La seguridad de los periodistas (II)

Cuando me encontraba pensando en escribir la segunda parte del tema, me entero de la muerte del periodista nicaragüense Ángel Gahona. Busque información y encontré el video (último filmado por él). De inmediato vino a mi mente el asesinato de Roberto Martínez (reportero gráfico de Prensa Libre). En similares condiciones. El colega guatemalteco cubría una de las protestas más violentas del transporte urbano en el año 2000. Compañeros le filmaron a Gahona cuando grababa y narraba su primicia, se escuchó el sonido del disparo y se desplomó.

Así lo hicieron con Roberto, con la diferencia de que en esta ocasión fue una secuencia de fotos que quedaron en el recuerdo de aquel asesinato de un amigo y compañero periodista. La intrepidez en ciertos momentos se convierte en vulnerabilidad para el reportero. Por supuesto, si pensamos en la frase desgastada por los abuelos y que continúa manifestándose en la actualidad: “Cuando nos toca, toca”, no habría por qué tomar medidas de precaución y seguridad durante el trabajo periodístico.

El problema es que no sabemos cuándo será el día, la hora y el lugar para dejar la vida. Es por eso que no está demás asumir ciertas consideraciones y autoreglas de conservación para poder desafiar la muerte y continuar en la batalla. Muchos de los que hemos hecho periodismo de la calle, recordamos amargas experiencias. Sustos que se han convertido en historias para contar. Hechos impactantes que han dejado huella. Los que tuvimos oportunidad de cubrir momentos difíciles del conflicto armado en los años 80, tenemos imágenes duras que jamás se olvidarán, y eso ha servido para dejar consejos, recomendaciones a las nuevas generaciones de periodistas que todos los días visitan las fuentes de información.

Siempre pienso en mis hijos. La recomendación antes de salir de casa es con cuidado, la valentía y el coraje para ganar la primicia de una noticia no vale lo que cuesta una vida. De algo sirve, porque la experiencia me dice que esa osadía es difícil dejarla quieta, más cuando se trata de un periodista de sangre. Las veces que he tenido oportunidad, le he explicado a los alumnos con gráficas conceptuales sobre el trabajo arriesgado del reportero.

Mientras las personas buscan escapar del peligro en cualquier incidente delicado o siniestro natural, el comunicador va, se mete y busca el núcleo central del acontecimiento para llevar lo mejor a la redacción. En la primera parte del presente tema cerré con la frase: “Las amenazas llegan por cualquier parte, porque es el indicador del efecto que ocasiona el trabajo investigativo realizado”. Ahora le agrego otro de los peligros que enfrenta el periodista. No es solo por el tema que escribe o como lo redacta y presenta. También hay peligro en la cobertura de la noticia.

Los riesgos son inminentes, si el medio de comunicación para el que se trabaja no da la seguridad correspondiente, no queda más que autoprotegerse, mientras llegan los seguros empresariales, mejoras salariales, pensiones vitalicias y los planes de protección. La vida del periodista y su familia siempre estará en riesgo.

Rolando Castillo