Necesario paréntesis (II)

Si aquello se hubiera hecho,  se habrían fortalecido los aciertos y corregido los errores.

15) La decisión de Guatemala de convenir esta Comisión con la Organización de las Naciones Unidas fue una decisión valiente a la que muy pocos países en el mundo jamás se atreverían –quizá ninguno, incluidos los donantes–todos, absolutamente todos, sin excepción alguna susceptibles de precisar, en más de algún tema, de esfuerzos semejantes.

(16) Tal y como se habla erróneamente de la Comisión como una Comisión de las Naciones Unidas –que no lo es– también se habla erróneamente de esta como de una comisión contra la corrupción, palabra, la de corrupción ¡increíble, pero cierto! que no se menciona ni una sola vez en el tratado; tratado pensado, y así ratificado, para la defensa de los derechos humanos de grupos y aparatos clandestinos de seguridad que atentan contra los mismos, la desarticulación de esos grupos y aparatos y la persecución y castigo de los crímenes por estos perpetrados.

(17) La Comisión, desde el final de su tercera prórroga, empezó a preocuparse del tema corrupción y a desarrollar una lucha de resultados variopintos en contra de la misma, mediáticamente impresionante en algunos casos, como la renuncia y procesamiento de la vicepresidenta y del presidente de la República, ambos sin sentencia pero –desde hace más de tres años– en prisión preventiva; la detención y procesamiento de un expresidente de la República y de su Gabinete, en pleno, incluido quien fue su ministro de Finanzas Públicas, como consecuencia de haber sancionado y refrendado un acuerdo gubernativo en Consejo de Ministros por ser este inconstitucional –a criterio de la acusación– inconstitucionalidad que incluso, hasta la fecha, no ha sido declarada por tribunal alguno, libres y sin persecución –por el contrario– los empresarios que se habrían beneficiado del acuerdo, con defraudación del patrimonio del Estado y sin persecución alguna, para recuperarlo, la totalidad del dinero defraudado. Luces y sombras, entre estas últimas, la mediatización publicitaria de los casos y sus fracasos en acusaciones internacionales en España, en Austria e incluso en Suiza, donde se repite el proceso que instara, así como las detenciones rechazadas en España por considerarlas inconsistentes.

(18) La lucha contra la corrupción interesa sobremanera al Gobierno de la República y a todos los Guatemaltecos, y por ello, precisamente, fue por todos bien recibida y alentada, pese a no encontrarse
contemplada en el acuerdo.

(19) El acuerdo celebrado entre Guatemala y la ONU dista mucho de ser un acuerdo perfecto y, tan imperfecto es, que salta de su cláusula doce a la catorce (no contiene cláusula trece) pequeño error –podrá pensarse– pero que dice mucho de su cuido. Sin embargo, su mayor defecto no fue su redacción y contenido originales, sino el no haber previsto su modificación, importante modificación, por ejemplo como la de haber adicionado entre sus fines la lucha contra la corrupción y haberla dotado de todos los elementos necesarios para hacerla triunfar, necesariamente apolítica, como bien lo señalara la embajadora de los Estados Unidos de América ante la ONU, y realizada más como lo hace el FBI, en el sentido de que todos saben que hace su trabajo pero que no pretende acaparar las primeras páginas de los medios de comunicación social todos los días.

(20) Encantados estuvieron algunos funcionarios internacionales al visitar Guatemala cuando supieron de tantos detenidos por corrupción, pero quedaron escandalizados de inmediato cuando supieron que tan solo se encontraban en prisión preventiva, sin condenas y propiciándose, con tal medida, la percepción de una eficiencia inexistente.

(21) El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas y la rosca de funcionarios que constituyen su rosca (en todas partes se cuecen habas y la ONU no constituye excepción alguna) no son sino servidores de la misma, Organización integrada por los Estados miembro, uno de ellos, Gua-
temala, siendo grave la responsabilidad de ese secretariado y concretamente del secretario general, de no haber atendido la solicitud formulada por Guatemala a la Organización en agosto de 2017 –hace más de un año– cuando se le pidió NO la remoción del comisionado de la Comisión, sino la auditoría y evaluación de su mandato, aciertos y errores, evaluación y auditoría que, hasta la fecha, con la insolencia e ineficiencia que ello implica, no se ha realizado: Responsable directo, el secretario general, de que Guatemala, un año después de haber hecho aquel requerimiento y un año antes del vencimiento de la última prórroga, haya decidido y notificado a la Organización que ya no prorrogaría más su mandato, por lo que este, inexcusablemente, deberá concluir el 3 de septiembre de 2019, fecha en la que habrá de haber ya transmitido todas sus capacidades a nuestras instituciones ordinarias y finalizado su total desmovilización. También responsable directo, el secretario general, de que se haya decidido, adicionalmente, que no ingrese más al país el comisionado. Lo que la evaluación y la auditoría quisieron superar se encargó el secretario general,
–por culpa o dolo sea suyo o de su rosca– que no se superara. Si aquello se hubiera hecho, se habrían fortalecido los aciertos y corregido los errores; no se habría cerrado el camino para que otros Estados buscaran intentarlo y no se habría puesto en riesgo que el dinero de los donantes –el dinero de sus contribuyentes– pudiera dejar de alcanzar –al menos a plenitud– sus generosos objetivos, extremo este que, poco a poco, ya lo ha comprendido uno, llegarán a comprenderlo todos.

Continuará, “este largo paréntesis”.

Acisclo Valladares Molina