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OPINIÓN

Principios de gobernanza (III)

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El primer principio es el de apertura que impone a las instituciones
públicas el trabajar de forma más abierta desarrollando una comunicación más activa, utilizando un lenguaje más accesible y adoptando las medidas que en general conduzcan a una mayor confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas.

El segundo principio es el de participación, pues se entiende que la calidad, la pertinencia y la eficacia de las políticas exigen una amplia participación ciudadana, tanto en la fase de formulación como de implementación. De la participación se espera también un reforzamiento de la confianza ciudadana en las instituciones públicas.

El tercer principio es el de responsabilidad, que exige la clarificación del papel de cada una de las instituciones que intervienen en la toma de decisiones, así como de los Estados y de los demás agentes gubernamentales que participen en el desarrollo y aplicación de las políticas públicas.

De la participación se espera también un reforzamiento de la confianza ciudadana en las instituciones públicas.

El cuarto principio es el de eficacia, que exige que las medidas adoptadas produzcan los resultados buscados sobre la base de unos objetivos claros, de una evaluación de su futuro impacto y, en su caso, de la experiencia acumulada. La eficacia requiere también que la elaboración de las políticas proporcionadas y que las decisiones se tomen al nivel más apropiado.

El quinto principio es el de coherencia, que exige que las distintas políticas y acciones sean coherentes y fácilmente comprensibles. La necesidad de coherencia es cada vez mayor pues las tareas son cada vez más complejas y diversas y rebasan las fronteras de las políticas tradicionales.

La coherencia requiere liderazgo político y compromiso firme por parte de las instituciones con el fin de garantizar un enfoque coherente dentro de un sistema complejo. La complejidad se incrementa con la participación obligada y creciente de las administraciones públicas y de los intereses organizados. Sin estos principios, es probable que las instituciones no sean capaces de prestar servicios públicos y de satisfacer las necesidades de la población.

La gobernanza ha sido crecientemente caracterizada como un sistema de gobierno multinivel en el que la autoridad se dispersa en los diferentes niveles gubernamentales y adopta formas diferentes en función de cada institución.

Colaborador DCA
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OPINIÓN

Definición de políticas públicas (I)

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Israel Gómez Córdova
Biblioteca INAP
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Una política pública es una acción desarrollada por un gobierno, con el objetivo de satisfacer una necesidad de la sociedad. A través de una política pública, las autoridades a cargo de la administración del Estado emplean los recursos disponibles para solucionar un problema o para responder a una demanda de la población.

Cuando la noción se emplea en plural (políticas públicas), suele aludir al conjunto de los programas de un gobierno. Las políticas públicas, por lo tanto, son diseñadas y ejecutadas por los gobernantes. Es importante tener en cuenta que, para la implementación de una política pública, primero es necesario definir cuáles son los problemas a resolver.

Una de sus características más evidentes es el trabajo
conjunto.

En esta determinación entran en juego las visiones de los gobernantes y los reclamos de la ciudadanía. A partir de este diagnóstico se analiza la factibilidad de las soluciones, y luego las políticas públicas se plasman en las acciones gubernamentales. Se entiende que las políticas públicas deben beneficiar al conjunto de la comunidad y orientarse sobre todo a los sectores más vulnerables.

Sin embargo, en ocasiones, los gobiernos ejecutan políticas públicas acordes a sus intereses particulares o incluso para favorecer a sus familiares y amigos. Vamos a suponer que un presidente, al llegar al poder, decide desarrollar políticas públicas tendientes a mejorar el acceso a la educación y a incrementar la calidad de los servicios educativos. Con dicho fin, ordena la construcción de escuelas en áreas marginales, incorpora tecnología en los establecimientos y aumenta el salario de los maestros para incentivarlos en su trabajo.

Como se puede advertir, estas políticas públicas buscan optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por lo tanto, una política pública es tan solo uno de los diversos instrumentos que existen para que el Gobierno sea el responsable de propiciarle a la población una vida plena, con oportunidades de progreso y cambios que garanticen la protección de sus derechos fundamentales.

Una de sus características más evidentes es el trabajo conjunto que se lleva a cabo entre el Gobierno y otros actores para realizar una política pública, tanto en la etapa de planeamiento como en la puesta en marcha, con la finalidad de velar siempre por el bienestar social de todos.

Colaborador DCA
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ARTES

El legado de González Goyri en la UVG

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Guillermo Monsanto
[email protected]

La Universidad del Valle (UVG) acoge parte de la pinacoteca de este autor para gestionar su difusión, conservación y estudio. Este importante hecho permite desde ya a los estudiantes, docentes y visitantes de la UVG un acercamiento con el legado del entrañable artista, estableciendo un espacio de análisis y estudio. Ejercicio significativo que denota una sensibilidad institucional y humanista con este tipo de expresiones. No hay que olvidar que esta casa de estudios fomenta una serie de exitosos clubes estudiantiles que desarrollan talentos en los distintos campos deportivos, escénicos y visuales.

Roberto González Goyri (1924-2007), perteneciente a la refulgente “Generación del 40”, fue escultor, muralista, pintor, dibujante e intelectual que legó diversidad de géneros creativos a la cultura del país.

“Sus pinturas se localizan en colecciones nacionales, instituciones bancarias e importantes muestras particulares”.

Su promoción incluye nombres como los de Dagoberto Vásquez Castañeda, Guillermo Grajeda Mena, Roberto Ossaye, entre otros, quienes con conciencia muy clara propusieron un nuevo rumbo para la plástica del país, desde finales de los años treinta del siglo pasado. Está de más indicar que su etapa emergente se dio en el marco de la Revolución de 1944.

La obra pública de Roberto González Goyri puede apreciarse en el Centro Cívico capitalino y el Instituto Guatemalteco Americano (cemento in situ), la glorieta de Tecún Umán, el Museo de Arqueología y Etnografía, iglesias e infinidad de edificios. Conjunto que destaca por la concordia compositiva y la delicadeza característica nacida de las manos de este autor. Sus pinturas se localizan en colecciones nacionales, instituciones bancarias e importantes colecciones particulares.

Definitivamente, es uno de los artistas vitales de la modernidad guatemalteca. Foto: Archivo

Aunque en el inicio de su carrera se identificó especialmente con la escultura, cuando se ocupa de la pintura, hacia 1967, se le ve surgir como un virtuoso del color. Aunque en algún momento trabaja algunas iconografías afines al conflicto armado, la gran mayoría de su producción se decanta por abstracciones relacionadas a la alegría de vivir, la recomposición armoniosa del paisaje y otras referencias. Como hombre de familia, temáticamente desarrolló con mucho éxito temas relativos a la estabilidad del hogar, niños jugando, madonas con sus hijos, entre una inagotable fuente de inspiración surgida de lo cotidiano.

La pinacoteca a cargo de la UVG, por los próximos diez años, contiene unos cincuenta cuadros. Es interesante apreciar los bocetos de trabajos que finalmente no se ejecutaron, dibujos varios, la serie dedicada a Humberto Ak´abal y otras ideas que le perfilan y honran como el refinado artista que fue. González Goyri fue un hombre cálido y de espíritu humilde. Siempre con trato agradable, supo comunicar sus pensamientos y fluir en diferentes escenarios transmitiendo su conocimiento con generosidad.

Para más información de cómo visitar la exposición, es indispensable consultar las páginas de la Universidad y de la Asociación González Goyri.

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COLUMNAS

Thils y la Teología de las realidades terrestres (II)

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Juan Luis Lorda
Profesor de la Facultad de Teología

Aparte de que era compañero de otros lovanienses como Gerard Philip y Charles Moeller, que tuvieron un gran peso en la forma final y en la redacción de Lumen Gentium y otros documentos (todos eran buenos latinistas). Hizo buenos comentarios de la marcha del Concilio y de varios de sus documentos. Y trabajó en el Secretariado para la Unión de los Cristianos.

El mundo medieval ha desaparecido. Ya no se concede al cristianismo (a la Iglesia) un lugar oficial en la constitución de los estados. Pero ¿cómo pueden desinteresarse los cristianos por la ciudad temporal? ¿No tienen allí su misión y vocación, especialmente los laicos? ¿Qué se debe hacer, sin caer en un clericalismo?

“Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. De acuerdo, pero ¿no debe haber una teología, una fe pensada, que sirva para formar a los futuros sacerdotes para que iluminen a los cristianos? ¿Se podía dejar que solo el marxismo interpretara las “realidades temporales” y su progreso?

La segunda parte proporciona elementos teológicos de juicio, entrando a las contraposiciones y paradojas.

Según explica en el prólogo, esa reflexión justifica este notable ensayo en dos volúmenes. El primero, Preludios, plantea el tema a fondo, y el segundo está dedicado a la Teología de la historia (1939) y lo comentaremos después. Como siempre, Thils hace un gran mapa del tema, que ya es, en sí mismo, una contribución.

Se divide en cuatro partes. Las tres primeras son la preparación y encuadre de las cuestiones; la cuarta, es un esbozo de juicio cristiano de las principales “realidades terrestres”. Tiene en cuenta el ensayo de Maritain (Humanismo integral, 1936), sobre el papel cristiano en una sociedad que ya no es oficialmente cristiana; y un artículo del jesuita Montcheuil, Vida cristiana y acción temporal (1943), además de otros escritos que expresan la inquietud de estar presentes en la configuración del nuevo mundo.

Comienza señalando que filósofos, teólogos y sociólogos cristianos “forman un coro muy homogéneo para requerir de la ciencia teológica indicaciones sobre el valor del mundo, del universo de las sociedades humanas, de la civilización” (14). Católicos, protestantes y ortodoxos (Boulgakov, Berdiaev). Incluso cita a Donoso Cortes: “Una civilización es siempre el reflejo de una teología”.

La segunda parte proporciona elementos teológicos de juicio, entrando a las contraposiciones y paradojas: Dios y el mundo, lo sagrado y espiritual y lo profano, el espíritu y la materia, la carne y el espíritu. Hace falta meditación y muchos matices para enfocar bien las cosas.
Continuará…

Colaborador DCA
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