Alejandro Balsells Conde
Un tema fundamental es entender la naturaleza del Tribunal Supremo Electoral (TSE). En algunas resoluciones, incluso de la propia Corte de Constitucionalidad (CC), se le ha conceptualizado solo como “ente administrativo”, lo cual constituye un error porque tal aspecto es solo una arista de sus múltiples competencias.
El TSE en nuestro país emuló el modelo costarricense. Sin razón, en el mundo jurídico guatemalteco se le minimiza. De hecho, la inhabilitación de Carlos Pineda en la contienda electoral del 2023, por ejemplo, fue tan absurda porque se consiguió por medio de una resolución de una Sala de lo Contencioso Administrativo y luego con otra de la CC. Es decir, el TSE como máxima autoridad fue un espectador; el régimen practicó una ilegalidad manifiesta.
El TSE tiene funciones legislativas. Al convocar elecciones y al legitimar a los electos, lo hace por medio de decretos. En derecho comparado, algunos países latinoamericanos convocan por medio del Congreso de la República.
Nuestra autoridad electoral ha sido maltratada en los últimos años y debe renacer.
Lo conocido como “contencioso electoral”, por ejemplo en México ocupa bibliotecas enteras, pero nosotros nos negamos a analizar esta competencia del TSE. La función jurisdiccional existe cuando la máxima autoridad es la única para cancelar organizaciones políticas y conocer sobre impugnaciones a calidades de ciudadanos y, por supuesto, impugnaciones de elecciones.
El proceso electoral es un “proceso” y en un solo día toda la voluntad del pueblo se pone para administrarse ante las autoridades electorales. Las Juntas Electorales, el Registro de Ciudadanos y el TSE conforman este “ejército electoral” (bautizado así por Arturo Herbruger). Por ello, legitimar los procesos democráticos conlleva una gran responsabilidad.
Nuestra autoridad electoral ha sido muy maltratada en los últimos años, debe renacer de sus propias raíces y conseguir generar nuevos marcos serios para que el pluralismo político sea siempre una garantía de libertad o, de lo contrario, estaríamos negando nuestra triste historia.











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