El diablo viste a la moda: El verdadero enemigo
Aprovecho el cercano estreno en salas de cine de El diablo viste a la moda 2 (jueves 30 de abril) para regresar a uno de los debates más interesantes que dejó la primera película. No por sus impactantes vestuarios o divertidas frases icónicas, sino por esa pregunta que sigue viva: ¿Quién era realmente el villano de la historia?
La cinta de 2006 nos presenta a Andrea Andy Sachs (Anne Hathaway), una joven periodista que entra al exigente mundo de la moda como asistente de Miranda Priestly (Meryl Streep), poderosa editora de la revista Runway. En paralelo está Nate (Adrian Grenier), su novio, quien representa la vida sencilla que Andy deja atrás. Tres personajes, tres formas de entender el éxito y la vida.
Durante años pensé, como muchos, que el villano era Nate. Era fácil verlo así: el novio que no entiende, que se queja, que no apoya del todo. Mientras Andy crecía profesionalmente, él parecía incomodarse con sus cambios, cuestionar sus decisiones y, en cierto modo, hacerla sentir culpable por avanzar.
Pero el tiempo, como siempre, cambia la forma en que vemos las historias. Con una mirada más pausada, empecé a entender que Nate no intentaba detenerla, sino recordarle quién era. Que detrás de sus reclamos había una incomodidad válida: Andy se estaba perdiendo en un mundo que no era el suyo. Mientras tanto, Miranda (elegante, brillante, implacable) jamás iba a reconocer realmente su esfuerzo ni a devolverle algo más que exigencia.
Es ahí donde la balanza cambia. Miranda no solo exigía excelencia; exigía renuncia. Renuncia al tiempo, a los vínculos, a la identidad. Andy no estaba creciendo: estaba adaptándose a un sistema que premia el sacrificio personal como si fuera éxito. Y eso, visto con distancia, es mucho más peligroso que cualquier discusión de pareja.
Lo confieso: esta conclusión también viene de la vida real. Después de trabajar con jefes que parecen sacados del molde de Miranda (fríos, demandantes e incapaces de ver más allá de los resultados), uno aprende a valorar otras cosas. Hoy, el tiempo con familia y amigos pesa más que cualquier logro construido a costa de uno mismo.
Quizá ahí está la clave del filme. Miranda representa el riesgo de perderse en la ambición; Nate, el riesgo de quedarse atrás. Al final, entiendo que Andy no elige a ninguno, porque el verdadero aprendizaje es encontrar un equilibrio propio. Y entonces queda la pregunta abierta, como toda buena historia: ¿para usted, respetado lector, quién es el verdadero villano?
Documental
Red Hot Chili Peppers
El origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro hermano Hillel es más que un repaso musical es una carta íntima a la amistad y a la pérdida. A través de la figura de Hillel Slovak, revela cómo la identidad de la banda nació desde vínculos profundos, no desde la fama. Emotivo y honesto, muestra que el origen de un sonido también puede ser el origen de una hermandad. Lo pueden ver en Netflix.

Estreno
Padre, madre, hermano, hermana
Esta película construye un retrato familiar donde los silencios pesan tanto como las palabras. Explora las tensiones, afectos y heridas que atraviesan las relaciones más cercanas. Con un tono introspectivo, recuerda que la familia no siempre es refugio, pero sí un espacio inevitable de confrontación emocional. Padre, madre, hermano, hermana, ya se exhibe en salas de cine del país.












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