En la carta abierta a los maestros de Guatemala, la ministra de Educación, Anabella Giracca, llama a las cosas por su nombre, aunque moleste. Abarca todo, con firmeza y solvencia. Es un mensaje directo, franco y fehaciente, pero, sobre todo, empático. Solidario.
Condena las coacciones y falsedades del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Educación de Guatemala (STEG) y rescata el valor de los docentes de enfrentar las intimidaciones, que solo buscan irrespetar el derecho de niños y jóvenes a
acceder al conocimiento.
En cuanto a los engaños, recuerda que el referido gremio ha dicho que los libros de textos distribuidos por el Ministerio de Educación (Mineduc) incluyen contenidos relacionados con cuestiones de género, pese a que las iglesias católica y evangélica lo han negado. Es una mentira que quieren convertir en verdad con retóricas que pocos escuchan.
También refutan recortes en los programas de apoyo a la enseñanza o que exista un intento por reducir los derechos de los docentes. En el primer caso, los argumentos son contundentes, sobre todo cuando se compara la cantidad de escuelas remozadas durante los ocho años de los dos gobiernos anteriores
(12 mil 979), cifra que, en solo 16 meses, ya fue superada por la actual administración, pues se contabilizan 15 mil 472.
La entrega de la Alimentación Escolar ha sido puntual, con el agregado de que ahora se sirve en los establecimientos, algo a lo que se opuso el STEG, que demandaba que los víveres continuaran entregándose en bolsas. La mejora del Seguro Médico es tan elocuente, que ya ni siquiera lo incluyen en sus críticas.
Sobre los beneficios al magisterio, basta citar algunos. El aumento concedido, que cobra vigencia en junio, es superior al negociado por el STEG entre 2020 y 2024. Además, la contratación de maestros es más transparente y proba, tras eliminarse las ventanas que permitían la corruptela. Incluso, se empleará a docentes de educación física, algo que no ocurría en los últimos años.
El mensaje de la ministra no tiene desperdicio. Es solidario, en especial, para la gran mayoría de maestros que reafirma su compromiso con el aprendizaje. Tampoco obvia las consecuencias
disciplinarias que tendrán las ausencias injustificadas y los cierres de establecimientos, porque, como lo expresa Giracca: “La sociedad lo espera, la ley lo exige”.











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