Unidad de Comunicación y Relaciones Públicas
CONADI, Guatemala.
Cada año, en mayo, la figura de la madre ocupa el centro de los homenajes sociales, ya sea con flores, tarjetas y discursos que celebran su amor incondicional. Sin embargo, cuando hablamos de maternidad en el contexto de la discapacidad (ya sea madres de personas con discapacidad o mujeres con discapacidad que ejercen su derecho a la maternidad), el discurso suele adquirir un matiz particular: el de la madre heroína.
La imagen de la “madre que todo lo puede” o “madre heroína” aparece como un tributo, pero también es una trampa. Se endiosa su capacidad de sacrificio, su fuerza inagotable y su entrega silenciosa, pero pocas veces se abordan las verdaderas condiciones de vida de estas mujeres: los estigmas sociales, la soledad en los cuidados, la falta de apoyos estatales, la discriminación cotidiana y el agotamiento que viene con una carga desigual.
Este 10 de mayo, el mejor homenaje que podemos hacerles es escucharlas.
No basta con aplaudir el amor de las madres; es urgente pensar en políticas públicas de corresponsabilidad, accesibilidad real a la salud, educación, trabajo y sistemas de cuidado que no recaigan exclusivamente en sus hombros, además de fortalecer cada derecho fundamental que solo por ser persona tienen.
Tampoco podemos ignorar que existen madres con discapacidad cuya maternidad sigue siendo cuestionada por prejuicios sociales. A ellas, muchas veces, se les niega simbólicamente (y a veces materialmente) su derecho a criar, bajo la sospecha injusta de su “capacidad” o bien son forzadas a una esterilización por la mala ideología de que su discapacidad puede ser transmitida a su hijo. Esa discriminación, silenciosa pero constante, también debe ser nombrada y combatida.
Mirar el Día de la Madre desde la realidad de la discapacidad implica romper con el mito heroico y abrir espacio para una mirada más realista y humana: madres que aman, sí, pero también madres que se cansan, que se equivocan, que necesitan ayuda, que luchan por sus propios sueños y que no deben ser prisioneras de una imagen que romantiza su dolor o su esfuerzo. Este 10 de mayo, el mejor homenaje que podemos hacerles es escucharlas.











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