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La academización en las artes (II)

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Francisco Guillén
Dirección de Formación Artística
Ministerio de Cultura y Deportes
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Todas las artes, y en sus diferentes manifestaciones, fueron beneficiadas ante el “grandioso” descubrimiento o invento de la “imprenta”. Por fin había una forma más ágil de masificar la información, la educación. Si bien es cierto no todo el pueblo era lo suficientemente versado para saber leer, pero los procesos educativos formales pudieron regularizarse de la misma forma aquellos como el de las universidades y, por lo tanto, también las academias de arte. De pronto para quien tuviese los medios económicos e influencias, podía estudiar arte si contaba con un mentor. En el artículo pasado mencionaba la academia de Verrocchio, en Florencia, Italia, en el siglo XV, que básicamente se sostenía por los mentores de artistas crecientes y nacientes de la época, que resultaron alimentando el mural europeo de la pintura y la escultura durante siglos posteriores. En la actualidad, el sistema de mentoría no es común ya, pero sí sobrevive con algunas excepciones y, sobre todo, nos lleva a pensar en el papel que el Estado ha desempeñdo en este sistema, reformulándolo a través de la creación de universidades y sistemas de becas.

De alguna manera podríamos catalogar a las becas, bajo los sistemas democráticos y republicanos, como las nuevas
mentorías. La palabra “universidad” engloba desde su etimología en “llevar hacia un mismo lugar las ideas, las tesis, etc”; cosa que debe ser un buen punto de partida para continuar el desarrollo humano, pero de manera consciente y sistematizada para alcanzar objetivos. Las universidades buscan, o pretenden otorgar, certificaciones que habiliten a los estudiantes a introducirse a la actividad y mercado laboral regular. Inclusive, las facultades de Arte de las diferentes universidades buscan abrir brechas profesionales a los estudiantes para que cuenten con las herramientas que les permitan llegar al principio que nos referíamos en el artículo anterior: “la sobrevivencia”. El campo para las artes continúa siendo dificultoso, árido y cuesta arriba. Se hace imprescindible que nos apoyemos en fuentes actuales, como la tecnología, para hacer uso de ellas como instrumentos de desarrollo artístico al mismo tiempo que del profesional, redes sociales, comunicación. Sin faltar el apoyo que el Estado puede proporcionar para impulsar la academización artística y el sostenimiento profesional de nuestros artistas.


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