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COLUMNAS

La abolición del Temple (1312) (I)

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Julia Pavón 

Catedrática de Historia Medieval e investigadora del Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra

En este mundo globalizado es difícil encontrar un lugar idóneo para hablar de Historia y no contar “historias” de la Historia. De una forma y otra, los nuevos instrumentos de comunicación que remedan el traje de la divulgación social y del entretenimiento que “han venido para quedarse” dificultan la construcción de un andamiaje fundamental del conocimiento histórico: ¿dónde queda el verdadero acervo del pasado?, ¿con qué criterios debemos asomarnos a hechos pretéritos?, ¿qué es eso de la “Historia”? Sino, lancemos una mirada a lo que se conoce en relación al episodio vivido por la orden del Temple a comienzos del siglo XIV.

Lejos de cualquier juicio de valor inicial, la historia de esta institución sigue siendo a día de hoy una de las grandes desconocidas entre el gran público, al estar contaminada de todo tipo de errores interpretativos que campan a sus anchas en el imaginario popular. Qué duda cabe de que los ingredientes de su abolición, el 22 de marzo de 1312, orquestada como un movimiento de pinza entre el monarca francés Felipe IV el Hermoso (1285-1314) y un manipulado papa Clemente V (1305-1314), han alcanzado el mediático protagonismo de lo que podría ser una exitosa serie de Netflix o una laureada novela de éxito: riquezas, poder, procesos inquisitoriales, hogueras, corrupción y juicio político. Con ello, podría afirmarse que la ficción ha operado un sorpasso a la realidad, ya que mientras descienden notablemente los números de los estudiantes que optan por graduarse en Historia, aumentan los que aspiran a elaborar blogs históricos o novelas divulgativas y producir o trabajar en series de ficción histórica. Una muestra, la abundancia de material tergiversado que circula sobre los templarios en las redes.

El papa Clemente V apenas pudo maniobrar conforme a los cánones eclesiásticos

La muerte del maestre del maestre de la orden del Temple, Jacques de Molay y de Geoffroi de Charney, preceptor en Normandía, en la hoguera el 18 de marzo de 1314, tras un tormentoso proceso inquisitorial de interrogatorios marcados por la sospecha criminal de sodomía, práctica de ritos heterodoxos, adoración satánica y corrupción económica, supusieron el fin de una etapa dorada de una institución que escribió una de las más interesantes páginas de consecuciones de la historia europeo-occidental. De nada le sirvieron, entonces, su activa participación en las cruzadas protegiendo los icónicos Santos Lugares o desplegando una conexión de personas y bienes entre la Cristiandad Latina y el Próximo Oriente como no se conocía desde los tiempos de mayor esplendor del Imperio Romano.

A partir de 1305 la orden venía siendo puesta en evidencia en el entorno papal y en la corte francesa, acusaciones que desembocaron en un rápido y duro proceso de persecución con confesiones ilegales obtenidas bajo tortura, cuyos jalones más importantes se documentan el 13 de octubre de 1307, con el arresto de los templarios en todo el reino de Francia, y el 22 de diciembre de ese mismo año, con la publicación de la bula Pastoralis Praeeminentae, que ratificaba el encarcelamiento y ponía sus bienes bajo el nombre de la Iglesia. A pesar de que en estas semanas el monarca y el inquisidor general Guillaume de Paris habían actuado contra derecho, la maquinaria propagandística regia para aportar cuantas pruebas falsas fueran necesarias se había activado. 

Ante esta situación, el papa Clemente V apenas pudo maniobrar conforme a los cánones eclesiásticos, ya que la tensión política era creciente. De hecho, la mencionada bula de finales de 1307 y la posterior del Concilio de Vienne Vox in excelso, que disolvía la orden sin condenarla, fechada el 22 de marzo de 1312, evidenciaba una disputa entre la corte capeta y la curia papal por el control del proceso. De nada había servido la suspensión del inquisidor de París en 1308, la proclamación de inocencia de 54 freires templarios que perecieron en la hoguera el 12 de mayo de 1310 o el eco que tuvo la situación gala en los concilios regionales de Alemania, Italia y los reinos hispánicos, que proclamaron la exculpación de los miembros de la orden.

Continuará…

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COLUMNAS

Diversidad cultural y desarrollo de la juventud

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Londy María Pérez Castañeda
[email protected]

Guatemala es un país pluricultural y multilingüe, con 25
idiomas y conformado por cuatro grandes pueblos: maya, garífuna, xinca y ladino/mestizo, distribuidos en el área urbana y rural, en donde aproximadamente seis millones son jóvenes entre 13 y 30 años, a quienes va dirigido el trabajo del Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve).

Aunque la diversidad cultural representa riqueza y oportunidades para nuestro país, también plantea una serie de desafíos en el mejoramiento de las condiciones de vida de la juventud, principalmente en el acceso a servicios esenciales como la vivienda, la salud, la seguridad y la educación, entre otros.

Las alianzas interinstitucionales han logrado promover acciones a favor del desarrollo de las juventudes.

Conjuve promueve acciones de cooperación interinstitucional e internacional, a través de las cuales se han logrado crear vías de acceso para la promoción del desarrollo de esa juventud diversa; entre ellos están la realización de exámenes gratuitos de vista y oídos para prevención de sordera y ceguera, en varios lugares del país, acciones que se hicieron en coordinación con el Comité Pro-Ciegos y Sordos de Guatemala.

Asimismo, se iniciaron procesos de capacitación en temas de género, multiculturalidad, discapacidad y la promoción del arte y deporte, tanto en el ámbito interno como externo, así como el impulso de emprendimientos juveniles, que tuvieron como objetivo fomentar, potenciar y concretar las ideas de las y los jóvenes; además de la realización de ferias de empleo virtuales y presenciales en varios departamentos.

Todas estas acciones, entre otras que se promueven desde el Consejo como el proceso de actualización de la Política Nacional de la Juventud, en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Social, y la construcción del Clasificador Temático en Juventud, tienen como objetivo orientar y articular las acciones del Organismo Ejecutivo a favor de la población joven guatemalteca.

Finalmente, cabe destacar que desde el Conjuve se mantiene una constante búsqueda de promoción de medios de acceso a superación para la juventud, por medio de las diferentes herramientas, convenios, tratados y acciones que como ente rector permiten agilizar y visibilizar aquellos entornos donde la juventud más lo necesita.

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COLUMNAS

Una quimera llamada NFT

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Frank Gálvez
Locutor y periodista
[email protected]

Desde el inicio de esta década, los tokens no fungibles (NFT) han demostrado un enorme crecimiento. Un NFT es un token digital único que se utiliza para simbolizar un activo. Este puede ser retenido por su propietario, comercializado y vendido por moneda fiduciaria o criptomonedas, como ocurrió cuando Mike Winkelmann, artista digital más conocido como Beeple, vendió en la casa de subastas Christie’s la obra de arte NFT más cara del mundo (Hasta ahora) por 69 millones de dólares, con el título de ‘Everydays: The First 5.000 Days’.

Actualmente, el temor en la comunidad de inversores a nivel global es cómo una regulación única definiría los NFT. Ankit Wadhwa, fundador y director de la plataforma tecnológica Rario, indica que “las mismas leyes que hemos tenido para la comercialización física de arte durante cientos de años también se pueden aplicar a las NFT, sin crear más confusión”, mientras que Edul Patel, director ejecutivo de Mudrex, una firma de criptoinversión opina que “clasificar las NFT como una categoría de activos podría ser una decisión demasiado apresurada para tomar en este momento”.

”La educación financiera genera riqueza de por vida.“. (Gun Gun Febrianza)

Los NFT ofrecen a sus autores la capacidad de conseguir regalías posteriores al comercio original del activo y facilitan un registro vigente de propiedad para cualquier componente simbolizado en formato digital. Aun así, esta tecnología genera todavía numerosas sospechas desde la perspectiva de los delitos financieros.

Por ejemplo, muchas de las cadenas de transacciones de criptomonedas se pueden ocultar con relativa facilidad, evitando su legítima transparencia. Asimismo, existen oportunidades para la falsificación de un NFT: en marzo de 2021, un hacker creó una obra de arte digital y la puso a la venta en línea indicando que era una edición limitada de un print del artista Banksy.

Además, pirateó su sitio web oficial y publicó un enlace a la licitación del NFT para hacerlo ver más convincente. El token se vendió por cerca de 244 000 libras. Al final, en un giro sorprendente, el hacker devolvió el dinero después de la transacción.

La adulteración igualmente está a la orden del día: en el proceso de creación de una NFT, es posible que los autores “escondan” información adentro de su código, que luego puede ser usada para diversidad de fines, incluyendo la transmisión de información clasificada. Tomando en consideración lo anterior, surge la pregunta: ¿Cuál será el lugar exacto de los NFT a largo plazo en la sociedad? Eso solo el tiempo lo dirá.

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COLUMNAS

La chica de la calle Aribau (II)

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Esperanza Ruiz
Revista Nuestro Tiempo

Es una alumna aplicada, sobre todo en literatura, y entabla una relación de amistad con una de sus profesoras, Consuelo Burell. Esta, formada en la Institución Libre de Enseñanza, imparte Lengua y Literatura en el Pérez Galdós y guía a Carmen en sus lecturas. Le descubre a Proust, a Emily Brönte y a Dostoievski (autores que, posteriormente, la crítica relaciona con la obra de Laforet). Le habla de Pedro Salinas, de Alberti, de Menéndez Pidal.

Todavía vive Carmen en Las Palmas cuando da sus primeros pasos como escritora: la revista de Santander Mujer le publica un relato con el que gana su primer premio literario. Pero la felicidad del pasado no es la misma desde que se había quedado huérfana. Por eso su relación con la isla tiene un sabor agridulce. En Carmen Laforet se entremezclan recuerdos de felicidad, de sol y sal, de placidez y libertad, con otros de soledad y demonios.

En septiembre de 1939 Carmen cumplió dieciocho años a bordo del barco que la llevaba a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios.

Cuando, muchos años después, publica la guía turística Gran Canaria, elogia su belleza, descubre itinerarios, explica su gastronomía y folclor y ensalza su naturaleza… pero la realidad es que, tras su marcha a Barcelona, en 1939, Carmen solo regresó una vez a las islas. Benjamín Prado, en su biografía de la escritora, deja constancia de su respuesta cuando le preguntaban por qué no volvió más: “Eran un paisaje demasiado bello para matizarlo, revocarlo o verlo cambiado por el tiempo y las circunstancias”.

Efectivamente, en septiembre de 1939 Carmen cumplió dieciocho años a bordo del barco que la llevaba a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios. La posibilidad de vivir con su abuela Carmen y de abandonar la casa familiar y el ambiente enrarecido que se respiraba allí se suman a un romance frustrado con un joven isleño.

El primer amor de Carmen Laforet es Ricardo Lezcano, al que ella llama Dick. Se alistó como voluntario en el bando republicano, pero esa fue toda la repercusión de la Guerra Civil en su familia, que la vivió desde el burladero de las islas.

La fuga, o su anhelo, se convirtieron en un rasgo más del carácter de la escritora. Tan inseparable de su espíritu como la sonrisa de su fisionomía. A la calle Aribau llega tan solo con un par de trajes de verano y una maleta de libros.

La casa de la abuela Carmen ya no es el paraíso de su niñez, sino un fiel reflejo de la sociedad de la posguerra española. La otrora familia burguesa acoge a Carmen y le da cobijo, pero esta vez con todas las miserias y problemas económicos que resultan de la contienda. Barcelona es una ciudad gris y asolada que contrasta con los días de mar y la naturaleza exuberante que ha dejado atrás en las islas.

En la Ciudad Condal se matricula en la carrera de Filosofía y Letras, pero solo cursa un año y medio. Sin embargo, allí forja (mujer de lealtades extremas) con Linka Babecka, hija de unos inmigrantes polacos, una de las amistades que marcaron su vida. Carmen se traslada, en 1942, de Barcelona a Madrid, siguiendo a Linka y a su instinto y acompañada de un impulso. Sus huidas eran siempre producto de decisiones súbitas.

En Madrid se aloja en casa de su tía materna Carmen y se matricula como alumna libre en la Facultad de Derecho. Tampoco esta vez acaba la carrera y vive con doscientas pesetas mensuales que le pasa su padre. Es su tía la que insta a Carmen a presentarse a un premio literario del Frente de Juventudes ante la falta de dinero para comprar un abrigo. Lo ganó.

El germen de Nada está sembrado. Carmen va con una libreta a todas partes, callejea, toma notas y escribe. La mesa del comedor de su tía y las salas de lectura del Ateneo de Madrid son testigos del proceso de elaboración de la novela. Carmen se inspira en ambientes, personas y situaciones conocidas. De la casa de la calle Aribau está todo.

Continuará…

Colaborador DCA
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