Es cierto. Guatemala requiere, precisa, liderazgos honestos, íntegros. Ningún caudillo que aspire a un cargo público o privado o a una dirigencia gremial o partidaria puede sustentar su labor en engaños. En falsedades. No puede olvidarse que la autoridad también implica ser responsable con lo que se dice y se hace.
Francisco Cabrera, viceministro Técnico de Educación de la cartera respectiva, se preguntaba: “¿Cómo se puede mentir permanentemente?” Sobre todo, cuando se es descubierto. Puesto en evidencia una y otra vez.
Esa situación, que roza el descaro, solo es comparable cuando presuntos líderes sociales o políticos, en un arranque de falsa valentía, se dicen dispuestos a ser detenidos y llevados a la cárcel con tal de defender sus demandas. Cuando retan a la autoridad sabiéndose protegidos. Custodiados. Intocables por un sistema cooptado, al que le sirven y del que se sirven.
El Diario de Centro América está consciente del papel que juega en la sociedad. Asume su compromiso de informar, sin mentiras ni exageraciones. Esos principios, que rigen la labor periodística, obligan a fijar posiciones y esclarecer interrogantes.
Por eso dudamos de algunos argumentos que expone el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala (STEG) para manifestar y tomar las calles. Por ejemplo, la supuesta negativa de la administración del presidente Bernardo Arévalo de avanzar en el Pacto Colectivo. Eso no es cierto. Es inexacto. El Ministerio de Educación (Mineduc) ha dicho y reiterado su voluntad de concretar el acuerdo, siempre y cuando este sea financieramente responsable y no reste la autonomía administrativa que, constitucionalmente, tiene la referida cartera.
La dirigencia magisterial expone que el Ejecutivo ignora a los maestros y evita el diálogo. Incorrecto. De hecho, por lo menos tres veces a la semana se llevan a cabo conversaciones, una de ellas exclusivamente para avanzar en el citado acuerdo de condiciones de trabajo.
En fin, en un afán de imponer relatos o narrativas falsas, el STEG ha quedado expuesto. Evidenciado, como cuando representantes de las iglesias católicas y evangélicas, tras analizar los contenidos de los libros de estudio, desmintieran que esos textos promovieran ideologías de género.
La posición del Mineduc y del Gobierno es clara. Hay disposición de negociar un nuevo pacto colectivo, aunque respetando los principios constitucionales, las finanzas del Estado y el bienestar de los estudiantes. En dos platos, las puertas para una negociación auténtica
siguen abiertas, no para una concesión. De par en par, pero sin embustes, con diálogos francos y abiertos a los ciudadanos.











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