Meses atrás, le preguntaron al ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda, si gestionaría el traslado de pandilleros terroristas a cárceles de otros países. Su respuesta fue contundente: “Este problema es nuestro, nosotros lo tenemos que resolver, por eso estamos en proceso de construcción de nuevos presidios”. La promesa del funcionario no fue un discurso más como los escuchados en gobiernos pasados, pues la edificación de dos reclusorios de máxima seguridad está en marcha. Esta nueva infraestructura permitirá concretar la renovación del sistema penitenciario, consolidar el control de los centros y acabar, de una vez por todas, con los privilegios que la corrupción permitía. Uno de los recintos se ubicará en Masagua, Escuintla. Sin embargo, se prevé que el 1 de abril comiencen los trabajos del penal de máxima seguridad en Izabal, obra que está a cargo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército y cuyas características responden a estándares internacionales, ya certificados en la fase inicial. Tal como se consigna en las páginas 2 y 3 de esta edición, el complejo tendrá una extensión de 100 manzanas, con piso, muros y techos de hormigón fundido, con capacidad para 2 mil 74 privados de libertad y vigilancia 24/7. El uso de la tecnología será fundamental para garantizar el aislamiento de terroristas y reos de alta peligrosidad, pero el proyecto contempla otra pieza clave: la creación de una nueva generación de guardias penitenciarios, con capacitación
internacional y protocolos donde la corruptela no tiene cabida.
Sin duda, estas dos obras serán de los legados más importantes para la seguridad del país, porque ya está demostrado que, al
controlar los penales, los índices criminales descienden. Este siempre fue un secreto a voces, pero las administraciones anteriores se hacían de la vista gorda, de oídos sordos y solo se enfocaban en sus rentables negocios sucios. Mientras estas infraestructuras se materializan, las autoridades siguen trabajando para mantener neutralizada a la población reclusa. Por ejemplo, Aldo Dupie Ochoa Mejía, apodado Lobo, líder de una banda criminal y quien trató de negociar una cómoda cama y aire acondicionado para su celda, sigue aislado en un contenedor especial en Renovación I. Tiene lo necesario para pasar las 24 horas del día, los siete días de la semana: una hora de sol, ducha y baño en horarios específicos, alimentación y cero privilegios. Es cuestión de tiempo. Ya hay certeza de cuántos presos resguardan las prisiones del país, el control de los centros penitenciarios se ha retomado, los ilícitos ya no van y vienen en dichos lugares, las requisas son constantes y, en pocos meses, Guatemala tendrá dos reclusorios con seguridad certificada.











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