José José, la serie

Todo comienza hace 35 años. Es 1983 y vemos a José José anegado en fama. De pronto, llega un recuerdo, un flashback con el que empezarán a contarnos el recorrido de El Príncipe de la canción, su origen, sus demonios y sus aciertos.

Se abre la toma y vemos al Príncipe caminar con su saco blanco y corbata roja, miramos cómo Alejandro de la Madrid encarna al ícono de la música en español y nos transporta a esa época. Tomá un tiempo y dale una oportunidad a la serie, que ya está disponible en línea.

Regreso al episodio 1. Durante el capítulo observamos tres historias hilvanadas en los recuerdos del artista. Su infancia, los obstáculos para lograr su meta, y el momento en el que Latinoamérica lo conoció, cuando interpretó El Triste, y según sus palabras, se hizo famoso en una noche.

¿Qué tanto podemos confiar en nuestra memoria? ¿Qué tan veraz puede ser el contenido de esta serie, basada en los recuerdos del Príncipe? La verdad no importa, a minuto y medio de empezado el episodio, nos olvidamos de eso. Es en ese momento que nos topamos con el demonio más severo de José José, las remembranzas de un padre insatisfecho.

Aunque es muy prematuro decir que este demonio acompañará al artista durante toda la historia, sí es palpable cuánto influyó en él esa relación desastrosa. Después de todo, el alcohol y un padre infeliz es un recuerdo del cual cuesta desintoxicarse. Vemos entonces cómo en la trama, el protagonista debe soportar eso, lo que ocurre en su mente, como si las trabas que la vida le pone no fueran suficientes.

Esta no es una revelación, pero si digo que el capítulo termina con la presentación de El Triste, en 1970, durante el II Festival de la canción latina, que luego se llamaría OTI. Es una recompensa merecida para el espectador. Alejandro de la Madrid no es quien interpreta la voz de José José, pero sí emula y lo hace de una manera convincente.

Si sos seguidor de El Príncipe, esta es tu serie. Sabrás que en esa mítica actuación el traje era prestado, que sus amigos eran los que creían en él y que la industria de la música ya trituraba a aquel que aparentemente, no era bueno. Los invito a ver la historia del que dice: “Hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad/ La historia de este amor se escribió para la eternidad”. Mirá este enlace comparativo: bit.ly/jjOTI.

Decepción fílmica: Let’s Go to Prison.

La comedia que practican Dax Shepard y Will Arnett es particular, tiene algo, son ocurrencias que a veces hacen reír. Esta vez no fue el caso. Se trata de una venganza que ocurre en prisión, pero las bromas se quedan cortas. Los pocos escenarios de risa no compensan la gran carga de chistes malos. La canción Move This, de Technotronic, que usan al final es un recurso desesperado por hacer reír. Es la película ideal para ver en la cárcel, supongo.

Gabriel Arana