Las fake news

A la teoría del rumor, periodísticamente estructurada se le llama hoy día fake news. Su traducción literal es: noticia falsa. El rumor tiene sus orígenes desde que el ser humano no pudo explicarse racionalmente un hecho o fenómeno, acudiendo a fuentes mitológicas, como asidero para sustentar sus verdades. El rumor, si bien puede contener elementos verdaderos, carece de contexto, por lo que se maneja como verdades a medias o falsas versiones de un suceso.

Pero del rumor a las fake news hay un gran salto. En estas últimas se elabora, con criterio periodístico, una noticia cuyo contenido es totalmente falso. Generalmente estas notas tienen un objetivo muy preciso: desprestigiar a un personaje o, bien, elevarle el perfil a alguien. De ahí que pueden trabajarse en estas dos direcciones. Los expertos en propaganda negra acuden casi siempre a estas argucias políticas; y usando las reglas básicas de la orquestación y el enemigo único, han producido daños irreparables en la imagen de sus víctimas.

Actualmente, con el desarrollo de las redes sociales, las fake news aparecen generalmente como noticias falsas cuyo origen se pierde en el anonimato, pero el contenido siembra la duda en el lector, produciendo verdaderos cambios de opinión en favor o en contra de alguien. Por supuesto que no solo en las redes sociales se transmiten noticias falsas. Las hay en otros medios, como la prensa escrita, la televisada y la radial.

Paralelas a las fake news existen algunas secciones de periódicos que publican información cuyo formato no suele ser periodístico, sino simples comentarios con contenido tendencioso contra funcionarios y otros personajes públicos. En tiempos del pasado conflicto armado guatemalteco, algunos directores de medios recibían información falsa del ala más conservadora del Ejército, con el encargo de ser publicada. Actualmente esta práctica ha ido desapareciendo, aunque todavía “se filtran” rumores a medios periodísticos que destinan parte de su mancha impresa a manejarlos, generalmente con intereses creados.

Por supuesto, la prensa seria no da cabida a las fake news porque considera que dañan su reputación y confunden a sus lectores. Ante una noticia aparentemente falsa, un medio profesional obliga a sus periodistas a contrastar los datos con otras fuentes dignas de todo crédito e, incluso, realiza esfuerzos suficientes para contactar a posibles implicados, a quienes podría perjudicar la difusión de un hecho. Esta manera técnica y profesional de enfrentar rumores creados por partes interesadas ha dejado a buen resguardo la credibilidad de algunos medios, que aún consideran la ética como su principal fuente de orientación periodística. Los demás son mercenarios de la información; cobran jugosas prebendas por difundir hechos falsos, aunque con ello atropellen las elementales normas éticas y el derecho ciudadano a una información veraz, objetiva y periodísticamente balanceada.

Carlos Interiano