¡Guatemala, tu nombre inmortal!

En 1934, el Himno Nacional de Guatemala sufrió una alteración, pues el poeta y pedagogo José María Bonilla Ruano, integrante de la Academia Guatemalteca de la Lengua, modificó su letra.
Desde entonces, sea en actos escolares o protocolarios, los habitantes de distintos rincones del país ponen voz y corazón a la entonación de cada línea de este canto. En la víspera de las celebraciones patrias, déjese conquistar por la historia y evolución de esta composición poética.

No era como lo conocemos

La historia del cambio de letra en el Himno Nacional de Guatemala tiene dos versiones.  En la primera, Aníbal Chajón, sociólogo e historiador del Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos, afirma que el expresidente Jorge Ubico dio instrucciones de alterar los versos, pues hacían alusión a la violencia. “Contenía palabras que no eran amistosas y la intensión era mostrar que esos destellos fuertes no representaban al país”, detalla.

En la segunda, la comunicadora Lucy Bonilla,  hija de José María Bonilla Ruano, expresa que su padre recibió una invitación de Salvador Falla, presidente de la Academia Guatemalteca de la Lengua, para realizar un trabajo que le diera luz a las liricas: “Mientras revisaba la composición, encontró errores de forma y de fondo, y además descubrió que en ella estaban presentes las vivencias de José Joaquín Palma, el autor, en su Cuba natal”.

Tras un viaje a Bélgica, Bonilla Ruano publicó Anotaciones críticodidácticas sobre el poema del Himno Nacional de Guatemala, un libro en el que exponía sus hallazgos y revelaba las correcciones. “Al conocer su trabajo, decidieron llevarlo al Organismo Ejecutivo. Fue así como el 26 de julio de 1934, Ubico decretó que fuera reformado”, matiza la locutora.

Un espíritu

Entre las líneas que Bonilla Ruano eliminó o modificó destacan: “Tinta en sangre tu hermosa bandera de mortaja al audaz servirá”, “esto enseña pedazo de cielo, entre nubes de nítida albura”, “que tus hijos valientes y altivos, ven con gozo en la ruda pelea”  y “el torrente de sangre que humea del acero al vibrante chocar”.  En relación a las alteraciones, Chajón manifiesta que las palabras contradecían los actos, pues el país no se sometió a una guerra por la independencia y por tanto, no respondían al espíritu popular, sino a las exigencias de un jefe de gobierno que buscaba una pequeña París.

Había una vez…

En 1896, el entonces presidente José María Reina Barrios convocó a un concurso de poemas adaptables a musicalización, para así formar la letra del Himno Nacional. De acuerdo con Chajón, la motivación del mandatario era tener una pieza que se asemejara a la de un pueblo culto. “Él quería algo grandioso e impresionante”, explica.

Al llamado de Reina se presentaron 12 escritos, uno de ellos con firma anónima. Por azares del destino, fue precisamente esa letra la que conquistó al jurado calificador. Este último estaba integrado por personalidades de la talla del  poeta cubano José Joaquín Palma, quien en 1910, en su lecho de muerte, confesó ser el autor.

La música para acompañar

En 1897, la composición se hizo acompañar por la música del Himno Popular de Guatemala, original de Rafael Álvarez Ovalle. Sin embargo, esta fusión no se oficializó hasta el 14 de marzo de ese año, cuando esta pieza se entonó por primera vez en el desaparecido Teatro Colón.

Casi olvidado

Con letra del poeta Rafael Arévalo Martínez y música de Ricardo Castillo, el Himno de Centroamérica fue compuesto en 1958. Según Chajón, la idea original de este tema era fomentar los lazos regionales y crear un mercado de sustitución de importaciones. Agregó que en ese tiempo la Organización de las Naciones Unidas pretendía reintegrar lo que alguna vez fueron las Provincias Unidas del Centro de América.  Aunque, la pieza no fue aprobada por todos los países, ni obtuvo una ejecución oficial. Actualmente, puede entonarse de manera amistosa: siempre y cuando las naciones estén de
acuerdo.

Stephany López