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COLUMNAS

¿Perfecta, la Cumbre?

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Me atrevería a decir que no lo fue –que nada de lo humano es perfecto pero, dada la falta de señalamientos y de críticas–, conociendo el pie del que cojeamos (el ensalzamiento de lo extraño y la denigración o, al menos, infravaloración de lo nuestro) me inclino a creer que, si no perfecta, debe haber estado, por lo menos, muy cerca de serlo.

Me refiero a lo que como protagonista –país anfitrión– correspondía a Guatemala en esta Cumbre, su organización, su ejecución y, en general, a cuanto implicaba realizarla, con todos sus detalles –empezando por el aseguramiento de la afluencia de los Estados miembros, al máximo nivel–, así como a lo que fue toda la participación de nuestra parte, incluidos el discurso inaugural y nuestra actuación como una delegación más, al igual que las otras, los agasajos protocolarios y las reuniones sustantivas; excelencia que incluye a todos nuestros mandos, desde el Presidente de la República, Canciller, viceministros y ministros de Estado, hasta quienes tuvieron a su cargo la limpieza. Todo al centavo, como debía ser, en tiempos y en espacios.

Guatemala, la anfitriona, espléndida como tal, certera y eficiente.

Si se hubiere dado el más mínimo error, este se hubiera subrayado e, incluso, magnificado pero, por lo visto, no lo hubo, algo que no puede atribuirse a la fortuna
–la que siempre influye, ¿por qué negarlo?– sino al denodado esfuerzo que fuera por todos realizado, esfuerzo que incluye el de autoridades anteriores, conseguida la sede para Guatemala en la Cumbre celebrada (se celebran, ahora, cada dos años) en Cartagena de Indias, Colombia, en 2016: las autoridades pasan, pero el Estado permanece y de allí la importancia de las políticas de Estado que trascienden los gobiernos y que, por su continuidad, alcanzan resultados.

Importante la decisión de hacerla en Antigua Guatemala y –de Antigua– en el Convento de Santo Domingo Hotel Centro de Convenciones y de Actividades Culturales, plenamente capacitado para albergar eventos de esta índole, al máximo nivel.

La logística de seguridad, de recepción y del albergue, de estadía y de participación, de apoyo técnico y de comunicaciones, de conclusión y despedida tal y como pasa con las Direcciones Generales de Protocolo en todos los países –en todo momento– en la cuerda floja. Si todo perfecto, ningún mérito, pero cuidado con que se produzca el más mínimo error. ¡Ejecución con guillotina! Concluyó la Cumbre y la calificación para Guatemala, sobresaliente, siendo justo que señalemos nuestro mérito, desatando el cordón que nos lleva tan sólo a señalar lo malo pero, jamás, a reconocer lo bueno.

El tema propuesto por Guatemala, también un gran acierto, fue el de una Iberoamérica próspera, incluyente y sostenible que, al final de cuentas, prosperidad e inclusión y que estas sean sostenibles, son lo que constituye la clave de todo.

El éxito, dicen, tiene muchos padres en tanto que es huérfano el fracaso, pero –curiosamente en el caso de la Cumbre– nadie se ha atribuido para sí el éxito obtenido, quizá porque, al final de cuentas, completo, como lo fue, trasciende de lo individual y pertenece a lo colectivo. Sin embargo, justo es que recordemos a quienes consiguieron que este se alcanzara y que, sin citar nombres, fueron ya citados.

No quiero concluir esta columna sin hacer referencia a lo que constituyen estas Cumbres Iberoamericanas y que no son más –pero tampoco menos– que un espacio común –Iberoamericano– España, Portugal y los países americanos de habla hispana y portuguesa, para la concertación política y la cooperación entre nosotros.

El recorrido de estas Cumbres no ha sido fácil y faltaba en estas un órgano permanente que les diera continuidad, al máximo nivel ejecutivo –la Secretaría General Iberoamericana–, órgano que no empezó a funcionar sino hasta en el año 2005 (las Cumbres se iniciaron en 1991) y del que es titular, actualmente, Rebeca Grynspan, ciudadana costarricense de altos quilates.

El camino por recorrer apenas si empieza a recorrerse, y no podemos sino hacer nuestros mejores votos porque lo hagamos juntos. En un mundo tan competitivo bueno es que sepamos competir, preservados principios y valores: la lengua como lo dijera Don Miguel de Unamuno (castellana y portuguesa, agrego) es sangre.

Otro país en el mundo también tiene una de nuestras lenguas como idioma oficial, el castellano, Guinea Ecuatorial, en África, siéndonos común no sólo su lengua, sino parte de nuestra historia, parte que fue, en su momento, del Virreinato del Río de la Plata unido pues a Iberoamérica, por lengua y por historia, un país que bien valdría la pena que se encuentre entre nosotros.

Y cierro: Felicitaciones a todos los guatemaltecos que hicieron posible el éxito de la Cumbre celebrada –a falta de errores–. Todos (tal uno de nuestros males ) en muy bien ganado anonimato.

¿seremos capaces, algún día –tal y como señalamos los errores– de reconocer algún acierto?

¿No nos damos cuenta del daño que nos hacemos, por no hacerlo?

Acisclo Valladares Molina
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COLUMNAS

San Miguel Chicaj y su fiesta patronal

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Eugenia de León

[email protected]

Caracterizada por la multiculturalidad de sus pueblos y de la riqueza de su tierra y su gente, Guatemala nos brinda infinidad de destinos por descubrir. De acuerdo con el Inguat, 377 591 turistas llegaron a Guatemala entre el 15 y el 17 de septiembre pasados; la ocupación promedio hotelera fue del 91 por ciento, que se traduce en una derrama económica de Q320 millones. Esta revitalización turística se traduce en fuentes de empleo, turismo comunitario dinamizado y nuevas oportunidades de inversión en el sector. 

Hay una invitación del país a conocerlo, así que, en este espacio, vamos a dar algunas pinceladas de las comunidades y pueblos que concentran una hermosa magia y nos da la bienvenida, como lo es San Miguel Chicaj, municipio de Baja Verapaz, con un clima estupendo para actividades al aire libre.

Su nombre se deriva de los dos términos: Chi, que significa “en”, y Caj, que quiere decir “cielo”. Para hacer honor a su nombre, adentrarse en San Miguel Chicaj es como llegar al cielo.

”Un pueblo en el cielo“.

Con un agradable clima, es perfecto para iniciar un recorrido para descubrir sus riquezas desde muy temprano en la mañana. Se encuentra a 160 kilómetros de la ciudad de Guatemala. 

Es uno de esos pueblos llenos de tradiciones. Su fiesta patronal, en honor de San Miguel Arcángel, se celebra cada 29 de septiembre. Es muy entretenido acudir a presenciar la elaboración de coloridas alfombras que le darán paso a la procesión de San Miguel, que recorre las calles del pueblo bendiciendo a los feligreses. 

A las 10 de la mañana se celebra una misa, que los pobladores acompañan con las melodías de la marimba. 

Hay un desfile muy colorido, en el que participan chicos y grandes, y dentro de las danzas tradicionales se puede presenciar el Costeño, el de Animales y la Pichona, así como los Mazates

Los turistas gustan de apreciar estos bailes que forman parte de la cultura guatemalteca. 

Los días de la fiesta patronal se viven al máximo por los lugareños. 

La comida tradicional como el kakik, que es chompipe, como se le conoce al pavo, en un recado picante muy famoso en esta parte del país. Los abuelos enseñan a los hijos y nietos a participar de las
actividades.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Repensar la movilidad cotidiana (II)

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Juan José Pons 

Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.

De esta forma, otorgando la importancia que merece la movilidad urbana y volviendo a los desplazamientos ocupacionales con los que comenzábamos, el hecho de que estos se concentren en el tiempo (en unos días de la semana y a unas horas muy concretas) y en el espacio (con destino en los grandes centros atractores de viajes como hospitales, universidades, polígonos industriales, etc.) permite arbitrar buenas soluciones de movilidad.

O al menos más sencillas que cuando se quiere actuar sobre los desplazamientos por motivos personales (ocio, compras, gestiones, etc.), generalmente más dispersos en el espacio y de carácter más esporádico.

Por tanto, esto supone una gran oportunidad para que las administraciones y los gestores del transporte público enfoquen sus políticas hacia este tipo de movilidad, que por sus características se prestan muy bien a la implantación de soluciones alternativas al uso del coche privado.

La decisión última sobre cómo nos movemos corresponde a cada persona, en función de sus circunstancias y posibilidades.

La realización de planes de movilidad sostenible a escala urbana y, particularmente, de planes de movilidad al trabajo (los centrados en una empresa o institución o en un conjunto de ellas) son una excelente manera de tomar conciencia y de identificar acciones concretas que permitan cambiar la movilidad de las ciudades.

El comienzo de curso, coincidente con la celebración de la Semana Europea de la Movilidad (16-22 de septiembre de 2022), es un buen momento para repensar nuestra movilidad diaria al centro de trabajo o al lugar de estudios. Aunque las ciudades actúen favoreciendo el desarrollo del transporte público y de los medios no motorizados, la decisión última sobre cómo nos movemos corresponde a cada persona, en función de sus circunstancias y posibilidades.

En ocasiones no hay alternativas razonables al uso del automóvil, pero en la mayoría de los casos es cuestión de plantearse un pequeño cambio de hábitos del que nos beneficiaremos todos. Puede parecer mucho esfuerzo para un resultado inapreciable en el conjunto de una gran ciudad, pero alguien tiene que empezar… Y podemos ser nosotros.

Universidad de Navarra
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COLUMNAS

Los vergeles con libros

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Joseluís González – Profesor y escritor

@dosvecescuento

Steiner fue un crítico valiente. Con la misma libertad de espíritu, Juan Manuel de Prada comenta sesenta obras que miran a Dios, entre el desierto de la literatura frívola o cínica y la insipidez de algún confesionalismo sin arte.

En el primer capítulo del primer libro de George Steiner (1929-2020) relucían, nada más abrir el ensayo, estas nobles palabras: “La crítica literaria debería surgir de una deuda de amor”. Venían después otras ideas y aspiraciones audaces de aquel joven y ya rotundo profesor de apenas 30 años:

“De un modo evidente y sin embargo misterioso, el poema, el drama o la novela se apoderan de nuestra imaginación. Al terminar de leer una obra no somos los mismos que cuando la empezamos. Recurriendo a una imagen de otro campo artístico, diremos que quien ha captado verdaderamente un cuadro de Cézanne verá luego una manzana o una silla como si nunca las hubiera visto antes”. Los libros no son solo lo que alguien escribe, sino lo que nosotros leemos e interpretamos. 

Tolstoy or Dostoievsky. An Essay in the Old Criticism se titulaba aquel estreno. Los apellidos de dos novelistas colosales del XIX eran tan radicalmente opuestos y tan imprescindibles como la aclaración que seguía en la cubierta del libro: se cerraba el año 1959 y Steiner ejercía la “antigua” crítica, la que no se plegaba a los postulados del New Criticism.

El reseñista de novedades literarias debe acreditar saber leer atentamente y con libertad
auténtica.

El New Criticism imperaba, en sus años de formación universitaria, en los estudios literarios angloamericanos. Aspiraba a hacerse, con rigor objetivo, ciencia empírica propia de la enseñanza superior. Huía de los defectos en que se había enredado el positivismo para centrarse primordialmente en el texto, en las palabras que desfilaban por las páginas. Su lema era ceñirse a esas “words on the page”.

La página, concebida como una urna. Como un tubo de ensayo. Como un sarcófago, para algunos. Pero el New Criticism logró análisis luminosos. Steiner iba más allá. Entrelazaba creencias filosóficas, intimidades y manifestaciones teológicas, convicciones o falsedades políticas y sinuosidades biográficas. Hasta con contradicciones. El texto es un sistema de relaciones donde se teje y se hilvana todo. Y es más que la suma de todos sus elementos. Las palabras se salen de sí mismas. No tienen un final. 

Dedicarse a la crítica literaria no equivale a ser reseñista. El reseñista de novedades literarias debe acreditar saber leer atentamente y con libertad auténtica, situar en el transcurso temporal de las letras tanto este título del que informa como a su autor. Tiene que escribir bien claro y encima con gracia para que se le lea sin disgusto. Con el ímpetu  de las palabras apasionadas, pero razonando sus juicios y su valoración. El reseñista, como se ve, no lo tiene del todo fácil.

Con ventaja para comentar libros partía el escritor Juan Manuel de Prada (1970) cuando el director de la revista religiosa Magnificat, Pablo Cervera, lo convenció por fin para colaborar en sus páginas mensuales. El narrador y articulista accedía a desentrañar obras de toda latitud, clásicos y desconocidos, que él eligiera y que a su juicio pudieran “alimentar la fe” y el espíritu de quien leyera.

No por los procedimientos, perdónenme, píos o proverbialmente parroquiales que la gente entiende por catequesis sino por su sentido más etimológico: el griego bizantino κατήχησι (katechesis) expresaba que algo resuena de arriba abajo, por completo, dentro. Sesenta comentarios reunidos en un volumen titulado Una biblioteca en el oasis. Merece la pena. Todos esos libros hablan de Dios. Los más interesantes “muestran las consecuencias del mal en la naturaleza humana” y “el valor vertiginoso de la Redención” y se apoyan en “la alegría de contar” y “la sustancia misma de la vida”.

A Steiner lo acribillaron por escribir sobre los titanes de la novela rusa sin hablar una palabra de ruso. Steiner sabía seis idiomas. Además de comprender el lenguaje universal del género humano. Como De Prada.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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