La inauguración del Centro de Salud de Huehuetenango Sur es un logro significativo para el departamento y la prueba de cómo la inversión médica puede transformar vidas. Valorada en más de Q5 millones, esta obra, moderna y equipada, ofrecerá servicios esenciales a más de 200 mil personas de la región.
El centro viene a resolver la histórica escasez de médicos en el país, una de las deficiencias estructurales de la red sanitaria, y también desvirtúa las creencias en torno a la inoperatividad de los consejos departamentales y municipales de desarrollo, instituciones fortalecidas por el Gobierno.
Para dimensionar la falta de profesionales de la salud (o la mala administración heredada en la materia), basta la siguiente comparación: en Huehuetenango existen 1.6 médicos por cada 10 mil habitantes, mientras en el departamento de Guatemala se cuenta con ocho por cada 10 mil.
Pero más allá de las tristes estadísticas, que poco a poco se corrigen, la obra implica avanzar hacia un sistema más accesible y equitativo. Una infraestructura pensada en las necesidades de la población y en el impostergable reto de combatir la desnutrición, enfrentar las enfermedades no tratadas y evitar que dolencias prevenibles o reversibles se tornen crónicas o mortales.
Como bien lo advirtieron las autoridades en los discursos ofrecidos, el centro es un recordatorio de la importancia de tener voluntad política y del traslado de recursos a los lugares más necesitados. Es una muestra de las acciones que marcan y hacen diferencia en las vidas de los guatemaltecos.
La estructura evidencia el compromiso del Organismo Ejecutivo, vía Ministerio de Salud, de honrar los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución Política, en los cuales se impone la defensa de la persona y del derecho a vivir.
Además, la mejora del edificio, donde se atenderá a uno de cada ocho huehuetecos, es una señal del éxito que viene de la coordinación entre autoridades gubernamentales y locales. Es, en pocas palabras, otro paso hacia un futuro más inclusivo y humano, en el que nadie muera por la indolencia de quienes tienen la responsabilidad de cuidarlos y, menos aún, curarlos.











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