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OPINIÓN CULTURA

JEAN GIRAUD:  C’EST MAGNIFIQUE!

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Cuando nació, en un suburbio de París, recibió el nombre civil de Jean Henri Gaston Giraud (1938-2012), pero los fans del mundo entero lo conocen como Moebius, uno de los mejores y más influyentes creadores del cómic europeo.

Los padres de Giraud se separaron cuando apenas tenía tres años, algo que afectó mucho al niño, a quien le dio por refugiarse en un cine local donde pasaban los filmes de vaqueros que tanto le deleitaban. A los 16 años estudió en una escuela de arte, pero únicamente gustaba de dibujar cómics de cowboys, para el fastidio de sus profesores. Después de 2 años abandonó la escuela y se fue un tiempo a vivir a México con su madre, que se había casado de nuevo. Las inacabables superficies planas y los cielos intensamente azules del árido desierto mexicano impactaron profundamente al joven, y más tarde harían frecuentes apariciones en su obra.

Giraud empezó a dibujar historias de westerns para diferentes publicaciones, las que firmaba con el pseudónimo Gir, una abreviatura de su apellido. De todas sus series, la más popular fue Blueberry (1963), la cual creó con Jean-Michel Charlier para la revista Pilote. A pesar del éxito que logró con el western, años más tarde decidió explorar nuevas fronteras. Abandonó la tira en 1974 y se fue a Los Ángeles, invitado por el cineasta Alejandro Jodorowsky, quien deseaba producir una película basada en la novela de ciencia ficción Dune, del escritor Frank Herbert.

El francés comenzó a trabajar en el diseño de la cinta, usando el nombre Moebius, un homenaje al matemático August Ferdinand Möbius. También se reunió con otros colegas para crear la revista antológica de ciencia ficción y fantasía Metal Hurlant (1974), que fue conocida en EE.UU. como Heavy Metal. En esta publicación vieron la luz por vez primera las series de fantasía Harzak, así como The Airtight Garage. Luego de que la producción fílmica de Jodorowsky se cancelara definitivamente por razones financieras, este y Moebius trabajaron juntos en la ambiciosa novela gráfica L’Incal (1980).

Los seguidores de cómics de superhéroes conocieron el trabajo de Moebius en 1988, gracias a la miniserie Silver Surfer: Parable, escrita por Stan Lee y publicada por Marvel Comics mediante su sello editorial Epic.

Además de su trabajo en cómics, Moebius contribuyó al diseño de producción de varias películas como Alien, Space Jam, The Fifth Element y Tron. Recibió abundantes reconocimientos por su labor, incluyendo múltiples premios Eisner. También fue incluido en varios Salones de la Fama. Entre los muchos artistas que han manifestado haber sido influenciados por el autor están: el creador Hayao Miyazaki, el escritor William Gibson, y los directores Ridley Scott y Federico Fellini.

Alejandro Alonzo
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ARTES

TÚN, TÚN

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Guillermo Monsanto

La Pluma Escarlata

Guillermo Monsanto
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Daniela Sagone y Adesca subieron, por cuarenta y ocho horas, un cortometraje documental que se volvió viral desde el primer momento. Se trata del trabajo que aborda de modo contrastado parte de la vida y obra del artista José Francisco Tún, financiado, en parte, por la entidad citada. Labor de investigación que llevó a la directora del filme, Daniela Sagone, a la casa de un puñado de personajes relacionados al malogrado pintor y al movimiento cultural de Guatemala.

¿Quién era Tún y porqué despierta tanto interés su labor y su vida? Desde su exposición póstuma de 1996 ha habido varias y espléndidas exposiciones retrospectivas en distintas salas. Y siempre, después de cada muestra, se puede percibir la admiración que su trabajo despierta entre los artistas emergentes y las memorias que trae en los supervivientes de la generación del setenta.

Pintura industrial sobre madera. Francisco Tún. Cortesía: Colección Monesco de la Galería El Attico

A diferencia de las exhibiciones con guion museográfico definido, acá pudo visitarse a los Tún en sus espacios íntimos. Es una constante, sus creaciones siempre están acompañadas por los trabajos de otros protagonistas como Dagoberto Vásquez, Elmar Rojas, Efraín Recinos, Roberto González Goyri, Joice de Guatemala, Luis Díaz, Jaime Bischof, Arnoldo Ramírez Amaya o Margot Fanjul, solo para citar algunas de las firmas más usuales. Piezas que llegaron a las diferentes pinacotecas a través de actividades como Aldeas Infantiles S.O.S., Juannio, la Subasta Rotaria Guatemala-sur, los espacios binacionales y las galerías de arte activas durante la década del setenta y principios de los ochenta.

El documental, de alguna manera, también le rinde un merecido tributo a Edith Recourat por el papel que jugó en la difusión del legado de Tún. De hecho, por el modo en el que presentó hasta su muerte en 1974, a las artes de su tiempo. Creo que la señora Recourat estableció las bases de un sistema crítico bien cimentado.

Este registro queda sustentado por el entrecruce de opiniones de diferentes personalidades relacionadas a Francisco Tún por diversas razones. De este modo, entrecruzando ideas, Daniela Sagone fue captando un perfil humano y artístico que expone con claridad la dimensión tunesca. Cada uno de los entrevistados, sin saber qué decían los otros, propone un material valioso para futuras investigaciones. Lo que sí queda claro es que Tún es un artista único y su legado posee valores personales que nadie ha podido superar.

Único e irrepetible, su obra trasciende en el tiempo.

Incluso, el filme contempló la inocente poesía escrita por Tún. Ingrid Klüssmann cierra magistralmente el video leyendo El olvido. La música, Ramajes de una marimba imaginaria, fue compuesta por Joaquín Orellana e interpretada por la Marimba Nacional de Concierto. La producción y las figuras que participaron en la confección de este indispensable documento ponen de manifiesto la trascendencia alcanzada a lo largo del tiempo. El mayor mérito de Tún radica en el modo tan particular en la que sintetizó su universo.

Guillermo Monsanto
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ARTES

JOHN BUSCEMA, EL FORJADOR DE SUPERHÉROES

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El COMICBUQUERO

Alejandro Alonzo

https://www.facebook.com/elcomicbuquero

Considerado uno de los titanes del cómic americano, John Buscema (1927-2002) fue un dibujante de Marvel Comics durante su trayectoria ascendente en las décadas de 1960 y 1970, hasta que la empresa se convirtió en un líder de la industria y eventualmente un importante conglomerado de la cultura pop.
Buscema es mejor conocido por su participación en las series The Avengers y The Silver Surfer, y por más de 200 historias protagonizadas por el héroe de la espada y la brujería Conan el Bárbaro.

Además, escribió al menos un número de casi todos los títulos importantes de Marvel, incluidas tiradas largas en dos de las principales revistas de la compañía, Fantastic Four y Thor.John Buscema comenzó como un ávido lector de cómics de Prince Valiant, Flash Gordon y Tarzán. Las historietas clásicas de los periódicos lo inspiraron a comenzar su carrera en 1948 en Timely Comics, que luego se convirtió en Marvel.

El arte de John Buscema fue crucial para definir los cómics de superhéroes.

Buscema permaneció en el personal de Timely durante un año y medio, ilustrando títulos del oeste, policíacos y románticos, y luego trabajó como autónomo para diversas empresas.
Fue a partir de esta época que trabajó en títulos de Charlton y Gold Key como Roy Rogers y The Vice.
Dado que el mercado de los cómics comenzó a reducirse durante los años cincuenta, John dejó el campo de los cómics en 1958 y se dedicó a la publicidad.

Trabajó allí hasta 1966, cuando su antiguo jefe Stan Lee lo convenció de volver y trabajar para Marvel. Posteriormente, Buscema trabajó en todos los títulos principales de Marvel. Después de un episodio de Nick Fury en Strange Tales, se convirtió en el artista habitual de The Avengers, con guión de Roy Thomas. Posteriormente, ilustró títulos como The Incredible Hulk, Sub-Mariner, Silver Surfer, Captain Marvel, Thor, Warlock y The Fantastic Four.

Autorretrato de John Buscema para un evento promocional de Marvel Comics. Cortesía Marvel Comics

En 1971, dibujó un episodio de Ka-Zar en Strange Tales y continuó trabajando con el personaje en el cómic del mismo nombre tres años después.

En la década de 1970, Buscema fundó su propia escuela de arte y escribió el libro más vendido, How to Draw Comics the Marvel Way, con Stan Lee. Casi al mismo tiempo reemplazó a Barry Windsor Smith como el artista de Conan the Barbarian, una serie en la que trabajó exclusivamente.

Además, realizó ilustraciones para títulos como El mago de Oz, Tarzán y Kull the Conqueror. En la década de 1980, también algunos episodios nuevos de The Avengers y The Fantastic Four, y se convirtió en un habitual de Wolverine en 1988.

A partir de 1993, dibujó algunos episodios de The Punisher. John Buscema se retiró de hacer cómics a tiempo completo en 1996 y en 2002 fue incluido en el Salón de la Fama del Cómic de Will Eisner.

Alejandro Alonzo
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COLUMNAS

Natas y Master of Puppets – Parte final

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Rewind me

David Lepe

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Natas, después de enterarse de que se habían quedado sin instrumentos y pista para su interpretación en la Competencia de Playback, demostró su inesperado talento de problem solving y giró nuevas instrucciones a sus dos compañeros: “Vos, andá con los que cantaron Libre Sentimiento y pedí prestadas sus guitarras acústicas, y vos decile a mi traida que te dé su casete de Master of Puppets, es una copia mal grabada pero no nos queda de otra. Andá vos porque está mascada conmigo”.

Minutos después, el conductor de la competencia hizo el llamado a Metallica. Se subieron al escenario los tres jóvenes, con playeras negras y pantalones rotos. Natas tenía en una mano el micrófono y con la otra se agarraba la peluca en la cabeza, ya que le quedaba grande. Sus dos acompañantes sostenían las guitarras acústicas.

Le dieron play a la canción y apenas se escuchaba. Por más que el DJ le subió todo el volúmen a las bocinas, la canción sonaba desastrosa, como si la estuviéramos escuchando a una cuadra de distancia. Eso no les importó a los intérpretes metaleros quienes desde el inicio saltaron y movieron la cabeza de arriba a abajo y en círculos.

Haciéndose las graciosas, un grupo de chicas tiró monedas al escenario.

End of passion play/crumbling away”, fueron los primeros gritos de Natas, mientras sus ojos lucían perdidos, como poseídos, y su cuerpo se balanceaba hacia los curiosos asistentes en la primera fila.

Los guitarristas golpeaban las cuerdas al ritmo de la canción. “Tengan cuidado, las guitarras son de mi tío y me las cobrará si las dañan”, gritó un estudiante. Todo el público se carcajeó.

Natas se percató del chiste y comenzó a gritar más fuerte. Una amiga que me acompañaba en el público preguntó si era necesario gritar y escupir tanto al cantar esa canción. Le respondí que no estaba seguro, pues nunca había visto a James Hethfield en vivo.

Haciéndose las graciosas, un grupo de chicas tiró monedas al escenario. Uno de los guitarristas detuvo su actuación y guardó algunas chocas en sus bolsillos. Surgió una nueva ola de carcajadas.

Uno de los profesores y miembros del jurado calificador se acercó al DJ y después de una corta conversación, movió los brazos en señal de “detengan esto”. Seguramente preguntó cuánto duraba la canción y después de la respuesta del DJ habrá pensado que no podía soportar más de 8 minutos y medio de ridículo.

Detuvieron la canción y el profesor gritó: “Gracias, siguiente”.

Me sentí orgulloso de Natas. Mi amiga, quien no sabía nada de música rock, expresó: “Si tenés esa canción, quisiera escucharla”. ¡Gran batalla, Natas! Igual pienso de Stranger Things y la fantástica escena de Eddie Munson (Joseph Quinn) tocando Master of Puppets, mientras se acercaba su batalla final contra un batallón de horrorosas criaturas voladoras.

Ya sea la escena de una serie con presupuesto millonario o una actuación (a medias) en una competencia colegial de playback, tan solo queda decir: El mensaje llegó. Misión cumplida.

David Lepe
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Gobierno de Guatemala

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