Alejandro Balsells Conde
En abril y noviembre de 1862, Ferdinand Lassalle dictó dos conferencias, y sobre ellas se editó uno de los libros clásicos del constitucionalismo moderno llamado¿Qué es una
Constitución?
La agudeza de Lassalle, la claridad de sus conceptos, la sinceridad de sus ideas nos llega hasta el 2026 con actualidad. “…en esencia, la Constitución de un país: la suma de factores reales de poder que rigen en ese país”. Y como la sociedad es cambiante y de los procesos democráticos emergen nuevos grupos de poder, añade: “Allí donde la Constitución escrita no corresponda a la real, estalla inevitablemente el conflicto que no hay manera de eludir y en el que a la larga, tarde o temprano, la Constitución escrita, la hoja de papel, tiene necesariamente que sucumbir ante el empuje de la Constitución real, de las verdaderas fuerzas vigentes en el país”.
Negar la democracia con el pretexto de defender el republicanismo es la viva contradicción.
Por eso: “Los problemas constitucionales no son, primariamente, problema de derecho, sino de poder… las constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social”.
Este gobierno ha sido parte de graves crisis constitucionales, y el último guardián de los tradicionales factores de poder constituyó o constituye (el tiempo lo dirá) la Corte de Constitucionalidad: permitir el ultraje de la Fiscalía y jueces a la autoridad electoral, cancelar al partido político ganador, perseguir columnistas, periodistas y operadores de justicia, colocar condotieros de fiscales y autoridades del MP, solo es muestra de la negación a la voluntad popular, la cual exige empoderamiento de mujeres, pueblos indígenas y población marginada por un sistema caduco, neocolonial y, sobre todo, antirrepublicano.
Negar la democracia con el pretexto de defender el republicanismo es la viva contradicción de algunos, cuyo único atributo es cierta cuota de poder languideciendo, porque nadie puede parar la historia y serán sus nombres escritos y recordados como Calígulas o Nerones.











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