Claudinne Ogaldes
Secretaria Ejecutiva de Conred
El sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta principalmente a la niñez, se ha convertido en una preocupación creciente a nivel mundial, y Guatemala no es la excepción. Ante este escenario, es fundamental fortalecer una cultura de prevención que permita reducir el impacto que esta enfermedad ya está generando en nuestro país.
El sarampión se transmite fácilmente a través de secreciones como la saliva, el moco o pequeñas gotas expulsadas al toser o estornudar. Incluso, el virus puede permanecer activo en el aire hasta por dos horas, lo que incrementa significativamente su capacidad de contagio. Durante los primeros 10 a 14 días de la infección, la persona puede transmitir la enfermedad, muchas veces sin tener plena conciencia de ello.
Los síntomas suelen aparecer en dos fases. En una primera etapa, de dos a tres días, se presentan fiebre leve o moderada, tos seca persistente, secreción nasal, irritación ocular y dolor de garganta. Posteriormente, surge una segunda fase caracterizada por un salpullido que inicia en el cuello y se extiende al tórax y extremidades, acompañado de fiebre alta que puede alcanzar entre 40 y 41 grados centígrados.
Frente a esta situación, la información oportuna, clara y basada en fuentes oficiales es una herramienta fundamental. Es indispensable atender las recomendaciones emitidas por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, Cruz Roja Guatemalteca, Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y la Secretaría Ejecutiva de la Conred evitando la desinformación que puede complicar la emergencia.
Reducir el impacto del sarampión depende no solo del trabajo institucional, sino de la población.
Desde el Sistema Conred, la respuesta se ejecuta de forma organizada y escalonada, conforme a lo establecido en el Plan Nacional de Respuesta. Este trabajo se articula a través de las Coordinadoras Locales, Municipales y Departamentales para la Reducción de Desastres que permiten llevar información mediada, accesible y culturalmente pertinente a cada comunidad del país.
Este enfoque territorial es clave, pues garantiza que las acciones de prevención, educación y respuesta lleguen de manera efectiva a todos los niveles, especialmente a las poblaciones más vulnerables. A través de estas coordinadoras se promueve la comunicación directa con líderes comunitarios, autoridades locales y población en general, fortaleciendo la capacidad de respuesta y contribuyendo a reducir las estadísticas de contagio de sarampión.
No obstante, es importante recalcar que, aunque las instituciones trabajan de manera coordinada, el actor principal en esta emergencia es cada persona. La capacidad individual de informarse adecuadamente, seguir instrucciones y adoptar medidas de prevención es determinante para contener la propagación del sarampión.
Entre las principales recomendaciones para evitar contagios, se destaca que, ante la presencia de síntomas, las personas deben permanecer en casa, evitar el contacto con otros y desechar adecuadamente los pañuelos o materiales utilizados al estornudar o sonarse la nariz, colocándolos en bolsas cerradas. Asimismo, es fundamental evitar el contacto con personas no vacunadas y reforzar las medidas de higiene.
Los grupos más expuestos incluyen a personas no vacunadas, personas que padecen enfermedades crónicas, personas con desnutrición y niños menores de 1 año, quienes requieren especial atención y protección.
El momento actual exige responsabilidad, solidaridad y compromiso colectivo. Reducir el impacto del sarampión en Guatemala depende no solo del trabajo institucional, sino de la participación activa de toda la población.
Porque ante el sarampión, la prevención es tarea de todos.











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