A los 50 años y tras haber perdido tres elecciones presidenciales consecutivas, Keiko Fujimori vuelve a postularse por cuarta vez con el objetivo de reivindicar el legado de su padre, en unos comicios en los que nuevamente figura entre las favoritas para avanzar a la segunda vuelta, instancia en la que fue derrotada en las ocasiones anteriores.
La hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) perdió frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021); las dos últimas, por un exiguo margen de apenas 40 mil votos que le llevó a no reconocer su derrota y denunciar sin pruebas “fraude”.
A diferencia de los anteriores comicios, Fujimori llega a esta cita sin su padre, fallecido en septiembre de 2024; sin su esposo y padre de sus dos hijas, el estadounidense Mark Vito Vilanella, del que se divorció en 2022, y librada, gracias a una sentencia del Tribunal Constitucional, de un juicio donde estaba acusada por lavado de dinero en la financiación irregular de sus anteriores campañas electorales.
Promesa de paz y orden
Las encuestas publicadas hasta el pasado domingo señalaban que la candidata derechista lideraba las preferencias, seguida por el cómico Carlos Álvarez y el exalcalde ultraconservador de Lima Rafael López Aliaga.
Durante la actual campaña, ha logrado el apoyo de una parte significativa del electorado con una propuesta de “mano dura” y un enfoque cada vez más conservador, además de ofrecer liderar “un gobierno que cumpla, que trabaje, que esté en la cancha”.
En los debates presidenciales de las dos últimas semanas apeló, además, al recuerdo del gobierno de su padre para defender un modelo de “paz y orden”.
Sin embargo, sus opositores la acusan de haber contribuido a la inestabilidad política que llevó a Perú a tener ocho presidentes en casi 10 años, desde que perdió las elecciones de 2016 y anunció que impulsaría su plan de gobierno desde el Congreso, donde su partido obtuvo la mayoría absoluta.











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