Oneida najarro
Subsecretaria de Comunicación
Todos estamos claros de la importancia de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes vayan a la escuela para adquirir conocimientos en áreas como matemáticas, lenguaje, artes, pensamiento crítico, resolución de problemas y creatividad, por citar algunos.
Los que tuvimos la oportunidad de pasar por las aulas desde pequeños guardamos los recuerdos de maestros y maestras, así como de compañeritos con los que crecimos juntos en la escuela, viviendo experiencias de angustia cuando se acercaban los exámenes, de emoción o frustración a la hora de recibir las calificaciones o de las carreras para tener a tiempo las tareas.
Además de esos vaivenes de la vida escolar, tan importantes son otras fortalezas que solo asistir a la escuela nos proporciona, como la convivencia, las habilidades sociales, interactuar, trabajar en equipo con los de la clase, desarrollar la comunicación, bromear, reír, escuchar y gestionar sentimientos.
Ni qué decir de cómo la educación en la escuela permite a la niñez descubrir sus talentos, intereses y pasiones y va facilitándoles herramientas para saber qué quieren ser en el futuro: arquitectos, abogados, médicos, músicos, veterinarias,
ingenieras, etc.
Quiero resaltar también lo fundamental que ir a la escuela brinda y es que los niños puedan jugar. A través del juego, ellos aprenden a resolver problemas, a expresar sus emociones y desarrollar esas habilidades sociales para la vida. El juego proporciona un descanso que les permite liberar energía y conectarse entre sí.
Ni qué decir de cómo la educación en la escuela permite a la niñez descubrir sus talentos, intereses y pasiones y va facilitándoles herramientas para saber qué quieren ser en el futuro: arquitectos, abogados, médicos, músicos, etc.
Da tanta alegría ver a los niños con una pelota haciendo una “chamusca” a la hora del recreo, jugando electrizados, saltando a la cuerda o practicando basquetbol, que no tiene nombre que se restrinja todo esto por intereses de unos cuantos maestros, que bajo el pretexto de “mejoras” estén privando a niños, niñas, adolescentes y jóvenes de acceder a este derecho.
Por si fuera poco, también se está limitando el derecho a la alimentación escolar, esa que se sirve en las escuelas y que los mismos padres de familia organizados en coordinación con el Ministerio de Educación preparan para que los niños reciban comida caliente en las aulas.
No es válido que un pequeño grupo de maestros sindicalizados, a quienes ya los tribunales les ordenaron que regresen a dar clases, continúen afectando los derechos de la niñez.
Este pequeño grupo ha dañado el patrimonio cultural, al haber permanecido en los alrededores del Palacio Nacional de la Cultura en champas, utilizando las banquetas como migitorios e impidiendo el paso peatonal. Se suma a su actuar la agresión a periodistas que cubrieron la desocupación que la Policía Nacional Civil hizo de ese espacio, los bloqueos que han hecho de carreteras, limitando la libre locomoción.
Lejos queda la letra del tema Maestro Camina, un canto que celebra la figura del docente que, con mochila al hombro, va bajo el sol hasta donde los niños lo esperan con ansias de aprender.
Claro está que los estudiantes de este pequeño grupo magisterial aún los siguen esperando.











Deja un comentario