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COLUMNAS

¿Matamos el “círculo interno” de la red de directorios?

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Erica Salvaj Carrera

Directora de Investigación, Facultad de Economía y Negocios 

Las redes de directorios se generan porque ejecutivos, accionistas, políticos y líderes de diversos sectores participan en múltiplesdirectorios de las empresas más grandes de Chile. Estos vínculos son una representación de la forma en que las élites se vinculan, creando un “círculo interno” de colaboración. 

La investigación y la experiencia muestran que este “círculo” facilita la colaboración y cooperación entre el sector público y privado, generando diálogo, confianza y un rumbo que alienta el crecimiento y la inversión.

Así lo manifestaba el director de un importante fondo de inversión local en el lanzamiento del Índice de Inversión Extranjera Directa en Chile de FEN UDD: “los inversionistas evalúan los niveles de colaboración entre los actores públicos y privados, como un signo positivo”.  Este “círculo” ayuda además a gestionar puentes entre el mundo financiero y productivo. Los directores múltiples que conforman el “círculo” son especialmente invaluables en tiempos de crisis, como el que estamos viviendo, porque facilitan el flujo de recursos financieros para crear nuevos negocios. También, los directores del “círculo” aportan una amplia perspectiva sobre múltiples industrias, empresas y prácticas gerenciales.

Ellos proveen acceso a información y conocimiento, lo que reduce la incertidumbre.

Ellos proveen acceso a información y conocimiento, lo que reduce la incertidumbre, ayuda a construir una visión amplia y sistémica de la realidad y permite elaborar mejores estrategias de negocios. Finalmente, impactan en los patrones de globalización de países, en el aprendizaje organizacional y en el prestigio de las compañías.

Sin embargo, este “círculo” también tiene una faceta negativa que debe contemplarse. Puede abrir la puerta al tráfico de información privilegiada, el oportunismo y la colusión. 

Las élites del “círculo” pueden influir a través de políticos y organizaciones no gubernamentales solo para su propio beneficio, afectando el funcionamiento del mercado. Por ello, el “círculo” debe ser monitoreado por organismos de control. 

Universidad del Desarrollo
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COLUMNAS

Innovar en la administración pública (II)

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Lic. Francisco Leal
Dirección de Investigación, DIADI/INAP
[email protected]

La innovación en materia de organización se debe derivar de los cambios que se generen al pasar de una gestión por funciones a una por procesos, pues en ella las unidades deberán ordenarse tomando como base los procesos sustantivos, de cuyas fases se deriva la división del trabajo o de funciones y se determina el rol de las unidades de apoyo y el tipo de direccionamiento estratégico que se requiere.

Esto significa que la estructura se organiza en función de los nuevos servicios o de las nuevas modalidades de estos, para garantizar que efectivamente se van a prestar en forma continua y sin ningún tropiezo organizacional.

Por lo tanto, innovar es algo esencial, pero que también se compone de múltiples elementos y áreas donde poder llevarse a cabo; sin embargo, para innovar es esencial tener buenas ideas como base, pero tambien hay que saber cómo estas se van a trasladar a todos los miembros de la institución y hacia la población para que sean aceptadas y puestas en práctica, lo cual implica que los innovadores públicos no solo deben conocer la teoría del cambio sino saber cómo gestionarlo.

Para innovar es esencial tener buenas ideas como base, pero tambien hay que saber cómo estas se van a trasladar a todos los miembros de la institución y hacia la población.

La OCDE (2019) indica que actualmente se vive un tiempo paradójico: la tecnología, la globalización y la turbulencia económica vuelven los retos modernos más difíciles y complejos que lo habían sido anteriormente.

Al mismo tiempo, estos retos demandan que el sector público genere cambios que van más allá del diseño de nuevas políticas, de la creación de nuevos servicios o de la redefinición de los procesos, pues se requiere no solo romper con los paradigmas dominantes sino avanzar en producir soluciones innovadoras que transformen significativamente el modo de pensar y actuar de las instituciones a fin de que sean generadoras de valor para los ciudadanos en forma tal que estos sean capaces de desenvolverse productivamente y modificar la situación en la que se encuentran para pasar a una condición social superior, pero sin perder de vista que forman parte de una sociedad y que deben contribuir para que esta sea más solidaria y responsable del bienestar colectivo.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Repensar la movilidad cotidiana (I)

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Juan José Pons
Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.

Al finalizar el verano comienza un nuevo curso académico y con él la movilidad en las ciudades alcanza su apogeo. La causa de esto son los denominados desplazamientos obligatorios, entendiendo por tales los de frecuencia diaria realizados por motivos laborales y de estudios, que son una parte fundamental del conjunto de la movilidad urbana y que durante los meses veraniegos se ven (obviamente) atenuados por las vacaciones.

Este tipo de viajes constituye, según las encuestas más recientes elaboradas en varias ciudades españolas, entre 40 y 50 por ciento del total de los desplazamientos urbanos. Por sus características, la movilidad ocupacional se resuelve en gran medida mediante la utilización del automóvil (en particular los movimientos laborales) y, además, con niveles muy bajos de ocupación en cada vehículo.

Como consecuencia de ello, la vuelta al trabajo y el comienzo de la actividad en los centros escolares suponen un incremento evidente del tráfico en las ciudades. Y con él llegan también el aumento de la contaminación atmosférica, el ruido, la congestión, los accidentes laborales ligados a desplazamientos (más de 75 mil al año en España) y otros muchos efectos indeseados causados por la movilidad urbana actual basada en el uso masivo del carro.

Se trata de un tema absolutamente central en el ámbito de la sostenibilidad
global.

Estas afecciones del intenso tráfico rodado de las ciudades suponen un riesgo para la salud de las personas, pero también para la propia salud del planeta, muy influenciada por lo que ocurre en los entornos urbanos.

No en vano, en las ciudades vive más de la mitad de la población del planeta y (según la Agencia Internacional de la Energía) en ellas se consumen hasta tres cuartas partes de la energía utilizada por el ser humano y se produce un 70 por ciento de las emisiones de CO2 lanzadas a la atmósfera.

A este respecto, viene bien recordar las palabras del que fue secretario general de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, Maurice F. Strong: “La batalla de la sostenibilidad se ganará o perderá en las ciudades”, lo cual parece cada vez más evidente, dado el creciente ritmo de concentración de población y actividades económicas en las áreas urbanas de todo el planeta.

A esa conocida frase añadió una coletilla que nos permite centrar la atención en el asunto del que trata este artículo: “La gestión de la movilidad urbana es lo que determinará quién ganará esa batalla”. Por tanto, la movilidad urbana no es solo un aspecto más del medioambiente de las ciudades, con alcance puramente local.

Al contrario, se trata de un tema absolutamente central en el ámbito de la sostenibilidad global, como lo demuestra el hecho de que el transporte es (con mucha diferencia) el sector de mayor consumo energético a escala nacional (44.9 por ciento y también urbana, muy por encima de la industria, el consumo doméstico, etc. Teniendo en cuenta que la movilidad sigue estando todavía ligada de forma abrumadora al uso de los derivados del petróleo, las consecuencias en lo que a contaminación atmosférica se refiere son evidentes.

Continuará…

Universidad de Navarra
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COLUMNAS

Educación inclusiva y equitativa,
de calidad

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Antonio Palma,
Voluntario asociado en comunicación, ONU Guatemala
[email protected]

¿Cuál es el primer paso para transitar a una educación inclusiva de calidad? En el marco de la Cumbre Transformando la Educación, que se celebró en la sede de las Naciones Unidas, he meditado sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, que habla sobre la educación inclusiva y equitativa de calidad.

Dicho ODS explica la necesidad de asegurar el acceso igualitario al sistema educativo a personas con discapacidad, pueblos indígenas y niños en situaciones de vulnerabilidad; también manifiesta la necesidad de construir o adecuar los centros educativos para que sean accesibles y seguros para los grupos ya mencionados.

Como podemos ver, la educación inclusiva debe ser el objetivo para lograr el pleno cumplimiento del ODS 4, esto se refuerza con marcos de derechos humanos como La Convención de 1960 de la Unesco contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza, la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad (CPD) y otras normas que señalan la importancia de no excluir ni limitar en el acceso a la educación a niñas, niños o jóvenes por su condición de discapacidad o cualquier otro motivo.

La educación inclusiva debe ser el objetivo para lograr el pleno cumplimiento del ODS 4.

Pero: ¿Cuál es el primer paso para transitar a una educación inclusiva de calidad? Uno de los primeros pasos es comprender la diferencia entre cuatro palabras clave: exclusión, segregación, integración e inclusión. De forma breve podemos decir que la exclusión es impedir o negar el acceso a espacios educativos a niñas, niños o jóvenes, mientras que la segregación ocurre cuando la educación se imparte en entornos separados, especiales para determinadas condiciones de discapacidad; es decir que personas ciegas estudien en una escuela y personas sordas en otra, apartados de estudiantes sin discapacidad.

Por otro lado, la integración se da cuando las y los estudiantes con discapacidad estudian en un centro educativo convencidos de adaptarse a los requisitos normalizados; en cambio la inclusión, según la Observación general número 4 de la CDPD, implica un proceso de reforma sistémica que conlleva cambios y modificaciones en el contenido, los métodos de enseñanza, los enfoques, las estructuras y las estrategias de la educación para superar los obstáculos con la visión de que todos los alumnos de los grupos de edad pertinentes tengan una experiencia de aprendizaje equitativa y participativa y el entorno que mejor corresponda a sus necesidades y preferencias.

Dicho en otras palabras, la educación inclusiva es aquella que permite a todas las niñas, niños y jóvenes estudiar en un mismo lugar, sin importar su género, discapacidad o pertenencia cultural, sintiéndose seguros e incluidos en todas las actividades educativas y, sobre todo, aprendiendo los contenidos académicos.

Otro de los pasos importantes que se deben dar es tener materiales accesibles y funcionales a todos los grupos; es decir, tener documentos en distintos idiomas, en braille, en lengua de señas y en formatos de lectura fácil que contribuyan a personas con discapacidad intelectual o baja visión.

Otro aspecto importante es que los centros educativos tengan accesibilidad en su estructura; es decir, que tengan rampas, guías en el piso y señalizaciones funcionales para todas y todos, que permitan desplazarse con seguridad y aprender con comodidad en las escuelas.

Es de suma importancia transitar de la educación especial a la inclusiva, aspecto que se puede lograr trabajando de la mano con los órganos encargados de emitir leyes, para transformar el sistema educativo y cumplir con el ODS 4.

Regresando a la Cumbre Transformando la Educación, es de suma importancia que para lograr cambios significativos podamos transitar a una educación que incluya a todas y todos sin distinción y que permita que las personas puedan acceder a los espacios y contenidos académicos sin barreras que limiten su participación. Para ello, es importante que los jóvenes, la sociedad civil, docentes, gobierno y otros trabajemos de la mano para no dejar a nadie atrás.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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