Claudinne Ogaldes
Secretaria Ejecutiva de Conred
Cada 29 de abril, el mundo hace una pausa para recordar a quienes han perdido la vida a causa de los terremotos.
Ese minuto de silencio que se suele guardar no debería ser un acto vacío o automático; debería ser un instante profundo, en el que se recuerde que detrás de cada tragedia hay nombres, rostros, familias.
Guatemala es un territorio altamente sísmico, la convergencia de placas tectónicas expone al país de manera constante a estos fenómenos naturales que, en ausencia de una cultura de prevención, pueden convertirse en desastres. La historia lo demuestra así; desde el devastador terremoto de 1976, pasando por los sismos de 2012, hasta la reciente secuencia sísmica registrada en julio de 2025. Han dejado huellas, no solo en la infraestructura, sino también en la memoria colectiva.
Detrás de cada cifra hay historias, sueños y futuros interrumpidos; hay hogares que quedaron en silencio, hay comunidades que aún intentan reconstruirse. Por eso, este día no debe quedar solo en el recuerdo: debe transformarse en un compromiso colectivo que permita reconstruir de manera resiliente.
El 29 de abril, Día Internacional en Memoria de las Víctimas de los Terremotos, declarado por la ONU, recuerda la necesidad de honrar a las víctimas y la urgencia de construir y de fortalecer la resiliencia comunitaria, tanto en infraestructura como en el ámbito personal.
Un minuto de silencio que nos comprometa a actuar...
Invito a que guarden un minuto de silencio, lleno de conciencia, de responsabilidad compartida en materia de prevención, que impulse a actuar y no seguir construyendo el riesgo.
La prevención comienza en casa, con decisiones pequeñas que acumuladas hacen una gran diferencia. Acciones como implementar un Plan Familiar de Respuesta, hacer simulaciones y simulacros constantes, preparar una mochila de 72 horas y organizarse comunitariamente en planes de emergencia.
La prevención es cultura, es conversación, educación, es práctica constante, es enseñar cómo actuar en caso de emergencia, es participar en simulacros, es verificar viviendas y espacios laborales para que sean seguros, es informarnos, es entender que la preparación no es un evento aislado, sino un hábito que se construye todos los días y se debe enseñar a las generaciones futuras.
La construcción de una Guatemala resiliente no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino compartida con todos los sectores.
El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres plantea un objetivo claro: reducir las pérdidas humanas y económicas; sin embargo, este solo se alcanzará si la prevención se asume como una responsabilidad diaria.
La solución no está solo en responder mejor ante la emergencia, la verdadera solución está en la anticipación, en el conocimiento, en pronósticos, en alertas tempranas, en análisis de riesgos, en el fortalecimiento de capacidades y en construir de manera resiliente.
Hoy, ese minuto de silencio puede ser mucho más que un gesto simbólico, puede ser un punto de partida, puede ser la decisión de hablar del tema en familia, de preparar lo necesario, de involucrarse y de no postergar lo importante.











Deja un comentario