Como lo han expresado las autoridades del Ministerio de Educación (Mineduc), cada aula remozada trasciende la pared pintada o el techo sin goteras. Se trata de un asunto de fondo, el cual se relaciona con el respeto hacia miles de niños y jóvenes que merecen aprender en condiciones más dignas y apropiadas.
El programa de remozamiento impulsado por el Mineduc, que en 2026 implicará la inversión de Q750 millones y la intervención de 10 mil establecimientos, atiende una deuda histórica y pone en el centro de atención la dignidad hacia una comunidad, cuyo aporte es esencial en la construcción de sociedades más plurales y avanzadas.
La decisión gubernamental de priorizar escuelas vulnerables ante la temporada de lluvias también revela una comprensión básica, aunque sustancial: no se puede aprender bien en medio del riesgo. Cuando el agua ingresa a las cátedras o los tejados se desbaratan, el traslado de conocimientos pasa a segundo plano. Lo contrario ocurre si existen condiciones adecuadas (baños funcionales, techos firmes, servicios básicos), puesto que se evita la deserción escolar, la suspensión de clases y se crean ambientes propicios para el desarrollo integral.
Luego de dos años de esfuerzos firmes y continuos, los resultados comienzan a notarse. La reducción de centros afectados por las lluvias, en comparación con el año anterior,
confirma que el mantenimiento preventivo funciona. También demuestra que apostar por infraestructura es, además de una inversión, una estrategia que garantiza el aprendizaje y la permanencia escolar.
En este sentido, la comparación con administraciones del pasado resulta inevitable. Mientras el gobierno anterior intervino poco más de 9 mil escuelas en cuatro años, la actual gestión suma más de 21 mil en dos años. El contraste no solo es numérico, es de esencia y visión.
También es preciso advertir que el reto aún no termina. La sostenibilidad del programa es vital porque evitará que los centros vuelvan a caer en abandono. Tan crucial como la planificación es el papel asumido por las Organizaciones de Padres de Familia (OPF), que fortalecen el tejido comunitario y generan conciencia sobre la responsabilidad compartida que implica la educación.
Finalmente, valga decir que la dignificación de la enseñanza no se logra únicamente con reformas curriculares o discursos aspiracionales. Empieza por asuntos básicos: espacios seguros, limpios y funcionales que faciliten el crecimiento individual y colectivo. Apostar por escuelas dignas es, en esencia, construir un país que se toma en serio su futuro.











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