Kraftwerk, a 40 años del hombre máquina

La llegada de Sophia, el robot humanoide, a Guatemala, con el fin de dar una conferencia acerca de cómo hacer negocios, es un asunto un poco raro. Sobre todo, si es un humanoide que recién en 2017 adquirió su ciudadanía saudí. Pero, supongo, que si el oso Ted se convirtió en ciudadano de EE. UU. nos podemos dar esta licencia de ingenuidad.

Sin ánimo de ahondar en la polémica de la empresa telefónica, recordé que The Man Machine, de la banda alemana Kraftwerk, cumplió cuatro décadas. El grupo, pionero en el sonido pop-electrónico, e integrado por Florian Schneider, Ralf Hütter, Karl Bartos y Wolfgang Flür, logró una hazaña musical electrónica que permanece: enlatar en 36 minutos un hito de la música.

Al final de los años 70, el mundo se ahogaba en el disco y el punk que estaba por estallar. Fue en ese momento cuando este cuarteto alemán vino a sacudirnos con música de 8 bits. Habían osados como Vangelis o Jean-Michel Jarre, que abordaban la música electrónica de manera ambiental y desde una visión intelectual-espiritual, mientras que Kraftwerk acudía a un sintetizador para entretener y decir algo, aunque fuese distópico: el humano que quiere ser robot y viceversa.

The Robots es el medio para un fin. El robot creado para ser esclavo al servicio una humanidad cruel y despiadada. Todo ello sobre un loop cuyo ritmo lo define el golpe en cada palabra: “We are the Robots”. Spacelab es el viaje lisérgico del astronauta en A Space Oddysey 2001, de Stanley Kubrick, en sonido pop.

Para Metropolis es normal que imaginemos el viaje en el auto junto a un blade runner, en la búsqueda de un androide. The Model es el éxito más frívolo del disco. Habla de una modelo, tal vez Sophia, y el embelesamiento que puede causar su inteligencia artificial.

Neon Lights es un tema instrumental acerca de la ciudad y sus luces. El material termina con The Man Machine o el androide. La pista navega entre el pop de alto voltaje eléctrico y el lado oscuro del concepto tecnológico.

El álbum tuvo tal éxito que mucho de lo que se escucha fue a parar, en el mejor de los casos, a manos de Daft Punk y el synthpop de la década de los 80. La relación entre el hombre y la tecnología es el debate que perdura. The Man Machine sigue tan vigente como hace 40 años.

Allan Martínez