En 1989, Trent Reznor era un pianista que tocaba en grupos new wave del underground sombrío de Cleveland, Ohio, una de las ciudades que estaban al borde del colapso económico con índices de pobreza altos e inviernos interminables.
La leyenda urbana era que Reznor trabajaba de conserje en un estudio y que su tiempo libre, las madrugadas, lo empleaba para grabar un demo. Sabía tocar casi todos los instrumentos, o al menos los que había en el estudio. Fue allí donde conoció a John Malm Jr, un productor musical que lo ayudó a grabarlo y que con el tiempo se convirtió en su mánager.
El demo le ganó un contrato con la disquera independiente TVT Records, y Reznor grabó Pretty Hate Machine solo. Luego de todos los procesos de masterización, el álbum salió al mercado el 20 de octubre de 1989.
Este fue el segundo disco que escuché de Reznor. Me encantó el nombre de la banda de rock industrial: Nine Inch Nails (NIN) alude a los clavos de nueve pulgadas usados en la crucifixión. El dolor y la flagelación combinados con el ritmo de sintetizadores y guitarras de sonidos saturados es tal que casi se puede respirar el metal de la sangre. Reznor quería transmitir esa sensación de tormento, desesperación y eterna agonía.
Pretty Hate Machine es un manual de pecados capitales adaptados a sociedades cancerígenas y usureras. Reznor abarcó todo: la manipulación de la religión, la lujuria, el culto al dinero, la avaricia, la mentira y el desamor, y lo envolvió en un halo religioso casi maldito.
El tema Head Like a Hole es el más reconocido del disco. Es sobre la desilusión, el dios dinero que todo lo compra y una cabeza hueca que todo destruye. Reznor se rebela en el coro: “Head like hole, black as your soul / I’d rather die than give you control.” Y después sentencia “Bow down before the one you serve / You’re going to get what you deserve”. Es casi una profecía.
Terrible Lie es un reclamo feroz a Dios por crear un mundo tan triste y desolador, pero también a la religión por manipular y fomentar la hipocresía. Hay una dualidad entre la traición y una súplica por creer en Dios. Down in it es una crónica acerca de madurar y convertirse en un adulto decadente. “I used to be so big and strong / I used to know my right from wrong / I used to never be afraid / I used to be somebody.”
En Sanctified hay una atmósfera de condena y castigo, como ser devorado por el desamor en un tormento de mil años. Something I Can Never Have es impactante, con un pulsante ciclo de piano y lírica traumática. Solo puede ser feliz en los brazos de alguien y sin ella su camino es morir.
Kind I Want To, Sin y That’s What I Get son canciones que reescriben el desliz de la lujuria y se rinden al placer sexual y las consecuencias de su exceso. The Only Time es vivir en el placer del pecado y Ringfinger es una figura invisible a la que nos esclavizamos. Musicalmente no ofrecen mucho y Reznor ha dicho que son temas para el olvido.
Pretty Hate Machine ha envejecido a pesar de que sus primeras cinco canciones se mantienen saludables. Es un disco para enamorarte de NIN, por su mensaje utópico, idealista y juvenil. El desamor en estado crudo y una vulnerabilidad temeraria es lo que embelesa. Reznor encanta por su lírica franca, iracunda y desmedida. Este fue el comienzo.











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