Las máscaras de la desinformación

De la noche a la mañana, con etiqueta de novedad surgió el término fake news, pero la práctica que implica es tan antigua como las relaciones humanas.

Y es que desde tiempos inmemoriales diseminar mentiras ha sido un recurso empleado de generación en generación por grupos ligados a las distintas manifestaciones del poder.

Para ampliar los alcances, conforme los medios de comunicación se fueron desarrollando dieron margen a que expertos en la manipulación los utilizaran para sus objetivos de dominación.

En ese marco, porque se contrapone a lo aludido, adquiere valor el dicho “la información es poder”, el cual se atribuye a Francis Bacon, Thomas Hobbes y David Hume, entre otros pensadores.

Vemos entonces la trascendencia de los medios de comunicación, en especial: la radio, la televisión y los periódicos, pues desde siempre convergen en ellos información y desinformación.

Confluyen porque al ser herramientas estratégicas buscan ser penetradas por quienes tratan de imponer intereses políticos y económicos, principalmente.

Ahora se han incorporado las redes sociales y no solo se han sumado sino que paulatinamente han venido incrementando su relevancia hasta el punto de restársela a los espacios periodísticos.

Tal situación ha generado que sea una constante “la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales”.

Lo entrecomillado corresponde a la definición de posverdad, palabra que precedió a fake news y que como la seca mentira, la artera tergiversación o la sutil manipulación encuentran su campo de incidencia donde el criterio racional es limitado o poco estimulado.

Respecto del ejercicio periodístico sus protocolos de actuación determinan que antes de publicar se debe verificar la certeza de los hechos y de quienes participan. Sin embargo, la competencia con las redes a no pocos los está llevando a perderse en la inmediatez y a correr graves riesgos.

Frente a ese panorama es certera y una luz la afirmación de Winston Churchill: “el auténtico genio consiste en tener capacidad para evaluar la información incierta, aleatoria y contradictoria”. Así que cuando lea, vea o escuche, tenga en mente el enunciado del estadista británico; no se arrepentirá.

Héctor Salvatierra