Las últimas semanas he estado trabajando en el rescate biográfico de artistas cuyo legado va quedando en el olvido. Esta inercia, que se potencia con la muerte de los protagonistas, proviene de la falta de producción de libros que profundicen en el tema. Como anoté hace algún tiempo, los catálogos digitales en circulación no se ocupan de otra cosa más que de ponerles precio a las obras expuestas, pero más allá de la imagen, no aportan contenido.
Jorge Félix fue un artista precoz. Desde joven dio muestras de una disposición técnica que lo adelantó una década a la generación a la que debió pertenecer. Es por eso que su labor está vinculada a nombres como el de Fernando Valdiviezo, Diana Fernández, Rudy Cotton e Iván de León, entre otros varios. Su primera exposición personal fue en la Alianza Francesa a los 17 años y tuvo como comisario a Zipacná de León. Este último indicó en el catálogo que su camino fue constante desde que tenía 9 años.
En la serie Pasaje Rubio (1985) abstrajo elementos y situaciones ocurridas en el emblemático edificio y sus inmediaciones. De hecho, la pieza elegida para la portada del documento incluye un recordatorio sobre hechos políticos como la muerte de Oliverio Castañeda De León, entre otras tantas muertes. Aunque lo urbano ocupó su imaginario y estuvo presente en el proceso de transformación estilística, su obra más prolífica gira en torno a las abstracciones geométricas. Esta iconografía, según las palabras del artista, se convirtió en un estudio de las texturas, composición, el color y el espacio.
Su colección Urbe-espejo (1998) exploró la instalación como medio expresivo. Su interés por las calles y lo que se ve en ellas fue patrocinado por el programa Jóvenes Creadores, del Banco del Café. La actividad aglutinó a varios artistas emergentes y consolidados a partir de diferentes convocatorias. Su trágico final llegó también prematuramente y no le dio tiempo de seguir proponiendo. Además de ganar diferentes premios, entre ellos el del Salón de la Acuarela, existe una obra de él en la colección del Banco de Guatemala y otras importantes pinacotecas.
“Divido mi obra actual en dos vertientes: una muy pasional, que tiende a la magia, donde hablo de tierra y fuego; y la otra, más racional –más matemática– donde hablo de mi inquietud por las máquinas y fotones”. (1992).











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