In God we trust

Aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio.

El próximo martes 8 de noviembre la vida norteamericana y, por qué no decirlo, la vida del mundo, estará iniciando una nueva ronda en su destino.

Se efectuarán las elecciones presidenciales, precedidas de recias batallas campales entre los dos principales contendientes: la ex secretaria de Estado Hillary Clinton y el magnate Donald Trump.

Las recientes encuestas adjudican el triunfo a Clinton, mujer fogueada en la política y cuyo protagonismo amortiguó las duras críticas que se le hicieran a su esposo, el entonces presidente Bill Clinton por aquel famoso escándalo con la exbecaria Lewinsky. Algunos, en una pócima de humor chapín lo bautizaron como “el caso Lenwisky”.

Por su parte, Trump, un hombre superexperimentado en los negocios cuya fortuna rebasan los números de la imaginación, se presenta con una franca desventaja en el ruedo político.

Su línea estratégica estuvo basada en recuperar la visión tradicionalista del norteamericano conservador que ve el comunismo hasta en el corazón de las sandías.

Atacó sin misericordia a los migrantes, quienes acumularon una buena dosis de antipatía hacia el candidato y ha sido una de sus principales debilidades en esta contienda.

De los debates presidenciales no se puede decir mucho. Ambos candidatos tuvieron sus altas y bajas. Clinton, fuertemente criticada por su oponente por el caso de los famosos correos transmitidos en su cuenta personal, al punto que el propio Buró Federal de Investigaciones (FBI) ha iniciado una investigación al respecto.

Trump, por su parte, atrajo la mirada de las altas personalidades de la economía, el arte, la política y de los medios de comunicación más poderosos del país del norte por sus ataques sistemáticos al estilo de gobierno de Barack Obama, el tema de migrantes y la vida privada de la ex primera dama de los Estados Unidos.

Una cosa es segura. En política no hay nada escrito. Siempre puede darse un factor sorpresa.

Aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio, aquel que propugna por la conservación de sus valores tradicionales, quien fue el público preferido a conquistar por el candidato del Partido Republicano.

Sea como fuere, de lo que sí estamos seguros es que las grandes políticas a mediano y largo plazo en materia de seguridad exterior, economía y política no sufrirán grandes cambios, debido a que como sociedad, la norteamericana mantiene el pragmatismo como ruta de vida; y cuando se trata de defender sus propios intereses, tirios y troyanos se ponen de acuerdo.

De cualquier manera, seguiremos leyendo en la moneda del país más poderoso de la tierra, aquel lema aprobado por el Congreso y cuya resolución fuera firmada por el presidente Eisenhower el 30 de julio de 1956: In God we trust.


Carlos Interiano