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COLUMNAS

Hopkins: la hondura, la poesía

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Joseluís González 

Profesor y escritor Revista Nuestro Tiempo 

Con un estilo diferente al de sus contemporáneos victorianos, la obra del londinense Gerard Manley Hopkins (1844-1889) se publicó, treinta años después de haber fallecido. Reconocido desde el primer tercio del siglo XX, sus poemas aún se reservan las incógnitas del misterio. 

En el marzo inglés de 1879, a un hombre de treinta y pocos años, de no demasiada estatura, culto, hipersensible, le llenó de aflicción adivinar las consecuencias de un hecho que a otros no les hubiera dejado tan estremecido el interior. Habían talado inmisericordemente unas hileras de chopos que alargaban la perspectiva del Támesis, donde el curso del río se estrechaba. Era cerca de Oxford, en un pueblecito llamado Binsey, próximo a la universidad donde él se había formado. Habría recorrido, quién lo iba a dudar, multitud de tardes paseando desde su Balliol College, uno de los centros oxonienses más exigentes, aquel trayecto amable de unas dos millas. 

No era solo el espectáculo del deforme paisaje de esos troncos destronados, ni se trataba de añorar lo que ya no existe, la fúnebre pero clásica elegía de echar de menos lo que los ojos (cercenados) no van a volver a encontrar. La verdadera emoción de sentir aquello desamparado de árboles, llegaba de constatar que otros no podrían contemplar esa belleza esbelta de los álamos. Había disminuido de pronto la hermosura del mundo. Le producía dolor. Aquel hombre joven era sacerdote, de la Compañía de Jesús. Converso.

Leí la traducción del doctor Abelardo Moralejo Álvarez, cirujano y devoto de este poeta inglés.

Y además un poeta portentoso. Innovador y difícil en la forma. Majestuoso de música en sus versos. O haciendo que chirriaran. Penetrante en imágenes y en sugerencias. Es decir, el grado supremo de la exultación, de la alegría más ilimitada. O del desconsuelo. Pero que no podía escribir sin permiso. Despreocupado por publicar sus papeles, los enviaba a uno de sus mayores amigos y compañero de campus, Robert Bridges. Aquellas impresiones líricas descendían hasta las honduras (descienden aún hasta mayores honduras), pero devuelven la certeza del alma, el hermosor de la arboleda y de amar, aunque derroquen un séquito de Populus alba, centinelas de todas las orillas. Escribió Binsey Poplars.

El primer poema (perdonen la confidencia) que conocí de Hopkins. Gerard Manley
Hopkins. “My aspens dear, whose airy cages quelled, / Quelled or quenched in leaves the leaping sun, / All felled, felled, are all felled”. Leí la traducción del doctor Abelardo Moralejo Álvarez, cirujano y devoto de este poeta inglés. Bastantes veces. Luego, me senté ante el ordenador para buscar a alguien que recitara Binsey Poplars. Di con una voz grave que recuperaba la vida y la melodía o la aspereza de las dos estrofas. Después corrí a hacerme con un ejemplar de la edición bilingüe de Poemas completos, preparada en 1988 por Manuel Linares Megías.

Continuará…

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COLUMNAS

1944-1954

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Juan Everardo Chuc Xum

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Ninguna sociedad o pueblo es estática todas son dinámicas. En las sabias enseñanzas del Pop o Popol Wuj nos indica que el ensayo y error es necesario y de allí que hubo cuatro intentos para la formación-creación del ser humano hasta llegar a la humanidad de maíz. Hace 77 años Guatemala vivió una gesta revolucionaria para salir de una crisis política que no permitía una vida feliz o al menos contentos sus habitantes. Sin duda, los logros políticos son históricos; por ejemplo: la fundación de las escuelas tipo federación, el IGSS, el Código de Trabajo, la autonomía universitaria,  municipal y del deporte, entre otras, que han significado avances en el proceso transformador del país. Aunque, la revolución no escapó de los prejuicios coloniales hacia los pueblos indígenas, ya que la política de tutelaje y de integración del indígena a la ¿modernidad? continuó. 

Unidad nacional entre la diversidad cultural sea el centro de la nueva política de nuestra amada Guatemala. 

Innegable y valorable el Decreto 900, Ley de Reforma Agraria, artículo 2 que fijó: “Quedan abolidas todas las formas de servidumbre y esclavitud y por consiguiente prohibidas las prestaciones personales gratuitas de los campesinos, mozos colonos y trabajadores agrícolas, el pago en trabajo del arrendamiento de la tierra y los repartimientos de indígenas, cualquiera que sea la forma en que subsistan”, artículo que mitigó de alguna manera el trato inhumano que sufrían nuestros antepasados y la posibilidad de recuperar tierras los indígenas. Esos diez años de revolución tenían como política principal el ser humano y la democracia,  aun cuando se propiciaba el rompimiento de las propias formas de vida de los pueblos indígenas. 

La revolución y sus debilidades marcó sin discusión alguna una metamorfosis favorable para Guatemala y que ahora mismo los guatemaltecos de ciudadanía y con identidades culturales diferenciadas añoramos, pero de igual manera trabajamos para la construcción de un mejor país, en donde las relaciones sociales sean más armónicas, las políticas públicas más congruentes a la composición social, en donde el respeto y la promoción de los más excluidos como los pueblos indígenas sean una realidad y que la unidad nacional entre la diversidad cultural sea el centro de la nueva política de nuestra amada Guatemala.
Xa utzil qa tiko pa Siwan Tinamit

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COLUMNAS

El águila, signo real en la heráldica y en el tetramorfos (II)

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Ricardo Fernández Gracia, 

Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Así, sabemos que Sancho el Mayor y sus descendientes utilizaron distintas variantes en forma de cruz. El reinado de García Ramírez el Restaurador (1134-1150) coincidió con unos momentos de difusión en España de los emblemas heráldicos. Como es sabido, aquel rey estuvo casado con Margarita l´Aigle (“el Águila”), cuya familia había empezado a utilizar el águila como signo transmisible a los herederos, de acuerdo con los usos del naciente sistema heráldico.

El hijo de ambos, Sancho VI el Sabio aún recurrió al tradicional diseño cruciforme como su signo personal pero, el hijo de este último y nieto de García y Margarita, Sancho VII el Fuerte, prefirió suscribir sus documentos con un águila con las alas y las garras desplegadas, que lo había utilizado su abuela. El águila de Sancho el Fuerte la encontramos en señero ejemplo en una clave del monasterio de La Oliva, en clara alusión al patrocinio del rey sobre las obras del templo abacial. 

El águila negra, explayada en la totalidad del campo, figura en numerosos escudos heráldicos de pueblos de Navarra, como Aguilar de Codés, Bacaicoa, Ciordia, Ezcabarte, Iturmendi, Olazagutía, Urdiain y Villafranca. Es motivo que también aparece en los cuarteles de los de Alsasua, Araiz, Eslava, Ezcabarte, Gallipienzo, Lanz y Valtierra.

El emblema municipal de Corella se conforma con un águila en actitud de atrapar a un conejo que corre, algo que Faustino Menéndez Pidal puso en posible relación con la familia del conde Rotrou y la mencionada Margarita, prima de Alfonso el batallador y mujer de García Ramírez.  En el Libro de Armería del Reino de Navarra figura en todo el campo del escudo o en uno de sus cuarteles y con distintos colores, como blasón de los señores de Cascante y Aguilar en 1275, Domezain, Ezcurra, Ijurieta, Sarasa… etc.

El águila negra, explayada en la totalidad del campo, figura en numerosos escudos heráldicos de pueblos de Navarra.

En relación con la heráldica, no podemos olvidar, en tiempos más modernos, la presencia de la doble águila en escudos de la monarquía hispánica, en distintos lugares de Navarra como por ejemplo los del palacio real de Pamplona (hoy Archivo General de Navarra), o en la muralla de Viana. Como es sabido, el águila bicéfala se convirtió desde el siglo XVI en emblema de los Habsburgo, significando la unión de la monarquía hispánica y el imperio.

Los textos medievales insistieron en algunos de los aspectos que hemos señalado anteriormente. Tanto en los bestiarios, como en la literatura de aquel mismo período, gozó de amplio prestigio. 

Así, El Fisiólogo, muy popular por su fin moralizante, recoge varias leyendas sobre el ave: al envejecer cura y renueva sus ojos nebulosos y sus alas cansadas volando hacia el sol y sumergiéndose tres veces en una fuente. La misma fuente literaria refiere la agudeza de su vista y la renovación de su pico, que lo rompe contra una piedra cuando no podía comer. 

La interpretación de sus representaciones en el patrimonio medieval navarro, como en el europeo, no deja de ser controvertida, ya que se ha polemizado mucho sobre otorgarles un contenido simbólico o considerarlas como motivos decorativos y formales. 

Los estudios de referencia ponen de manifiesto que poseían, tanto el águila como otros animales e iconografías profanas, en el contexto medieval, un claro contenido religioso y didáctico, ya que, en la mentalidad del momento, en su espíritu y creencias, existía una equivalencia y conjunción entre lo sacro y lo profano. 

Continuará…

Universidad de Navarra
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Octubre, tiempo para organizarnos

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Marlon Leonel García Estrada

Marlon Leonel García Estrada

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Sabías que, según los datos del INE, en Guatemala cohabitan 6 041 838 personas entre 13 y 30 años de edad, el 49.9 por ciento mujeres y el 50.1 por ciento hombres, lo que nos confirma que la adolescencia y juventud son los agentes de cambio en sus comunidades y en el país; es por esto la importancia de la organización comunitaria.  

La organización comunitaria juvenil es un proceso de desarrollo y aglutinamiento de jóvenes que promueven acciones para el desarrollo de sus comunidades: dichas acciones pueden ser formativas, de capacitación o bien de articulación y alianza por el bienestar de la población. 

Entre los espacios que tiene la juventud guatemalteca están los consejos comunitarios de desarrollo, las organizaciones juveniles, los comités únicos de barrio y las oficinas municipales de Juventud, entre otros espacios que, aunque por sus formas y mecanismos de participación algunos son más fáciles que otros para su incorporación, son espacios que tienen como objetivo promover el desarrollo económico, social y cultural de las comunidades, así como la intermediación entre la población para la resolución de conflictos, un aspecto importante en la actualidad. 

La organización siempre será la herramienta para el desarrollo de los pueblos. 

También es importante mencionar que el país cuenta con un marco normativo importante que respalda los mecanismos de organización juvenil; entre ellos, la Constitución Política de la República de Guatemala, las leyes de descentralización y el Código Municipal. 

Es por ello que las y los jóvenes pueden promover diversos proyectos juveniles, los cuales pueden ser deportivos, sociales, formativos, de incidencia política, de emprendimiento y de desarrollo económico, entre otros, que principalmente ubiquen a la juventud como parte del cambio y transformación de su realidad. 

Asimismo, el involucramiento de la juventud trae consigo diversas ventajas; entre ellas, conocer a otros jóvenes e intercambiar puntos de vista de sus realidades y principalmente mostrar el potencial que cada joven tiene y lo que aporta a la sociedad guatemalteca.  

Desde Conjuve valoramos el trabajo de las organizaciones juveniles y reconocemos todos sus aportes en el fortalecimiento de la Política Nacional de la Juventud. ¿Qué esperamos para organizarnos?

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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