La necesidad de dignificar a los docentes

Existe una mala percepción con relación a que los docentes nomerecen nada, su nivel de formación es bajo, no llegan a trabajar y si lo hacen, su metodología es caduca, dicen que los docentes son los mejor pagados y que solo para protestar sirven. Hay personas que se expresan de una forma muy negativa acerca de ellos.

Hoy quiero generar un debate sobre ese tema, empiezo por señalar que, como en todo trabajo, hay personas que se desempeñan excelente, otras aceptablemente y algunas mal. No encuentro una profesión en la que todos sus miembros se desempeñen en forma excelente. En el sector oficial de educación en Guatemala hay 134 mil trabajadores, y se puede decir, que en este sector tan grande e importante podemos encontrar de todo. Nuestro sistema educativo presenta graves deficiencias en aspectos como infraestructura, mobiliario, equipo, materiales y otros insumos básicos para desarrollar los procesos educativos en forma adecuada.

Sin embargo, a pesar de esas condiciones, los docentes hacen lo mejor que pueden para lograr desempeñar su trabajo con responsabilidad, creatividad y calidad. Un profesor de primer ingreso tiene un salario de Q 3mil 135.56 con descuentos y luego de 25 años de trabajo podrían duplicar su salario. Ese es un salario que no cubre ni la canasta básica. Para un profesional que está dedicado a formar a los niños y jóvenes que se convertirán en el futuro en ciudadanos, es un salario con verdaderos inconvenientes para lograr una vida digna.

Los docentes son los profesionales más importantes en una sociedad, ellos son quienes se encargan de formar capital humano, de ellos depende el futuro en gran medida de la sociedad. Por ello, necesitamos docentes bien formados, motivados para hacer su trabajo, que sean valorados y reconocidos, con un salario que les permita vivir con dignidad.

Hace algunos años haciendo un trámite en una dependencia del Estado, la persona que me atendió me dijo: “Hagan algo por los docentes para que cambien el estilo de vida de pobreza que viven muchos de ellos, la imagen que tengo del docente es aquella, en la que su día empieza muy temprano, sube a la camioneta, desayuna en ella, sale del centro educativo en donde trabaja, toma otra camioneta rumbo a otro centro donde imparte docencia en la jornada vespertina o nocturna para reunir otros ingresos, come otro pan. Sale en la tarde hacia su casa, llega a altas horas de la noche, califica, descansa un poco, y en la madrugada inicia otra jornada igual.” Me decía: “Los maestros deben ser dignificados, no son cualquier cosa. Ellos son los constructores de una sociedad con conocimientos.

Hagamos esfuerzos para generar una forma respetuosa de ver en el país a los docentes”.

Oscar Hugo López