¿Qué sigue después de la tragedia?

“Muchos compartieron oraciones, otros su solidaridad, análisis y propuestas. Había un espíritu de ‘no nos quedemos inmóviles, hagamos algo, actuemos’”.

Nuestras cabezas están llenas de imágenes que difícilmente olvidaremos: guatemaltecos huyendo de una densa nube mortal, luego la desolación en el paisaje antes repleto de vida; la incredulidad y dolor en los rostros. Los heroicos esfuerzos de los rescatistas llenos de lodo y arena.

Hay una foto impresionante en la que se puede ver al volcán de Fuego de fondo, todavía humeante, y en primer plano una comunidad que llora, mientras lleva en hombros a sus muertos al cementerio.

Solo un corazón muy duro podría quedarse indiferente. Por suerte, la mayoría siente como propio el sufrimiento de otros sin importar la distancia. Una de nuestras virtudes humanas es la empatía que nos conduce a la solidaridad. Hoy las redes sociales, con sus fotos, videos y transmisiones en vivo, nos hacen sentir cerca de cualquier lugar y circunstancia.

Por unos días, los internautas dejaron de lado sus selfies y sus memes y quisieron ayudar. Muchos compartieron oraciones, otros su solidaridad, análisis y propuestas. Había un espíritu de “no nos quedemos inmóviles, hagamos algo, actuemos”. La ayuda, tanto local como internacional, ha sido impresionante.

Lo que ocurrió luego de la actividad volcánica ha quedado en nuestra conciencia colectiva, como muchas otras desgracias que nos ha tocado vivir en este país. Estas no solo han estado relacionadas con la naturaleza, también con el actuar humano.

¿Qué hacen los artistas frente a esta situación? Ellos están inmersos en una comunidad, no están aislados. Debido a su sensibilidad especial se nutren de más humanidad, de más amor y van engendrando obras que no nos dejarán olvidar este momento ni lo que sentimos.

No fueron pocos los que ofrecieron su arte para recaudar lo que se necesitaba, pero la ayuda iba más allá. La convocatoria nos hizo reunirnos para empezar a sanar, para intercambiar impresiones, para dejar salir eso que teníamos atorado adentro. Nos sentimos comunidad, parte de un todo.

Sí, es tiempo de llorar y de lamentarnos, de enterrar a los muertos y honrar a los desaparecidos. Se vale verse unos a otros a los ojos y abrazarse, derrumbarse y aceptar todo ese cariño y amor que nos ofrecen.

Pero debemos levantarnos y aprovechar ese impulso para reconstruir. Hay que soñar con un país en el que las tragedias nos golpeen menos, pues todos tendrán un lugar digno dónde vivir.

Jessica Masaya