La ingratitud de los linchamientos mediáticos (Parte II)

Los linchamientos mediáticos son exactamente iguales que cualquier otro linchamiento: la condena del ser humano, sin posibilidad alguna de defensa.

La turba quema a un ser humano o destroza ¿Acaso no es lo mismo? su prestigio. ¿Cuál, la diferencia? Conferencias de prensa que crean el ambiente propicio para la vindicta pública y la condena de los jueces.

Cuando llega el ser humano al l tribunal –tal la fuerza de la acusación mediática– lleva ya a cuestas su condena.

Todas las personas son susceptibles de sufrir los efectos –en muchos casos devastadores– de una acusación mediática, acusación que puede acabar con el prestigio de una persona con total y absoluta independencia del resultado del juicio que –el agua derramada– ya no se recoge.

De qué podría servir la absolución, si ya linchado. Vulnerables todos ante la acusación mediática y más todos aquellos cuyas vidas se encuentran ligadas al prestigio.

El antejuicio puede llegar a ser –en vez de un privilegio–  una carga muy pesada puesto que en aras de proteger el ejercicio de la función pública–irrenunciable, como– impide defenderse.

Cuando Procurador General de la Nación y Jefe del Ministerio Público pedí –por razón de Estado– que se declararan con lugar los antejuicios que fueron promovidos en mi contra para que, así –sin privilegio alguno pero, también,  sin cortapisa alguna– tuviera la posibilidad de defenderme y demostrar, en juicio, todo cuanto debía demostrar. Pude evitar –así sometiéndome a juicio– el linchamiento mediático y dejar en ridículo –y frustrados– a todos aquellos que quisieron acabarme y que creyeron que me iba a cubrir con la chamarra del antejuicio con la que otros se cubrieron. En mi caso –por muy especiales circunstancias– enfrentar el juicio era absolutamente inevitable para evitar ese linchamiento. Aquellos frustrados “linchadores” sí lograron, sin embrago, que con mi salida del Ministerio Público perdiera el Ministerio Público la fuerza que llevaba y –así– las extradiciones, a lo único que teme el narcotráfico.

Vi al alcalde Arzú defenderse en Canal Antigua –mediáticamente– de las acusaciones que –mediáticamente– la CICIG-MP le formularon y, en tal defensa dejó muy mal parada y en total entredicho a la acusación mediáticamente formulada entredicho al que la acusación ¿Cuántas veces habré de repetirlo? ¡No le corresponde! jamás debe exponerse. El Ex presidente Arzú, en su caso, ha logrado superar la acusación mediática –no prejuzgo sobre aspectos judiciales– puesto que tuvo la suerte de estar preparado para hacerlo: Ex Presidente, Ex Canciller y cinco veces Alcalde.

El linchamiento mediático, por el contario, si le ha funcionado a la acusación en otros casos –por ejemplo– al menos, parcialmente en el del hermano y el hijo del Presidente. (Ni Ex Cancilleres, ni Ex Presidentes, ni Alcaldes cinco veces)

En los linchamientos mediáticos, consecuencia de las acusaciones mediáticas, de poco o de nada sirve la absolución si tan sólo se produce en tribunales –la infamia consumada– por lo que es importante evidenciar lo que en juicio ¡salvo brujerías! se evidencia: Que se persiguió como delito lo que no era sino una infracción administrativa, intacto el patrimonio del Estado –y de la cual ninguno de los dos obtuvo, ni buscó– beneficio alguno.

Acisclo Valladares Molina