Castillo Armas.
Varias personas me dijeron que doña Odilia Palomo se encontraba en el Club Guatemala en el momento del magnicidio y que fue llevada a Casa Presidencial. Otras me dijeron que hasta las ropas de ella se mancharon de sangre.
Investigué la participación de Somoza y Trujillo. Ya existen varios libros donde indican la participación de estos presidentes en la invasión y derrocamiento de Árbenz. Somoza prestó su aeropuerto para los aviones y pilotos que EE. UU. facilitó para atacar al ejército de Guatemala y Trujillo facilitó apoyo económico. Castillo Armas le negó las máximas condecoraciones a Trujillo, pero la participación de dos sicarios de Trujillo en el magnicidio y que los entraran a la Casa Presidencial no la creo. Hasta el Congreso emitió un decreto alusivo.
La Constitución Política de 1956 nombraba dos designados a la Presidencia, el primero fue el abogado Luis Arturo González López, quien tomó posesión de la Presidencia el 27 de julio a las 3:33 horas. El segundo designado era el coronel Guillermo Flores Avendaño. Aún estaba presente el cadáver del mandatario asesinado.
El personaje más siniestro que encontré en este magnicidio es el coronel Enrique Trinidad Oliva, quien se decía uno de los mejores amigos del expresidente, además, el director general de seguridad del Gobierno, quien tenía acceso a todas las instalaciones. Entrevisté a una persona que estaba detenida en el Segundo Cuerpo de la Policía junto a este coronel y me contó que cada día lo llamaban para salir y decía: “Si salgo me matan”.
En el próximo artículo les relataré, quiénes se beneficiaron. Me interesa la verdad para las nuevas generaciones, no la ideología.











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