Los abrazos

El gregarismo caracterizó a los homínidos, precursores de la humanidad. Agruparse en manadas, para no ser aniquilados, constituyó su gran éxito. Como consecuencia, lo social, junto con lo racional, condujo a los seres humanos a erguirse en lo que potencialmente son, en seres de innumerables posibilidades que construyen sus vidas.

El calor humano, la compañía, el contacto físico, la cercanía con sus semejantes, gradualmente afianzaron sus relaciones personales, donde la razón fue parte determinante para su desarrollo, como también sus emociones. Fue así como los seres humanos se solidarizan, quieren, aman, ríen, se abrazan.

La singular criatura que examina lo que ha visto encontró contradicciones externas que la impulsaron a buscar formas eficientes para su permanencia en el planeta. La creatividad y el asombro catapultaron su inventiva, imposible de lograr sin el concurso de los otros. Y así como en los animales superiores el contacto físico es relevante, en igual forma para el humano, sin lugar a dudas, determinó lo que es.

Se cuenta la historia de que un jeque árabe pretendía demostrar que los niños al nacer ya traen el lenguaje incorporado, que no hay necesidad de enseñarles las palabras para que elaboraran un lenguaje articulado, un idioma que les permita comunicarse, y ordenó que se hiciera un experimento con un número determinado de recién nacidos. Dispuso que se ubicara a los bebes en un salón,  al cuidado de nodrizas, las cuales tenían por función alimentarlos, asearlos, pero no se les permitió que los tocaran.

Cada una de sus cuidadoras tenía el rostro cubierto, así como brazos y manos. Día a día las nodrizas alimentaron a los pequeños y los limpiaban sin mantener contacto físico con ellos, uno a uno fueron muriendo hasta fallecer el último, poniendo fin a tan execrable fatal experimento. El ser humano requiere de mucho más que satisfacer sus necesidades biológicas, requiere también de que le hablen, le den calor humano; necesita del contacto con otro ser que le provea compañía y le dé la seguridad de que no está solo. Una mirada tierna, una sonrisa a tiempo, un abrazo puede regocijar más que cualquier regalo ostentoso.

Cuántas veces se requiere de un abrazo, de un beso, para sentirnos realmente humanos; para recuperar la confianza y continuar viviendo dentro de las adversidades que por momentos nos agobian en la vida. Cuántas veces sobran las palabras, y con el calor que proporciona un abrazo se recupera la vitalidad que nos es necesaria para existir.

Los abrazos pueden darse por diversas causas, motivados por muchas razones y en distintas ocasiones. Hay abrazos filiales, de cariño, de amor. Abrazos fraternales, con ternura, con pasión. Abrazos de bienvenida, espontáneos abrazos de calor humano, de compañía, abrazos para decir te quiero, te amo, te necesito; abrazos de reencuentro y de despedida. Un brazo dice más que las palabras.

Jairo Alarcón