Las tareas y la evaluación en la escuela primaria

El sistema educativo nacional tiene un currículo nacional base que plantea los accionables y lo que esperamos alcanzar como perfil de egreso en cada uno de los niveles. Hay muchas aspiraciones en dicho instrumento; sin embargo, en donde realmente se materializa el currículo es en el aula, y quien en última instancia lo hace es el maestro; por eso, el factor más importante en la mejora de la educación y en la calidad de lo que se ofrece en la escuela es el docente. Los sistemas educativos exitosos tienen algunas características muy particulares que vale la pena ir señalando y reflexionando: en los primeros años de estudio de la educación llamada primaria-primero a tercer grado no se aplican evaluaciones con fines de promoción.

Indudablemente, este tema genera una discusión entre los que creen que la evaluación es la forma más adecuada de saber cuánto sabe un estudiante, y a partir de ello hacer la promoción entre un grado y el otro, y quienes piensan que  a los niños pequeños no tienen por qué hacerles sufrir, siendo sujetos de los procesos que implican resultados cuantitativos. La promoción entre un grado y otro debería ser en función del alcance de las competencias básicas, pero en esos tres grados iniciales podría ser que nadie repruebe y que todos promuevan, sobre todo en una realidad como la nuestra, en donde la reprobación en estos primeros años está asociada con la no continuidad en la escuela, y los niños que reprueban en sus primeros años tienen menos probabilidades de continuar sus estudios; es más probable que deserten.

Por otro lado, las tareas escolares han sido otro aspecto que en los sistemas educativos exitosos ya no existen o existen muy poco, también aquí se puede generar un debate, en dirección a quienes creen que las tareas escolares son la panacea y que son un buen complemento para el trabajo del profesor en la clase y los que no creemos que las tareas sean lo más adecuado. Las tareas le quitan al estudiante una oportunidad propicia para disfrutar con mayor tranquilidad de su estancia en la escuela y en su casa; por otro lado, no siempre son los niños los que elaboran las tareas, son los adultos. La función de la escuela va más allá del resguardo y los cuidados de los niños, generar aprendizajes y pasar gratos momentos en una socialización clave con sus pares niños de la misma edad, eso no tiene precio, el aprendizaje que se genera en ese ámbito es algo extraordinario. De igual forma, el tiempo en familia genera grandes ventajas y beneficios; el afecto de los padres, la comunicación con ellos y la relación con la familia tienen un gran impacto en la vida de los niños, por lo cual, en la medida en que la escuela sea la institución propiciadora de aprendizaje para la vida, para la plenitud, para la armonía y para la felicidad, en esa medida la educación será cada vez la educación que queremos.

Oscar Hugo López