Comunícate con nosotros al 1590

COLUMNAS

Mártires (V)

Publicado

-

Fermín Torrano Echeandia
Revista Nuestro Tiempo

El mundo árabe lo aprecia, las retransmisiones se siguen en fruterías, restaurantes, tiendas de ropa y joyerías. La televisión enseña el cuerpo de un niño enterrado en ladrillos. Se escucha la respiración entrecortada de una carrera sin rumbo. El zoom de la cámara enfoca el rostro oculto por el polvo blanco. Las sillas de madera se retuercen en el Ramallah Café.

Una gota de cera cae en el asfalto de Tel Aviv. La antigua plaza de los Museos, ahora renombrada de los Rehenes, la ocupa una mesa sin comensales que honra con velas ardientes a los que no están. El mismo día, a medio centenar de kilómetros, la plaza Al Manara de Ramala celebra una vigilia por los mártires de Gaza. La noche oscura se ilumina con la luz de las velas.

Bring them home now! (¡Traiganlos a casa ya!), gritan unos. We’re not numbers! (¡No somos números!), claman los otros. En las concentraciones cambia el idioma, la ropa y el nombre del Dios al que se reza. Homenajes a los que no están en una lengua ajena.

La imagen que mejor define Tierra Santa estos días no es un muro, sino un espejo en el que dos pueblos se miran y señalan.

Nadie quiere ver al mundo olvidar a los suyos. “Todo en mí está tambaleándose. Es una crisis difícil de resolver. No entiendo a mis amigos extranjeros, temo a mis vecinos y me siento traicionada”, confiesa Sheli, voluntaria de las familias de secuestrados israelíes.

A sus 50 años ya no sabe qué pensar de Occidente y de su Gobierno. Del enemigo no duda. “Es una vida entera luchando por la paz y discutiendo en Israel, pero han llegado ellos con cuchillos y kalashnikov y lo han cambiado todo. Nos matan en nuestras casas, ¿y los culpables somos nosotros por el pasaporte que tenemos?”.

Dol arquea las cejas, mientras enciende una vela a su hijo Alaa, de seis años. “Los judíos nunca se sentarán en una mesa con nosotros para respetar nuestras peticiones. Quieren una única solución, ¡pero nunca renunciaremos a nuestro país! Los políticos decían que, si Arafat se marchaba, todo terminaría bien. Arafat se fue con Dios y nada cambió”.

Su esposa le pide contar su pasado militante. Dol luchó en la Segunda Intifada. Cinco años de violencia que dejaron miles de muertos y escenas como el asesinato de Muhammad al-Durrah, de doce años. La imagen de su padre tratando de protegerle con su cuerpo, y llorando desconsolado después con el cadáver entre las piernas, dio la vuelta al mundo.

La imagen que mejor define Tierra Santa estos días no es un muro, sino un espejo en el que dos pueblos se miran y señalan. La identidad, la religión, la política o el odio se alimentan de un conflicto interminable para el que se prepara a las nuevas generaciones a cada lado de la alambrada.

Donde unos ven el efecto colateral de la represión, otros las consecuencias de un castigo contenido. Si unos pelean por el futuro de su pueblo, otros por la existencia de su nación. A muchos les mueve la defensa de su fe, y de una tierra manchada con la sangre de sus antepasados.

“Israel busca que los jóvenes olviden la identidad palestina, y por eso nosotros debemos recordarles el significado de la ocupación”, dice Adam, con su hijo Marcel, de tres años, a hombros agitando una bandera palestina. “Tienen que entender que esta tierra es su tierra y que deben luchar para defenderla”. A poca distancia, Rehana pide que se escuche a la mayor de sus hijas. Hace nueve inviernos que regresaron a Cisjordania desde Estados Unidos. “Todos pelearemos hasta el final contra el ocupante. No me importa morir por mi país”, reconoce Manar. “Es mi gente y mi tierra, ¡no cabe la traición!”. Pronto cumplirá 18 años.

Un legado transmitido de generación en generación. Historias grabadas en la memoria colectiva de comunidades que han resistido la adversidad. Mientras el mundo cuenta muertos, Tierra Santa se ilumina cada noche en honor a los caídos. ¿Es posible el perdón? “Siempre es una posibilidad y una buena opción.

Primero tenemos que empezar por perdonarnos a nosotros mismos por la falsa sensación de seguridad con la que vivíamos. Una ilusión, responde Loben, descreído. Nuestro pueblo era uno de los más bonitos del mundo, y estoy seguro de que volveremos para rehacer los huertos y las casas. Eso será fácil. Reconstruir y rehabilitar nuestras almas será mucho más complicado. No estoy seguro de que vaya a ser posible.

Colaborador DCA
Seguir leyendo

COLUMNAS

¿Deep pocket en la jurisprudencia chilena?(I)

Publicado

-

Lilian San Martín
Profesora Investigadora del Centro de Derecho Regulatorio

La doctrina estadounidense ha acuñado desde hace algunos años la expresión jurisprudencia del deep pocket para aludir a ciertos casos en que se aprecia un especial favorecimiento a las víctimas de daños.

Según tal doctrina, el deep pocket se hace evidente en casos en que, si bien en estricto rigor no concurren los supuestos de la responsabilidad civil, igualmente se condena al demandado, lo cual fundamentalmente ocurre cuando (i) la víctima es “verdaderamente inocente” y, por lo tanto, genera empatía, o bien se trata de daño ambiental; (ii) los daños o la contaminación son graves; (iii) la indemnización no puede demandarse del verdadero responsable, porque no tiene suficiente dinero para pagarla o no sería posible enfrentar el problema a gran escala, y (iv) es posible argumentar que el daño era previsible para el demandado.

El demandante alega que el (deep pocket) demandado, por el hecho de obtener ganancias de su negocio, debe cargar con los costos del daño.

En tales casos, desde un punto de vista retórico, el demandante alega que el (deep pocket) demandado, por el hecho de obtener ganancias de su negocio, debe cargar con los costos del daño.

Aunque Chile no se ha teorizado al respecto, el análisis de la jurisprudencia evidencia que en muchos casos el resultado del juicio, esto es, la condena al demandado, depende más bien de consideraciones semejantes a las individualizadas por la doctrina del deep pocket y no de la concurrencia de los requisitos de la responsabilidad civil.

En particular, es posible constatar casos en que la razón subyacente de la condena parece ser que, de otra manera, la víctima no obtendría ninguna indemnización, pues carece de seguros destinados a cubrir su pérdida o bien el autor material del daño no está en condiciones de afrontar la indemnización, versus el demandado, que sí tiene fondos suficientes o bien cuenta con un seguro para ello.

En tal sentido, es posible mencionar algunos ejemplos:

  1. Guevara con Unifrutti: el primer caso trata de un trabajador encontrado muerto en una cámara frigorífera.

Continuará…

Colaborador DCA
Seguir leyendo

COLUMNAS

Libertad económica (II)

Publicado

-

Gonzalo Villalta 

Catedrático de Derecho Internacional Público

La conservación de la ley y el orden, la protección de la propiedad privada, la aplicación de las leyes, el cumplimiento de los acuerdos contractuales, la promoción de la competencia leal, la integridad del dinero, la liberalización del comercio y la provisión de un bienestar mínimo para una vida digna, todos ellos valores constitucionales determinantes para la preservación y promoción de la libertad económica. 

La autoridad pública tiene otra obligación fundamental: abstenerse en la medida de lo posible de una gestión demasiado estrecha de las vidas de los residentes como agentes económicos y de una intervención demasiado proactiva en el proceso de mercado a través de políticas macroeconómicas, industriales o de redistribución del ingreso. 

Sin libertad económica no puede haber prosperidad y sin prosperidad no puede haber estabilidad.

Ante este modelo político-constitucional prevalece lo individual frente a lo colectivo, el laissez-faire frente al intervencionismo, el emprendimiento frente al “bienestarismo”, la libertad frente a la igualdad.

Es destacable que aquellas sociedades con legado anglo-británico como es el caso de Singapur, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Irlanda, Australia, Canadá y, muy lógicamente, Reino Unido, son economías todas que, para el Fraser Institute, aparecen entre las diez más libres del mundo.

Ofrecen todas un mercado dinámico y diverso, creativo e innovador, emprendedor y seguro, donde sus residentes (individual y colectivamente) pueden ejercer su agencia económica, organizando sus talentos y recursos con la mayor libertad del mundo.

Para The Heritage Foundation, España no aparece entre las economías libres del mundo, ni siquiera entre las mayormente libres; sino entre las moderadamente libres. Sin libertad económica no puede haber prosperidad y sin prosperidad no puede haber estabilidad.

Colaborador DCA
Seguir leyendo

COLUMNAS

Terapéutico

Publicado

-

Mariona Gúmpert

Revista Nuestro Tiempo 

La palabra del año en 2023 fue polarización. Qué deliciosa ironía que hayaconsenso generalizado sobre la imposibilidad de un consenso generalizado. Recuerda a la socrática frase “Solo sé que no sé nada”, que, tomada en un sentido estricto, se invalida a sí misma. O, como dijo mi hermano cuando tenía trece años: “No es cierto que exista gente sin personalidad: su personalidad consiste en no tenerla”.

Aquí se demuestran los líos a los que conducen las interpretaciones literales o, en lenguaje de estar por casa, a dónde nos lleva mirar el dedo del sabio que apunta a la luna.

Por cierto, ¿por qué los jóvenes usan ahora la palabra literalmente cada dos frases? El otro día se la oí a mi hijo de diez años, ocasión que aproveché para explicarle la diferencia entre sentido figurado y sentido literal.

La he escuchado en todo tipo de contextos, usada más por mujeres que por hombres. Para nosotras, ir a clases de pintura, de escultura, aprender a coser o tejer, participar en un coro resulta terapéutico. 

No estaba muy por la labor de escuchar una lección de Lengua (quizá, que fueran las once de la noche no ayudaba), así que concluí aconsejándole que no usara literal y todos sus derivados. Me hizo caso (o me dio la razón como a los tontos, ya les contaré). 

Pero me desvío. En realidad, quería comentarles que la palabra del año, incluso de la década, debería ser terapéutico. Y no, no es que mi experiencia esté sesgada por estar rodeada de médicos en mi familia (precisamente estos no la usan demasiado de forma aislada, son más de “tratamiento de”, “manejo”, “terapia”, “ensayo terapéutico”). Tampoco estoy pensando en terapias psicológicas, tan en boga.

Apunto más bien a cuando se le encasqueta el adjetivo terapéutico a cualquier actividad relajante que nos saque de nuestra rutina habitual. La he escuchado en todo tipo de contextos, usada más por mujeres que por hombres.

Para nosotras, ir a clases de pintura, de escultura, aprender a coser o tejer, participar en un coro resulta terapéutico. Los hombres son más de desfogarse, de exorcizar el estrés en una media maratón, en clases de crossfit, cocinando carne en fuego auténtico o acumulando más kilómetros subidos en una bici que el coche de una familia numerosa.

En todo caso, estas actividades señalan a lo mismo, a saber, la necesidad que tenemos de suplir carencias o eliminar toxicidades, otra palabra de moda, que se usa igual para un roto que un descosido (hay personas tóxicas, comportamientos tóxicos, necesitamos eliminar toxinas de nuestro cuerpo y huir de ambientes tóxicos).

No me entienda mal el lector, no critico el fenómeno; simplemente, me llama la atención cómo nos referimos a él. Las palabras que empleamos condicionan nuestra forma de ver el mundo y viceversa: nuestros pequeños mundos condicionan nuestro vocabulario. A mi bisabuela Luisa le habrían resultado desconcertantes estas nomenclaturas.

Imagino que entendería el asunto con dos frases hechas: “Descansar es cambiar de actividad” y “Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo”.

Sería la suya una aproximación a lo terapéutico, si no fuera porque ella (y muchos otros) habrían dicho que su manera de exorcizar sus demonios e inquietudes consistía en recibir sacramentos, rosario diario y practicar obras de misericordia. 

Ayer asistí a mi clase semanal de cerámica; me gusta hacer cosas con las manos. Y me relaja, claro que sí. Estoy a dos sesiones de saber crear tazas y cuencos para el desayuno.

Comparto hobby con mujeres ya jubiladas, a quienes les hablé de mi desconcierto con el uso de la palabra terapéutico. Una me respondió a la navarra, directa y contundente: “Chica, es que estamos todos locos, no le des más vueltas”. Y sí, tiene cierta razón, solo que mi bisabuela más bien diría que la naturaleza humana está dañada por el pecado original. 

Podríamos lamentarnos de que muchos intenten sanar ciegamente una herida de esta magnitud a través de aficiones o filosofías zen. Prefiero enfocarme en lo positivo: cada vez son más quienes se dan cuenta de lo necesitados que estamos de terapia. Nos queda transmitir ahora que la mejor cura radica en la Buena Nueva.

Colaborador DCA
Seguir leyendo

Directorio

  • Dirección General: Carlos Morales Monzón
  • Coordinación General de Redacción: Miguel González Moraga
  • Coordinación de Información: Mario Antonio Ramos
  • Editores: Carlos Ajanel Soberanis, Jose Pelico, Erick Campos, Katheryn Ibarra y Max Pérez
  • Página Web: Isabel Juárez

©2024 Diario de Centro América - Todos los derechos reservados.