Marco Antonio Sagastume Gemmell
Presidente del Comité de Derechos Humanos de la Federación Interamericana de Abogados (FIA)
¿Hasta dónde quieres llegar con el lenguaje? Tengo que decir: niños y niñas, nosotros y nosotras, ¿en todos mis discursos? Me dijo don Rodrigo Carazo Odio, presidente de Costa Rica, también me lo preguntó el presidente Azcona, de Honduras; Ortega, de Nicaragua, y muchos más. De lenguaje sé muy poco, pero siento que nuestro idioma no toma en cuenta a la mujer por economía idiomática y al hacerlo invisibiliza a la mujer; déjenme contarles cómo y en dónde me brotó la idea de proponer lo que ahora, se escucha internacionalmente, donde se habla español.
Al regresar de mis estudios sobre DD. HH. en España en 1984, me vine a México en 1984 a impartir el primer curso universitario de DD. HH. en la Universidad de Mazatlán, México, invitado por el gran Chepito Ordóñez, doctor en Sociología de la UNAM, de Guatemala. En su casa, tenía un cartel de Quino con 10 derechos del niño y se resaltaba la palabra niño. ¿Dónde estará la niña? Me pregunté, y entonces, vi que el propio idioma le omitía sus derechos a la niña.
Al llegar al Distrito Federal de México, integré un equipo de tres niñas y tres niños de 8 a 12 años de edad para que me revisaran las lecciones que les entregué sobre DD. HH. Empezaron a protestar porque el sábado era día para recreo y no para estudiar, allí empezó el curso.
Los niños y las niñas estuvieron de acuerdo con el agregado de niña en todo, porque querían ser justas. Los niños y las niñas miran de diferente forma la realidad que los adultos, la perciben mejor.
Los niños y las niñas estuvieron de acuerdo con el agregado de niña en todo, porque querían ser justas.
Me pidieron mejor escribir cuentos que no tuvieran palabras difíciles, así como los que le leen los abuelitos -hombres y mujeres-. Hice los 10 cuentos sobre DD. HH. y le agregué un prólogo donde indiqué que por medio de este comité y el abogado, la niña debería estar en todo, porque después no estará en nada cuando se vuelva adulta.
Luego le agregué la siguiente metodología: Primero se lee en voz alta un cuento y se dice que se volverá a leer con una equivocación y quién la señale tendrá la fotocopia del cuento; se lee de nuevo con un error; por ejemplo, en el cuento dice: …en un lugar muy lejano, y se dice: …en un lugar muy cercano, y es maravilloso cómo se dan cuenta. Después de leer se les coloca una cartulina para que pinten cómo se imaginan el cuento; al finalizar los 10 cuentos y las pinturas, se hace una exposición con esas pinturas y se invita a los padres de familia y a Unicef para entregar tres premios a los que sean más votados.
Al llegar a Guatemala, llevé el Curso Básico de Derechos Humanos a la USAC y allí se publicó para el sector universitario y presenté: Cuentos para vivir en paz. Curso infantil de Derechos Humanos a Unicef y se editó en conjunto con Piedrasanta; lleva más de 22 reimpresiones y la encuentro en las librerías de América del Sur. En Guatemala, el Colegio Sagrado Corazón lo utiliza en sus cursos. Cuánta gente me dice: Maco, crecí con tus cuentos ¡Mis padres me los leían antes de dormir? Ahora, antes de irme a lo eterno, quisiera redactar el segundo tomo con los avances al nivel mundial de los DD. HH. Ya le prometí a mamá, antes de que ella falleciera, no meterme en política partidista, ni aceptar ningún cargo, solo quiero escribir la verdad de lo ocurrido para las nuevas generaciones. Lo único que no cambia es que todo cambia.











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