La singular designación del Rector carolino

Después de, en el caso de 2 de los 3 aspirantes, una despilfarradora campaña proselitista, entre hoy, mañana y el viernes se realizarán los comicios para Rector de la Universidad de San Carlos.

Como la primera casa de enseñanza superior y la única pública del país, autónoma desde 1944, la USAC merced al artículo 82 constitucional incide en el funcionamiento del Estado a partir de su presencia en comisiones de postulación y delegados en 130 espacios de discusión nacional.

Precisamente, lo expuesto en el párrafo anterior implica que, por encima de su objetivo principal: el desarrollo académico, las autoridades carolinas se ocupen más de alcanzar y mantener el poder.

En ese marco, decidir quién ocupa el cargo de Rector es una ficción del ejercicio del sufragio y una práctica a todas luces antidemocrática, como consecuencia de que las leyes actúan cual letra muerta e ignoran los cambios y las novedades que ha venido trayendo el recorrer de los años.

Y es que, un reglamento de mediados del siglo pasado determina que solo tienen derecho al voto estudiantes y catedráticos de 10 facultades, no así las y los de 11 escuelas y 22 centros regionales creados sin que alguien reparara en aquello de “hecha la ley, hecha la trampa”.

Mientras ocurre esa discriminación, se propicia la participación de los 14 colegios profesionales, es decir, al tiempo que se margina a quienes todos los días están en la U, se abre la puerta a quienes regresan solo porque la inercia los lleva a la cumbre.

Sobre el particular, el químico farmacéutico César Antonio Estrada Mendizábal publicó en Nómada un interesante análisis, en el cual detalla que apenas el 21 por ciento del profesorado puede votar, en tanto que la marginación legal deja fuera al 43 por ciento de alumnos

Otros pelos en la sopa, piojos incluidos, son el acarreo que emula los comicios generales, la coacción y la compra-venta de votos sustentada en el ofrecimiento de privilegios individuales que terminan dañando el beneficio colectivo.

Tales incoherencias no deberían ocurrir tratándose de un evento cuyo fin tendría que ser el fortalecimiento de la formación social, humanística y tecnológica; sin embargo, las experiencias electorales han dejado más frustración que ilusión.

Así las cosas, las y los electores integrados en los 34 cuerpos surgidos del proceso que da cabida a 5 alumnos e igual número de catedráticos de cada una de las 10 facultades, más 70 egresados, serán entonces los que definirán la inclinación de la singular balanza.

Héctor Salvatierra