Frank Gálvez
Locutor y Escritor
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Solo mediante el acto continuo de hacer el bien uno se vuelve verdaderamente bueno. Esta verdad, sencilla en su formulación, pero profunda en su consecuencia nos recuerda que la virtud no es una cualidad inamovible, sino un entrenamiento del alma. Así como el cuerpo crece mediante el ejercicio, también lo hace el espíritu mediante actos de generosidad, perdón y compasión.
Un corazón árido, aislado de las alegrías y las tristezas del mundo, se vuelve impermeable a la belleza, la verdad y la fe. Las emociones, como los ríos, deben fluir para mantenerse puras. El estancamiento genera contaminación, y esta, a su vez, indiferencia. El corazón debe ser conmovido por los contrastes —placer y dolor, esperanza y pérdida, caridad enfrentada con silencio—, pues en esta tensión es donde despierta la sensibilidad. Como escribió John Keats: «¿No ven cuán necesario es un mundo de dolores y dificultades para educar la inteligencia y convertirla en alma?».
«Todo el poder, la pureza y la grandeza: todo está en el alma». Swami Vivekananda
Esta sensibilidad no es fragilidad; es fuerza refinada por la misericordia. Es el discernimiento la percepción serena del alma— el que se convierte en la raíz del conocimiento y el alma de la fe. Un espíritu inconmovible es un alma dormida, y ninguna doctrina ni intelecto, por precisos que sean, puede sustituir la calidez de la experiencia sentida. La bondad, entonces, no es simplemente la ausencia de perjuicio. No basta con decir: «No he hecho nada malo». También debemos preguntarnos: «¿He hecho lo correcto?». Abstenerse del mal es el fundamento de la justicia, pero actuar con amor es su plenitud. Como observó William Alger: «La riqueza de un alma se mide por lo mucho que puede sentir; su pobreza, por lo poco que puede «. Solo sembrando bondad se puede cosechar gracia.
Por lo tanto, que tu bondad sea una labor diaria, no un rasgo pasivo. Deja que purifique tus sentidos y abra tu corazón, para que incluso el dolor te enseñe belleza y de esta forma cada acto de bondad se convierta en una puerta a la verdad.











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