El futbol italiano pierde € 730 millones al año, es colista en regates, presión y, sobre todo, desaprovecha su talento nacional, opacado por el gran peso de extranjeros en la Serie A y con solo dos canteras que figuran entre las 50 mejores, según un informe publicado ayer por Gabriele Gravina, expresidente de la Federación Italiana de Futbol (FIGC), quien renunció al cargo el pasado 2 de abril.
De acuerdo con el exdirigente de la Federación, la pérdida se da desde 2018 hasta principios de este abril. Gravina achaca la crisis del calcio a un empobrecimiento de la calidad técnica y a una dispersión del talento juvenil.
La Serie A no figura entre las 10 primeras europeas. Además, la máxima categoría del sistema de ligas es la última de las cinco grandes ligas europeas.
Es un sistema opacado por la presencia de extranjeros, que han jugado el 67.9 % de los minutos totales de la liga, el sexto peor dato de Europa.
Además, el exfederativo dice que Italia tiene también problemas en la gestión del talento juvenil y señaló que la Serie A sigue siendo una de las ligas más “viejas” de Europa, con una edad media de los futbolistas en el campo de 27 años.











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