Necesitamos vidas sobre la roca

Hay muchos cambios, pero no para bien.

La Biblia dice que hemos olvidado la roca de nuestra fortaleza y por eso el mundo, que fue floreciente con economías y sociedades poderosas, hoy padece de raras enfermedades y dolor por las guerras, por los escándalos y por el odio que se manifiesta en la violencia y en el crimen organizado, pero hasta el deporte no puede decir que se ha salvado de los señalamientos por falta de justicia, es decir, dar a cada quien lo que le corresponde.

La sociedad va por el camino sin rumbo fijo, se ha dejado llevar por las olas embravecidas de la inconciencia, de la abstracción. No hay sustentación en la vida, nos hemos olvidado del Dios de la salvación y permitimos el ingreso de ideas y pensamientos que nos alejaron de la vida espiritual y nos acercaron a la material, que nubla la vista, endurece el corazón y lo llena de orgullo, vanidad y envidia, factores determinantes para crear maldad, si se puede crear.

Hay muchos cambios, pero no para bien porque no tenemos vidas sustentadas sobre la roca. Hoy parece el grito de la selva: sálvese quien pueda. A lo malo se le llama bueno, sino miremos que el diálogo desapareció y en su lugar apareció el lenguaje de las balas, hoy no se habla sino se tirotea, hoy los que están al margen de la ley tienen derechos prevalecientes sobre los demás, matan, roban, asedian. El orden natural de las cosas ha sido modificado. Se habla de un término igualitario, se propugna por la liberación del consumo de una droga a la que se le rebuscan propiedades curativas, hace poco se perdonó a futbolistas que dieron positivo porque se doparon para tener ventaja sobre el rival en un partido de fútbol.

Todo lo que sucede, y ahora no estamos lejos de saberlo y conocerlo por la difusión masiva y el avance tecnológico de la comunicación, es porque esta sociedad cambiante se alejó de su creencia principal y dejó que las corrientes filosóficas y sociales influyeran para que ya no se disciplinara a los hijos. Se construyó en la arena, los valores fueron arrastrados por una corriente de esnobismo y si no los retomamos por más que se madrugue, por más que se trabaje de noche no habrá satisfacción porque la preocupación y la tragedia seguirán dándole el rostro de llanto a la ciudad.  

Cuidemos a nuestra pequeña sociedad, inculquemos valores, sustentemos su vida sobre la roca de la fe, esperanza, amor, respeto y armonía.


Jorge H. López