La dimensión diplomática de Miguel Angel Asturias

El laureado guatemalteco, Miguel Ángel Asturias (MAA), galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1967 y el Premio Lenin de la Paz 1966, es uno de los literatos nacionales que  combinó su profesión de escritor con la diplomacia.  Ingresó al Servicio Exterior de Guatemala en la década de la primavera democrática (1944-1954), habiendo sido nombrado inicialmente por el presidente Juan José Arévalo como agregado cultural en la Embajada de Guatemala en México, país donde se publicó (1946) la primera edición de su mundialmente conocida novela El Señor Presidente; posteriormente fue nombrado, agregado cultural en la Embajada de Guatemala en Argentina (1947). El Dr. Arévalo en su libro Despacho Presidencial, al respecto dice: “Le aconsejé instalarse en Buenos Aires y aceptó ser Agregado Cultural de nuestra Embajada. El nombramiento lo firmé el 8 de agosto de 1947”.

Cinco años después, bajo el gobierno del presidente Jacobo Árbenz (1952) fue nombrado –por primera vez–, en la Embajada de Guatemala en Francia, como Ministro Consejero. El año siguiente, Árbenz lo ascendió a embajador y lo nombró como tal en la República de El Salvador. Sirviendo en ese hermano país, acompañó al canciller Guillermo Toriello Garrido, a la X Conferencia Interamericana en Venezuela en marzo 1954, donde denunciaron internacionalmente el intervencionismo en Guatemala. En esa conferencia, el Gobierno de EE. UU. había dado a conocer una declaración contra el “comunismo” y condenado abiertamente el régimen del presidente Árbenz, por lo que el canciller Toriello y MAA, como delegado, trataron de desmentir –infructuosamente–, dicha declaración. Tras el derrocamiento del presidente Árbenz en 1954, MAA fue el primer embajador destituido de su cargo, iniciando posteriormente su exilio político.

En 1966, el entonces presidente de Guatemala, Julio César Méndez Montenegro nombró a MAA como embajador de Guatemala en Francia, ostentaba ese último cargo cuando recibió el prestigioso Premio Nobel de Literatura 1967 y, sin menoscabo de los grandes diplomáticos que ha tenido nuestro país, ha sido uno de los más talentosos y destacados embajadores, pues el nombre y cultura de nuestro país fue conocido universalmente, a través de sus presentaciones y la traducción de su obra literaria a varios idiomas del mundo. Ciertamente, MAA amó a Guatemala.

Sara Solís