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OPINIÓN CULTURA

ORÍGENES PONZOÑOSOS

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De entre los enemigos predilectos de los fans del Hombre Araña destaca Venom (Veneno). Este mes, el personaje fue llevado al cine por Sony Pictures, así que aprovecharé para hablar de la historia detrás de su creación.

Para contar el origen de Venom hay que remontarse a 1982, cuando Marvel lanzó una convocatoria para rediseñar el traje del Hombre Araña. El ganador fue Randy Schueller, un aficionado que ideó un atuendo totalmente negro para el héroe, a excepción de un diseño de araña rojo en el frente. La propuesta también incluía nuevos lanzatelarañas, telarañas bajo las axilas y estaba compuesto de un material especial que permitiría adherirse mejor a las paredes.

Los creadores de Marvel realizaron varias modificaciones. El editor en jefe Jim Shooter cambió el color de la araña de rojo a blanco, inspirado en un diseño para otro personaje. Por otra parte, el escritor Roger Stern usó un concepto del artista John Byrne, de un traje elaborado de un material que tuviera la capacidad de repararse por sí mismo.

El nuevo diseño fue utilizado hasta 1984, cuando la empresa Mattel le pidió a Marvel crear un evento en los cómics que permitiera introducir una nueva línea de juguetes. El resultado fue Marvel Super Heroes Secret Wars, en el que los héroes y villanos principales de la editorial son secuestrados por una entidad cósmica para luchar en un planeta llamado Battleworld. Allí, el  Hombre Araña recibe su nuevo traje negro, el cual lleva puesto cuando regresa a Nueva York en The Amazing Spider-Man #252.

Pero este cómic ni siquiera había llegado a los puestos de venta, cuando los fans ya protestaban encolerizados ante los rumores del cambio de uniforme de su héroe favorito. Shooter ordenó regresar las cosas tal y como eran, mas no era fácil, pues había varias historias anudadas y había que esperar a que terminaran de publicarse antes de hacer cualquier modificación.

Había otro problema: el traje negro era muy superior a su predecesor. Aparte de repararse solo, también tenía la capacidad de convertirse en ropa de civil instantáneamente y lanzar telarañas sin límite. ¿Por qué alguien iba a querer dejar de usarlo?  El guionista Tom DeFalco salvó la situación, proponiendo que el traje fuera un simbiote extraterrestre que buscaba absorber al Hombre Araña, por lo que había que quitárselo cuanto antes.

El guionista David Michelinie dispuso que, luego de quedar separado permanentemente de Peter Parker, el traje viviente se uniera con Eddie Brock, un reportero venido a menos, creando al personaje que conocemos como Venom. El Hombre Araña se enfrentaría por primera vez a este nuevo contrincante en The Amazing Spider-Man #300 (1988).

Alejandro Alonzo
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COLUMNAS

Natas y Master of Puppets – Parte final

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Rewind me

David Lepe

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Natas, después de enterarse de que se habían quedado sin instrumentos y pista para su interpretación en la Competencia de Playback, demostró su inesperado talento de problem solving y giró nuevas instrucciones a sus dos compañeros: “Vos, andá con los que cantaron Libre Sentimiento y pedí prestadas sus guitarras acústicas, y vos decile a mi traida que te dé su casete de Master of Puppets, es una copia mal grabada pero no nos queda de otra. Andá vos porque está mascada conmigo”.

Minutos después, el conductor de la competencia hizo el llamado a Metallica. Se subieron al escenario los tres jóvenes, con playeras negras y pantalones rotos. Natas tenía en una mano el micrófono y con la otra se agarraba la peluca en la cabeza, ya que le quedaba grande. Sus dos acompañantes sostenían las guitarras acústicas.

Le dieron play a la canción y apenas se escuchaba. Por más que el DJ le subió todo el volúmen a las bocinas, la canción sonaba desastrosa, como si la estuviéramos escuchando a una cuadra de distancia. Eso no les importó a los intérpretes metaleros quienes desde el inicio saltaron y movieron la cabeza de arriba a abajo y en círculos.

Haciéndose las graciosas, un grupo de chicas tiró monedas al escenario.

End of passion play/crumbling away”, fueron los primeros gritos de Natas, mientras sus ojos lucían perdidos, como poseídos, y su cuerpo se balanceaba hacia los curiosos asistentes en la primera fila.

Los guitarristas golpeaban las cuerdas al ritmo de la canción. “Tengan cuidado, las guitarras son de mi tío y me las cobrará si las dañan”, gritó un estudiante. Todo el público se carcajeó.

Natas se percató del chiste y comenzó a gritar más fuerte. Una amiga que me acompañaba en el público preguntó si era necesario gritar y escupir tanto al cantar esa canción. Le respondí que no estaba seguro, pues nunca había visto a James Hethfield en vivo.

Haciéndose las graciosas, un grupo de chicas tiró monedas al escenario. Uno de los guitarristas detuvo su actuación y guardó algunas chocas en sus bolsillos. Surgió una nueva ola de carcajadas.

Uno de los profesores y miembros del jurado calificador se acercó al DJ y después de una corta conversación, movió los brazos en señal de “detengan esto”. Seguramente preguntó cuánto duraba la canción y después de la respuesta del DJ habrá pensado que no podía soportar más de 8 minutos y medio de ridículo.

Detuvieron la canción y el profesor gritó: “Gracias, siguiente”.

Me sentí orgulloso de Natas. Mi amiga, quien no sabía nada de música rock, expresó: “Si tenés esa canción, quisiera escucharla”. ¡Gran batalla, Natas! Igual pienso de Stranger Things y la fantástica escena de Eddie Munson (Joseph Quinn) tocando Master of Puppets, mientras se acercaba su batalla final contra un batallón de horrorosas criaturas voladoras.

Ya sea la escena de una serie con presupuesto millonario o una actuación (a medias) en una competencia colegial de playback, tan solo queda decir: El mensaje llegó. Misión cumplida.

David Lepe
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ARTES

La generación del 70

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La Pluma Escarlata

Guillermo Monsanto
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Hace algunos días, en la elaboración del registro técnico de una pinacoteca particular, me topé con un grupo singular de obras. Todas, adquiridas entre finales de los años 60 y principios de la siguiente década. El coleccionista, quien en ese entonces se interesaba en creaciones de artistas emergentes, se decantó por bocetos, dibujos, grabados, aguadas y xilografías. El resultado redundó en un afortunado encuentro con trabajos esenciales de artistas como Moisés Barrios, los hermanos Schwartz, Erwin Guillermo, Rafael Piedrasanta, Arnoldo Ramírez Amaya y Zipacná de León, entre otros autores activos en aquel momento.

De Moisés Barrios hay dos grabados cuyas características coinciden con la iconografía propuesta por los Vértebra. Ambas piezas, imperativas dentro de su naturaleza expresionista, destacan tanto por la composición como por la temática abordada. Dos poetas (1971) representa los rostros, en primer plano, de personajes antropomorfos atormentados. Extraño accidente (1969), más cercano al imaginario político del período, muestra dos cuerpos en posiciones desmadejadas dentro de una fosa.

Dibujo de Alejandro Urrutia (1963), 31.5 X 23.5 centímetros. Cortesía: Guillermo Monsanto.

De Erwin Guillermo hay varios dibujos que dejan en claro la capacidad que el artista posee con esta técnica. Las figuras femeninas (todas de 1973) son gráciles, armoniosas y espontáneas. Su trazo es ligero y por ende, preciso y puntual. Pesa en este grupo la intención estética de las formas. Rafael Piedrasanta solo está representado por una tinta (1973). Pieza singular por la maestría con la que alcanzó a dominar la plumilla y el valor que le otorgó a la línea.

Sus rayas hienden el papel como si de una placa para grabado se tratara superando con su visión expresiva el paisaje representado al llevarlo a otro nivel. Cerrito del Carmen (1967), de Ingrid Klüssmann, es el único óleo de la colección. Esta vista, realizada con el espíritu de las corrientes académicas, puede lucirse a la par de los lienzos de los mejores paisajistas de la primera época del siglo XX.

Hicieron del dibujo la base de su construcción creativa.

Las estampas abstractas de Ramírez Amaya (1967-1968) contrastan con el irreverente autorretrato de 1973, en el cual se representa desnudo, crucificado, con una corona de espinas y una cola demoníaca. Pareciera que esta generación hizo del dibujo la base de su construcción creativa. Interesante fue encontrar un estudio de Alejandro Urrutia. Este autorretrato de 1967 es el antecedente de otros dos que están en otra colección y que secuencian el proceso del artista.

En este orden entran los dibujos, pinturas y linóleos de Zipacná de León, creados en un lapso que va de 1967 a 1974. Los estudios a crayón de árboles (uno en colores fauves) denotan una mano firme y eficaz. Todo en él es síntesis y, conforme se acerca al 74, va definiendo un estilo que fue perfeccionando hasta el final de su vida. El bodegón (1972), pintado con acrílico sobre papel, es una obra acabada que va más allá del resto de bocetos que acompañan a las obras descritas.

Guillermo Monsanto
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COLUMNAS

NAMOR, EL PRÍNCIPE SUBMARINO ORIGINAL

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EL COMICBUQUERO

Alejandro Alonzo  

https://www.facebook.com/elcomicbuquero

Recientemente, en las salas de cine se estrenó el filme Black Panther: Wakanda Forever (2022), que introduce en el gran público a uno de los personajes más antiguos de Marvel Comics, pero también uno de los menos conocidos: Namor.

Namor the Sub-Mariner fue creado por el escritor y artista Bill Everett. Inicialmente, para el cómic inédito Motion Picture Funnies Weekly, el personaje apareció por primera vez públicamente en Marvel Comics #1, el primer cómic de la editorial Timely Comics, predecesora de Marvel Comics de las décadas de 1930 y 1940.

Durante ese período, conocido por historiadores y fanáticos como la Edad de Oro de los cómics, el Sub-Mariner fue uno de los tres personajes principales de Timely, junto con el Capitán América y la Antorcha Humana original. Además, Namor también ha sido descrito como el primer antihéroe de cómic.

A pesar de ser poco conocido globalmente, Namor tiene una larga trayectoria en los cómics.

El hijo mutante de un capitán de barco humano y una princesa del mítico reino submarino de Atlantis, Namor posee la superfuerza y ​​las habilidades acuáticas de la raza Homo mermanus, así como la habilidad mutante de volar, junto con otros poderes sobrehumanos.

A lo largo de los años, ha sido retratado como un antihéroe, alternativamente como un superhéroe de buen carácter pero impaciente y pronto a la ira, o como un invasor hostil que busca venganza por los crímenes que los habitantes de la superficie descarriados cometieron contra su reino. El primer antihéroe de cómic conocido, el Sub-Mariner, se ha mantenido como un personaje de Marvel históricamente importante y relativamente popular entre los lectores de cómics. Ha servido directamente con los Vengadores, los Cuatro Fantásticos, los Invasores, los Defensores, los X-Men y los Illuminati, además de servirles de contraste en ocasiones.

El príncipe Namor, en su versión original e interpretado por Tenoch Huerta. Cortesia: Marvel Comics / Marvel Studios

A pesar de precederle por un par de años, Namor es mucho menos conocido que su contraparte Aquaman, de la rival DC Comics. Por ello no es difícil comprender que, como paso previo a su debut cinematográfico, se decidiera diferenciar al personaje, reescribiendo sus orígenes y características, cambiando sus orígenes atlantes por uno mayense. Ahora Namor (interpretado por Tenoch Huerta Mejía) es el descendiente de una comunidad maya yucateca del siglo XVI que, gracias a la ingestión de una planta especial, se transformó en un pueblo subacuático para escapar a los conquistadores españoles. Asimismo, ahora ya no viven en Atlantis sino en una ciudad submarina llamada Talokán.

Gracias a esta coyuntura, se les ha abierto la puerta al Universo Cinematográfico Marvel a intérpretes latinos mesoamericanos como las actrices guatemaltecas María Mercedes Coroy y María Telón, que han aprovechado la oportunidad para romper paradigmas y fronteras con su gran talento.

Alejandro Alonzo
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