¿Estaremos condenados a vivir como tigres?
En ocasiones, las personas que hace algún tiempo dejamos atrás los treinta y nos encontramos en los cuarenta, contamos con una riqueza casi exagerada de experiencias producto del aprendizaje que deberían ser compartidas con las nuevas generaciones, pero que muchas veces se desvanecen con los años.
Para el efecto, cito una interesante conversación con un buen amigo, con quien recordamos cómo hace algunos años la comunicación entre los jóvenes era más personal y requería de buena cantidad de ideas y hasta agallas para poder llegar a hablar con una chica.
Al lograr acercarse, el hombre tenía que solicitar el permiso a los padres para llevarla a comer, momento para el que ya habían pasado semanas de cortejo visual y hasta momentos de coraje para hablarle a la jovencita que se pretendía.
No quiero sonar a abuelo, pues no cuento con la edad ni la experiencia necesaria, pero quiero dejar en claro que parte de la importancia de la comunicación se encuentra en la conducta humana, pues antes era necesario enfrentar directamente a otra persona para expresar sus ideas, mientras que ahora los adolescentes que inician a relacionarse entre ellos, simplemente con un botón dicen “te quiero conocer” y la otra persona acepta.
Lo preocupante es cuando nuestros jóvenes salten al mercado laboral y en países tercermundistas como el nuestro, que la moda de la tecnología no está a la altura de otros que contratan a sus empleados en línea. Entonces, qué pasará cuando algunos de nuestros jovencitos tengan que enfrentar una entrevista de trabajo y vea a aquel empresario que lo cuestione de sus intenciones laborales, recordando a aquel padre de familia de nuestros tiempos que hacía una serie de cuestionamientos para determinar las intenciones del jovencito que, más nervioso que contento, pretendía escapar de aquella casa, pero con un coraje casi de acero hacía frente al reto.
¿O será que en algunos años las entrevistas de trabajo serán tan impersonales que ya ni la cara se le conocerá al jefe? Pero lo más desafiante será aprender a conocernos en persona, pues la interacción personal nos hace diferentes en el reino animal; ¿o será que nos estamos sofisticando tanto que el individuo del futuro será el símil de un tigre destinado por su propia naturaleza a la soledad permanente? Qué bueno que mis ojos no lo verán, porque sería un aburrimiento total.











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