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Para entender eso del sugar daddy

Dinero y pragmatismo en una práctica que ni es nueva ni ajena a Guatemala

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Julia Guzmán
Foto:IA

El romance es una construcción frágil. Algunas lo entienden demasiado tarde. Otras, antes de perder el tiempo, buscan una alternativa más eficiente. En Guatemala, la ecuación tradicional del amor ha cambiado: placer y dinero ya no son elementos opuestos. El sugar daddy ha llegado y su presencia es más tangible de lo que muchos creen.

Las redes sociales son testigos. En TikTok e Instagram, el reclutamiento ha mutado. Antes cuando comencé este texto, en 2020, una transacción de este tipo exigía intermediarios, códigos ocultos, cierta discreción. Ahora, en 2025 y que decido actualizarlo, una aplicación de citas y un par de fotos bien elegidas son suficientes. Los términos quedan claros desde el inicio: compañía a cambio de un sobre.

El mercado es amplio. En una página de Instagram que actúa como agencia informal, las tarifas sorprenden. Unos septiembres atrás, diez mujeres fueron convocadas a un evento privado con una oferta de 1 mil 500 dólares por el fin de semana. No cancelar a última hora era la única exigencia. A cambio, acceso a un entorno exclusivo, diseñado para que nadie pregunte demasiado.

En Tinder, la dinámica es distinta. Las cifras varían entre 500 y 2 mil 500 quetzales por encuentro. Algunas evitan el contacto físico y, aún así, son seleccionadas. Las reglas del juego no son rígidas. Cada una pone sus condiciones y cada cliente elige.
El contexto ha cambiado. Cuando este texto se escribió por primera vez, la presencia de sugar daddies en Guatemala parecía un fenómeno emergente, algo clandestino, apenas visible en nichos de Instagram y Facebook. Pero ahora, con un clic en TikTok, aparece una guía completa sobre cómo ser “sugar sin dar la sugar”, tutoriales sobre tarifas, estrategias de negociación y discursos que han normalizado el intercambio.

La diferencia es evidente. Antes, la idea de entrar en este mundo provocaba cierta fascinación, un impacto inicial. Hoy, todo está sistematizado, regularizado, casi institucionalizado. Se ha desvanecido el asombro. La gente ya no tiene miedo. O simplemente, ya le da igual.

Las viejas taras

Eso sí, el doble estándar también sigue intacto. Un hombre joven que consigue una sugar mommy es visto como un campeón. “Miren todo lo que le saqué, qué astuto, qué crack”, pero una mujer que busca un hombre mayor recibe miradas de desaprobación: “¿Estás segura? ¿No te das cuenta de que es un viejo mañoso?” La narrativa es clara: ellos son estrategas, ellas son juzgadas. Y así, la estructura se sostiene.

Guatemala sigue tratando la educación sexual como un tabú. La doble moral no ha cambiado: los hombres casados pagan, pero son las mujeres quienes cargan con los juicios. Al final, no se trata de derrochar dinero, sino de decidir cómo gastarlo. El sugar daddy no es un mito importado. Es un síntoma de la época. Si el amor es transacción, al menos vale la pena.

Una amiga estaba impresionada al tener 500 quetzales y haber tenido una buena tarde de relaciones. Le parecía el trabajo soñado. Tal vez su experiencia con el sexo masculino habia sido mala y el sugar daddy le habia enseñado algo, pero para ella era un ganar-ganar. Sus palabras fueron: “Es increíble encontrar hombres que se enfocan solamente en tu placer”. Decir que me quede asombrada fue corto.

En Guatemala se encuentra una página en Instagram la cual se podría decir que es una casa de sugar babies. La mujer que dirige la página podría considerarse una proxeneta. Al ser ella el contacto entre las dos personas y anunciar eventos en los que se necesitan damas de compañía. El sugar daddy ha llegado a Guatemala. Si buscas una manera de tener la nueva bolsa Gucci o el Iphone 40 tal vez encuentres uno ideal para ti. Piénsalo cómo una oferta: “Sal con un hombre de 40 y no tendrás que pensar en tu jubilación”, aunque claro, es una manera demasiado cínica y frívola de vivir. Dicen que nada en la vida es gratis, pero si se enfocan en tu placer y te dan dinero… no lo sé Rick, parece demasiado bueno para ser verdad. Aunque en realidad si es verdad, solo es cuestión de buscar.

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