La Tierra

La Tierra constituye el tercer planeta del sistema solar que, tras una serie de peculiaridades azarosas, se constituye en el único planeta, que gira alrededor del Sol, que posee múltiples manifestaciones de vida y entre estas, a la especie que se yergue en esencia, como el ser racional por excelencia: el

Homo sapiens.

Su posición como planeta, dentro del sistema solar, su tamaño, la fuerza gravitacional que posee, sumado a la Luna, su único satélite natural, determinaron, entre otras cosas, las condiciones para que surgiera la vida, en el cual el hidrógeno y el oxígeno jugaron un papel preponderante. Factores físico-químicos se confabularon para que fauna y flora se expandieran por todos sus confines constituyéndose como el Planeta Azul.

Largos procesos de síntesis, que se traducen en evolución, dieron por resultado miles de millones de especies de seres vivos donde lo nuevo, las especies que mejor se adaptaron, aniquilaron a lo viejo, a las especies que no pudieron hacerlo. Dentro de ese laboratorio natural que Darwin llamó selección natural, los seres humanos se consideran amos y señores del planeta.

Aunque algunos no lo comprenden y acepten, existe una simbiosis entre los seres humanos y el resto de seres vivos que indudablemente tienen como medio de enlace a la

Tierra. Madre Tierra que en maya mam Qtxu’ Tx’otx’, mientras que en maya k’iche’ constituye Qanan Ulew y para los incas,

Pachamama.

Múltiples culturas honran a la Tierra como la madre de toda existencia; sin embargo, en los actuales momentos, está siendo socavada por algunas personas que ven en esta, simplemente un medio para aumentar su riqueza y poderío.

Para estos, no existe respeto alguno a la naturaleza y lo que esta representa e, irracionalmente, están confabulados en su aniquilamiento.

Lejos está la comprensión de que la especie humana, al igual que toda la fauna y flora existente, dependen de la conservación y cuidado del planeta.

Se dice que la especie humana es la única que puede pensar, solo esta posee conciencia, pero lamentablemente no hace uso de tales facultades.

Determinados sectores de la humanidad se han constituido en irracionales depredadores de fauna y flora, se han convertido en destructores del mundo.

La industrialización y con esta, el capitalismo salvaje, para quien es más relevante el tener y consumir, centra su atención en el dinero, no siendo importante la contaminación de océanos, lagos y ríos, mucho menos el exterminio injustificado de animales.

Es el momento de que la racionalidad impere, que comprendamos que el fin de la Tierra constituye el fin de toda especie viviente en el planeta y desde luego, el de la especie humana.

Jairo Alarcón