La alegría como un acto de resistencia

Para muchos, los días de furia, escupitajos, escenarios sucios y manchados de sangre y sudor de la escena punk en Inglaterra y Estados Unidos quedaron en el olvido. Alguien dijo “El punk está muerto”, pero a mí siempre me gustó este género musical. Escucharlo era justo lo que necesitaba, pues tenía que liberar mucha energía y enojo. Fue el mejor catalizador para esos años en los cuales no sabía qué camino tomar.

Si bien aún necesito de ese tipo de catarsis, he hallado otras maneras de hacerla, aparte de la música. Fueron dos cosas las que aprendí del punk: una, hacer las cosas por mí mismo, ya que nadie las haría por mí. La otra, decir las cosas como son, escupirlas.

Yo soy de los que cree, sin dudarlo, que el punk no murió. Simplemente encontró formas de reinventarse musical y artísticamente. En la música he visto cómo su contundencia ha influenciado a muchas bandas actuales. Uno de las que he escuchado últimamente es Idles, grupo originario de Bristol, Inglaterra.

En su carrera, Idles cuenta con 2 discos: Brutalism y el más reciente, Joy As An Act Of Resistance. Escucharlos es similar a dos martillos que golpean ambos lados de nuestra cabeza al mismo tiempo. Es oír el vozarrón de su vocalista Joe Talbot diciéndonos si ya tenemos suficiente o si necesitamos más para despertar.

Pero Joy As An Act Of Resistance es mucho más que eso. Es un intento de ser vulnerable frente a su audiencia: una sonrisa desnuda para un universo caótico. Las canciones y sus letras son como un cuerpo desnudo que nos permite respirar y celebrar nuestras diferencias, tragedias, enfermedades, pérdidas; la vacilación del adicto entre la sobriedad y el vicio, y la incomodidad de las personas racionales quebrantándose en el estado actual de este mundo.

Su música es poderosa, es imparable, es un toro arremetiendo contra nosotros sin darnos tregua. No está dispuesta a ser callada ni censurada. El título de este disco no pudo ser más que perfecto para el tiempo que vivimos. Nos recuerda con una bofetada que el arte en todas sus formas es un acto de resistencia. Siempre lo será. También que el triste delirio de algunos por silenciarlo no será más que un hecho fallido contra la fuerza y alegría de expresarnos.

El punk no está muerto, la música no está muerta. Y a quien lo diga, permítanme, en la buena tradición punketa, ser el primero en lanzar el escupitajo.

Para escuchar: Samaritans, Great, Gram Rock, Danny Nedelko, Colossus y 1049 Gotho.

Álvaro Sánchez